Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/11/29 00:00

Sin gastar ni ganar

Sin gastar ni ganar
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BBC

Un economista británico inició este sábado un experimento para ver si puede vivir durante todo un año en un país occidental sin gastar o ganar dinero.

Si bien mucha gente en los países amenazados por la recesión ya se hicieron a la idea de apretarse los cinturones, para Mark Boyle, de 29 años de edad, rechazar el dinero es más que una necesidad impuesta: es una ideología.

Boyle es defensor de lo que se conoce como el movimiento de la economía de la gratuidad.

La idea es que trocará trabajo por la comida y servicios que no pueda producir solo.

Se alimentará de frutos silvestres o de lo que bota la derrochadora sociedad.

Vivirá al lado de un arroyo en un bosque cerca de Bristol, una ciudad del oeste inglés.

"Tengo un tráiler que equipé con paneles de energía solar, un horno de leña, un inodoro de abono orgánico, así que voy a vivir aquí, a trabajar como voluntario en el campo, y conseguiré mi comida como pueda, sembrándola, recuperando lo que botan en los cafés y restaurantes", le dijo Boyle a la BBC.

Cuando habla de su tráiler, se refiere a una vieja y abollada casa rodante que un amigo le prestó y cuando dice que cuenta con un "inodoro de abono orgánico", se trata de un hueco en la tierra.

Banquete de la basura

Para marcar el inicio del experimento, Boyle y sus amigos prepararon un banquete vegetariano para los sin techo con ingredientes que los supermercados locales iban a tirar.

"Lo que queremos es mostrar cuánta comida se desperdicia en el Reino Unido a diario: pan, verduras y frutas, conseguimos hasta granos que no podían ser vendidos por cuestiones técnicas pero que consumirlos no representan ningún riesgo para los humanos", señala Boyle.

"Todo esto se habría ido al basurero municipal, pero lo recuperamos para comérnoslo con gente que normalmente no puede darse el lujo de comprar alimentos orgánicos".

Boyle además explica que se hartó de vivir en un sistema capitalista que destruye la ecología y es fundamentalmente defectuoso.

Solía tener un negocio propio y vestía ropa de diseñador, pero dice ser más feliz ahora.

A los críticos que le dicen que trabaje y done dinero a organizaciones de caridad, les contesta que eso sería tan ridículo como que una petrolera le diera fondos a Greenpeace.

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