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| 1/9/1995 12:00:00 AM

SOBRE RUEDAS

Las terminales de transporte han tenido tanto èxito que la de Medellìn, que se inaugura esta semana, acabò siendo pagada exclusivamente por el sector privado

PARA DECIRLO EN UNA sola frase, se trata de un negocio sobre ruedas. Sobre todo en un país en el cual hace apenas unos años la idea de una terminal de transporte que recogiera todo el tráfico de buses intermunicipales y departamentales en cualquiera de las grandes ciudades, era toda una ilusión.
Pero las cosas han salido tan bien que ahora las terminales han pasado de ser obras públicas a negocios privados. Por lo menos eso es lo que prueba el caso de Medellín. Hace unos 12 años la capital antioqueña, acosada por la necesidad, empezó a vislumbrar la Terminal del Norte. La infraestructura vial y de transporte, así como la demanda del servicio, estaba para entonces tan poco desarrollada que los estudios preliminares aseguraban que solo estaría copada en su totalidad unos 20 años después. Sin embargo, solamente han pasado 10 desde que entró en funcionamiento y ya se encuentra a tope.
El ritmo intenso de crecimiento de la ciudad y el incremento en la demanda de servicios de transporte obligaron de nuevo a pensar en la construcción de una terminal alterna.
Así nació la Terminal del Sur. Lo interesante del asunto, más allá de que sea la más moderna de Latinoamérica, es que es la primera vez que una obra pública se financia con capital exclusivamente privado. Y es que su concepción fue comercial desde el principio, de tal manera que el Estado no invirtiera en ella ni un solo peso. Una vez negociados con el entonces ministro de Obras, Jorge Bendeck Olivella, los terrenos sobre los que hoy está ubicada, se sacaron a la venta -sobre planos- unos 300 locales comerciales. En cuestión de dos días estos se vendieron a un promedio de dos millones de pesos el metro cuadrado. La experiencia de la Terminal del Norte no podía ser en vano para los ávidos comerciantes antioqueños. Una cafetería allí en donde solo se venden buñuelos, chorizos y café puede hacer diariamente unos 600.000 pesos. Es por esto que actualmente un local para la reventa está en alrededor de los seis millones de pesos, si es que alguien decide salir de esa minita de oro. Esta cifra de ventas se logra gracias a una población flotante de unas 200.000 personas. Un centro comercial para clase alta en Medellín difícilmente la alcanza. Por otro lado, en la Terminal del Sur, dos salas de cine, bodegas, oficinas y todos los servicios complementarios que los viajeros desean tener a mano, aseguran el éxito de cualquier negocio. Su gerente, Elkin Medina Nicholls, afirma que la reglamentación que se hizo en cuanto al destino final de los locales, es otro punto que permite que cada uno cumpla un objetivo específico para el abastecimiento de la demanda que tendrán los 100.000 pasajeros que circularán diariamente. Su zona comercial es más grande que la de Unicentro de Medellìn y promete además convocar a toda la gente del sur de la ciudad.
Su financiamiento, pues, quedó asegurado desde el mismo momento en que la idea salió a la luz pública. Con la plata en la mano que dejó esta venta en planos se empezaron a construir las ocho hectáreas que la obra contemplaba. Hoy, 18 meses después, será inaugurada con bombos y platillos el 16 de diciembre y su costo final se prevé en 20.000 millones de pesos. Con el característico orgullo paisa, el equipo interdisciplinario que diseñó la terminal asegura que la construcción está prevista para que funcione contra viento y marea y contra el ruido causado por el aeropuerto Olaya Herrera, situado enfrente suyo. No deja de ser irónico, entonces, que un negocio inexistente hace apenas unos años esté tomando tanto vuelo. Debe ser la vecindad al aeropuerto.
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