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| 1/29/2011 12:00:00 AM

Sin reversa

El gobierno decidió meterse con uno de los mitos del transporte: la tabla de fletes. Es una medida que pisa callos pero que es necesaria para la competitividad.

El ministro de Transporte, Germán Cardona, se ha propuesto cumplir una de las metas más difíciles que haya enfrentado cualquier jefe de esta cartera en los últimos 14 años: eliminar la tabla de fletes, un tema que ha sido el gran dolor de cabeza de todos los ministros de Transporte.

Para Cardona, es hora de dar esta batalla porque la tabla le ha restado competitividad al sector y ha mantenido elevados los costos de transporte. "El país siempre sale mal calificado en todos los análisis de competitividad, pues la tabla de fletes afecta".

Ese documento se ha convertido en una especie de biblia de precios para los transportadores de carga pesada en Colombia. Allí se define cuánto vale un viaje entre dos ciudades del país y es la única referencia que existe. Se aplica a los camiones grandes (tractomulas), que son los que mueven la mayor parte de la carga pesada en Colombia.

El asunto es que los transportadores han tenido un enorme poder y han puesto contra la pared a varios ministros y presidentes. De hecho, la tabla de fletes nació en 1997, en medio de una enorme tensión política para el presidente Ernesto Samper, quien no quería que le estallara un paro camionero en medio de la crisis del proceso 8.000.

Como siempre, una vez conocida la decisión del ministro Cardona, los propietarios de vehículos anunciaron paro a partir del próximo 2 de febrero. Aseguraron que sin la tabla de fletes no hay nada que discutir. El presidente de la Asociación Colombiana de Camioneros (ACC), Jorge Aguilar, explicó que van a paro porque la libertad tarifaria no les va a garantizar un ingreso mínimo y digno y porque los camioneros tienen todas las de perder en esa situación.

A pesar de los argumentos de los transportadores, el gobierno parece tener toda la razón en este debate. La tabla de fletes no ha resuelto nada. Por el contrario, casi todos los años hay una discusión cuando es necesario actualizarla y siempre está latente la amenaza de paro. Eso deja en evidencia que es una manera ineficiente de determinar los precios de ese mercado. Además, el mecanismo parece no satisfacer a ninguno de los actores: se quejan los camioneros porque algunos empresarios no cumplen la norma; se lamentan los empresarios porque establece precios ficticios y se molesta el gobierno porque no le ha ayudado a regular un mercado clave para la economía del país.

Las tarifas de transporte son sensibles y evidentemente el Estado debe regular y vigilar esta actividad. Así ocurre en el caso de los taxis, los buses urbanos, las aerolíneas y las flotas. Pero en el caso del transporte de carga, la tabla no mide claramente cuáles son las variables que afectan las actividades de transporte de carga y no determina el nivel de precio real que deben pagar los usuarios. De hecho, hoy, por cuenta del fenómeno de La Niña y los problemas en las carreteras del país, los fletes valen casi el doble de lo que fija la tabla.

Así, es válido el argumento del ministro Cardona en el sentido de que este mecanismo ha servido para ocultar las ineficiencias del sector y no ha estimulado la modernización. Así, los empresarios no piensan tanto en la necesidad de invertir en nuevos equipos o en hacer más eficiente su flota, sino en cómo defender ese piso tarifario a capa y espada.

El esquema propuesto por el gobierno es la libertad vigilada. La idea es medirles el pulso a la oferta y la demanda y proponer ajustes periódicos si son necesarios. También es cierto que toca velar por que los transportadores no queden contra las cuerdas si se caen las tarifas de manera excesiva y artificial. Eso tampoco sería justo.

Lo cierto es que el mercado del transporte de carga en Colombia necesita un cambio, y la eliminación de la tabla de fletes sería un buen arranque.
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