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| 2/5/2011 12:00:00 AM

Sin pago, ni pío

Los empresarios colombianos no creen que Venezuela vaya a pagar las deudas pendientes, y no están dispuestos a continuar sus despachos para ese país.

Pese a la normalización de las relaciones diplomáticas con Venezuela, el comercio entre los dos países sigue deprimido. Las exportaciones colombianas a ese mercado cayeron el año pasado casi en 70 por ciento y los empresarios no ven posibilidades de una pronta reactivación.

A pesar del compromiso del presidente Hugo Chávez de pagar la deuda pendiente con los empresarios, los desembolsos no se han realizado en la mayoría de los casos.

Javier Diez, presidente de Analdex, gremio que agrupa a las empresas exportadoras del país, dice que frente a las expectativas de la deuda solo hay confusiones: ni siquiera es claro el monto que Venezuela va a reconocer. De los 800 millones de dólares en los que se evaluó la deuda en un principio, habría que restar 200 millones sobre lo que se piensa podrían ser exportaciones ficticias. Pero aun así, no hay datos reales de cuánto se ha pagado. Algunos estiman que los empresarios no han recibido más de 300 millones de dólares. A los textileros y confeccionistas les deben cerca de 200 millones. Están afectados grandes, medianos y pequeños. Según el presidente de Fabricato, Óscar Iván Zuluaga, a esta textilera todavía le adeudan ocho millones de dólares.

El presidente de la Cámara de Algodón, Fibras, Textil y Confección de la Andi, Adolfo Botero, afirma que los empresarios no están motivados para vender en Venezuela. No solo por la deuda congelada, sino porque en Caracas no han vuelto a autorizar desembolsos de divisas. Prácticamente, desde noviembre del año pasado no se vende ni un hilo a ese mercado, que llegó a representar más del 50 por ciento de las ventas del sector textil.

En la reciente feria de Colombiatex, en Medellín los empresarios le comunicaron al gobierno: "Si Venezuela no paga, nadie volverá a vender allá". Por más abrazos y apretones de manos entre Chávez y Santos, la confianza del empresariado está rota.

Felipe Lozano, gerente de Hilandería Fontibón, una empresa que lleva 75 años en el mercado y que hizo negocios durante dos décadas en el país vecino, lo dice tajantemente: "No vuelvo a Venezuela, así me cueste. Allá hay que prender velas para que le paguen a uno".

El presidente de Fabricato reconoce que el mercado de Venezuela fue muy importante para esta compañía, pero ahora es demasiado riesgoso. "Les hemos expresado a nuestros clientes que quieren nuestros productos que nos den garantías de pago".

La pérdida de confianza es evidente. Los empresarios que han sido tan hábiles para detectar oportunidades en el mercado venezolano ya no se entusiasman con nuevos negocios. Saben, por ejemplo, que Venezuela necesita hilos y algodón. Incluso hay posibilidades de montar fábricas de hilaza en ese país para atender la demanda interna, pero nadie quiere dar el primer salto. Hay varias ofertas de esta naturaleza, pero los empresarios colombianos que tienen pagos pendientes dicen que ni de contado están dispuestos a despachar más a Venezuela.

Las expectativas de recuperación de ese mercado son inciertas. Está próximo a vencerse el plazo que tenía Venezuela, desde su retiro de la Comunidad Andina, para mantener las preferencias a los exportadores. Cuando cesen estos efectos, en abril, nadie sabe qué pasará ni si se les aplicará el arancel pleno.

Los empresarios son conscientes de que tienen que buscar otros mercados. El presidente de Analdex dice que lo están haciendo y que en algunos sectores han logrado aumentar las ventas a Estados Unidos, Ecuador, Centroamérica y un poco a Brasil. "La gente se ha ido moviendo, pero hay otros sectores que no han logrado mucho, como la leche, el pollo, la carne y los huevos".

El ministro de Comercio de Colombia, Sergio Díaz-Granados, viajará este 14 de febrero a Caracas para tratar el tema del pago de la deuda. El ministro ha dicho que el problema podría radicar en que los socios de los exportadores colombianos estén insolventes y por eso no hayan pagado. Es decir, ya no sería problema del gobierno, sino del sector privado venezolano, que navega en una economía que va de mal en peor.

Así las cosas, es mejor que los empresarios sigan, maleta en mano, buscando cómo reemplazar el mercado venezolano. Muchos les están apostando fuertemente a Brasil y al Mercosur, y si logran abrirse camino, habrá que decir que no hay mal que por bien no venga. Colombia no solo necesita diversificar su oferta exportable, sino también los mercados en los que vende.
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