Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Sin motivo para celebrar

En 2005 Colombia tuvo todo a favor para tener un excelente desempeño económico. Pero 4,5 por ciento es un crecimiento mediocre.

El gobierno ha festejado los resultados de la economía este año. No obstante, hay varios nubarrones para 2006.

Cualquiera que consulte las noticias económicas en estos días encontrará una situación desconcertante. Por un lado, las proyecciones señalan que es muy probable que en 2005 la economía colombiana tenga el mejor desempeño de la última década. De otra parte, cada vez más analistas subrayan la fragilidad de la situación económica, las oportunidades perdidas y las amenazas que oscurecen las perspectivas del año entrante. ¿Cómo se explica esta paradójica situación? ¿Al fin el paso de la economía colombiana es firme o es incierto? ¿Qué nos depara 2006, un año que empieza con el nubarrón de un Tratado de Libre Comercio (TLC) tambaleante? Vamos por partes. Es un hecho que la economía colombiana está creciendo con el mayor dinamismo que hayamos visto en los últimos tiempos. Salvo que el Dane nos sorprenda en los próximos días con alguna noticia negativa, el crecimiento de la economía en el año que termina debe estar alrededor de 4,5 por ciento, la cifra más alta que se ha registrado en Colombia desde 1996. Con el mejor resultado de la última década entre manos, no debe sorprender que los funcionarios del gobierno celebren el fin de año con botella de champaña. Pero si el ruido de los voladores y los pitos nos lo permiten, deberíamos oír algunas de las advertencias que se han ventilado en estos días: ese crecimiento es insuficiente y todo parece indicar que se debilitará el año entrante. Digo que esa cifra es insuficiente porque las condiciones daban para que la economía hubiera crecido más. En 2005 tuvimos todos los vientos a favor, tanto los de afuera como los de adentro. La expansión de la economía mundial y de nuestros socios regionales han convertido la demanda externa en uno de los motores del crecimiento. De hecho, en el primer semestre del año las exportaciones colombianas aumentaron más del doble de lo que creció la economía. Lo mejor del cuento es que ese dinamismo se ve por igual en las exportaciones tradicionales y en las no tradicionales. Nuestras ventas externas de productos básicos están creciendo a la friolera de 30 por ciento anual, gracias al auge de la demanda mundial por energéticos y materias primas. Las exportaciones no tradicionales no se quedan atrás, con un dinamismo superior al 25 por ciento anual, generado sobre todo por el buen comportamiento de Venezuela. Pero los buenos vientos para la economía colombiana no sólo vinieron de afuera. En el frente doméstico hemos disfrutado de tres circunstancias favorables que hace mucho tiempo no se presentaban juntas: optimismo empresarial, expansión del gasto público y flexibilidad de la política monetaria. La sensación de mayor seguridad y confianza que se ha percibido en el país en los últimos tiempos ha hecho que la inversión privada esté recuperando los niveles que tenía años atrás. Mientras tanto, el gobierno central ha contado con un mayor margen para gastar, gracias al ahorro de las regiones y al alivio que ha representado la revaluación para aminorar la carga de la deuda externa. Las compras de dólares del Banco de la República para tratar de mantener la tasa de cambio han traído como contrapartida una generosa inyección de pesos a la economía. En pocas palabras, este año la economía colombiana ha sido impulsada por todas las turbinas posibles: la economía mundial, el gobierno, el Banco de la República y los empresarios. Con tantas circunstancias favorables, el crecimiento probable de 4,5 por ciento en 2005 deja un sabor agridulce. Los cultores de la filosofía Pambeliana dirán que no hay motivo para quejarse, pues esta cifra es mejor que la que hemos visto en los años anteriores. Pero 4,5 por ciento no es una tasa de crecimiento satisfactoria si tenemos en cuenta lo que sucede en otros países de la región. Con todos los vientos a favor tendríamos que estar creciendo por encima de 5 por ciento, como lo están haciendo Chile, Argentina, Perú, Venezuela y Uruguay. Pero a duras penas estamos rondando el promedio latinoamericano, que a su vez es más bajo que el de otras economías emergentes. Lo peor del asunto es que, además de ser mediocre frente al de otros países como el nuestro, el crecimiento de la economía colombiana es insuficiente para salir de la trampa de miseria en la que nos encontramos. Hoy día, un poco más de la mitad de los colombianos vive en condiciones de pobreza. ¿Qué país es viable cuando uno de cada dos ciudadanos está sumido en la pobreza? Para superar esa situación en un plazo razonable se requeriría que la economía creciera por encima de 5 por ciento durante varios años. Pero si ni siquiera alcanzamos esa tasa cuando todos los vientos están a favor, como ha sido el caso en 2005, ¿cuándo lo lograremos? Si uno analiza las perspectivas de los motores que han impulsado la economía recientemente, el panorama no es muy alentador. Las proyecciones para el año entrante señalan una paulatina desaceleración de la economía mundial, incluido el mercado venezolano, lo que significará un menor crecimiento de nuestras exportaciones. De otro lado, la incertidumbre y la perturbación del orden público que generan las elecciones presidenciales y parlamentarias seguramente afectarán de manera negativa la inversión. Por su parte, el gobierno enfrenta cada vez más restricciones fiscales para seguir jalonando el crecimiento a punta de gasto, como bien lo advirtió hace poco un documento del Banco de la República. Y, a propósito del banco central, recientemente ha habido indicios de que la inflación se podría estar reavivando, lo que implica que en los próximos meses podríamos ver una política monetaria menos laxa que la que caracterizó este año. Si en 2005 deberíamos haber tenido un crecimiento sobresaliente y no lo tuvimos, sólo nos queda tratar de responder una pregunta: ¿qué han hecho los países como Colombia que más han crecido en los últimos tiempos? Aunque la respuesta no es simple, todas las economías emergentes que han tenido experiencias de crecimiento exitosas en el pasado reciente tienen un denominador común: han aprovechado las oportunidades del comercio internacional. No lo digo yo, lo dice un estudio que muestra que los países en desarrollo que más crecieron en la década pasada fueron los que estaban más globalizados. El dinamismo de estos países en ese período no sólo fue mayor que el de otras economías en desarrollo, sino que incluso fue superior al de las economías avanzadas. Si queremos crecer más y derrotar la pobreza, debemos movernos hacia la globalización. Por eso preocupa tanto que las exportaciones por habitante de Colombia no lleguen ni a la cuarta parte de las de Chile. Por eso preocupa tanto que Colombia aparezca en el antepenúltimo lugar entre 17 países, en un cálculo reciente de las economías más globalizadas de América Latina. Por eso preocupa tanto que la negociación del TLC esté en vilo y a casi nadie le importe. Por eso preocupa tanto que la gente celebre con champaña el crecimiento de la economía colombiana en 2005, cuando seguimos sentados en la misma bomba de tiempo.

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