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| 12/4/1989 12:00:00 AM

Solidaridad por Colombia

Ayuda por 800 millones de dólares le pide el gobierno colombiano a la comunidad internacional.

El viaje fue largo, pero la cara de satisfacción era inocultable. A pesar de las horas en el avión, lo cierto es que cuando el pasado jueves en la noche llegaron de vuelta a Bogotá los integrantes de una misión comandada por el ministro de Desarrollo, la jefe de Planeación Nacional y el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, las sonrisas fueron abundantes. La felicidad era, al parecer, justificada. Un conocedor de los hechos comentó que desde hacía tiempo al país no se le abrían tantas posibilidades en materia económica. Temas como la cooperación comercial, la ayuda económica directa o la eventual resurrección del Pacto Cafetero fueron discutidos con altos funcionarios del gobierno norteamericano "en un ambiente constructivo", según un observador.
Y la ofensiva diplomática no terminó ahí. El viernes pasado el canciller Julio Londoño le entregó a los embajadores de varios países un documento llamado "Programa Especial de Cooperación", en el cual el gobierno nacional pide ayuda para una serie de planes específicos en el campo económico y social. En total, se estima que el paquete asciende a unos 800 millones de dólares que deben servir para compensar los costos en que ha incurrido Colombia con motivo de la guerra contra el narcotráfico.
Tanto lo hecho en Washington como lo ocurrido en Bogotá indican que a pesar de las apariencias, el gobierno no se ha quedado dormido a la hora de pasarle la cuenta al resto del mundo por la lucha que libra el país. Esa primera impresión se tuvo en la capital norteamericana cuando la oficina de prensa de la Casa Blanca expidió un comunicado en el cual fija la posición de la administracion Bush. Según este, el propio presidente norteamericano le dijo a Carla Hills, la representante de comercio de Estados Unidos, que dirigiera un esfuerzo "para desarrollar un paquete de iniciativas comerciales que contribuirá a la guerra de la administración contra las drogas".
El "Paquete comercial andino" consta de cuatro puntos en el plano bilateral y de otros tantos en el multilateral. El primero tiene que ver con una revisión de las ventajas comerciales que se le pueden dar a los productos del área que sean exportados a Estados Unidos. Tal iniciativa se enmarca dentro de lo que se conoce como el Sistema General de Preferencias y puede resultar en que en ciertas áreas se produzca una rebaja de aranceles o el desmonte de cuotas de importación. Adicionalmente, se busca instituír un régimen especial para los textiles, que aumentaría radicalmente la competitividad de estos en el mercado norteamericano. Todo esto iría combinado con planes de asistencia técnica y con el establecimiento de un Consejo de Cooperación, que sería el encargado de coordinar las políticas.
Por su parte, en el plano multilateral se propone, como primera medida, "construír el consenso político para negociar un nuevo Acuerdo Internacional del Café que corrija los problemas fundamentales del acuerdo previo". Además se busca acelerar las negociaciones sobre medidas arancelarias y no arancelarias con los países andinos dentro de lo que se conoce como la Ronda Uruguay, adscrita al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT). No obstante, en este punto se hace la salvedad en torno a que "los participantes andinos deben entender que Estados Unidos requiere mostrar por estatutos que las concesiones comerciales son mutuamente ventajosas. Esto significa que el gobierno huésped tendrá que estar preparado para dar concesiones, así como a negociar".
Como si lo anterior no fuera suficiente, el documento del gobierno norteamericano propone promover la cooperación comercial con los países andinos, cuando esta semana se reúna con los representantes de Canadá, Japón y los 12 países miembros de la Comunidad Económica Europea.
Por último, Estados Unidos deja en claro que apoya "los esfuerzos del Banco Mundial para impulsar una reforma comercial significativa". Como quien dice, que la apertura económica sigue recibiendo adeptos por todos los lados.
Toda esa cadena de propuestas debe desembocar en cambios tangibles dentro de un tiempo relativamente corto. En el área comercial se espera que eso le permita a productos colombianos, como las flores, entrar con más facilidad al mercado norteamericano. Pero en esta estrategia también ocupa un lugar clave el futuro de] Pacto Cafetero. Los conocedores de la situación dicen que las conversaciones van tan bien y el espíritu de cooperación es tan grande, que antes de ocho meses estará restablecido el acuerdo sobre precios y cuotas de venta del grano.
Si eso es así, el triunfo diplomático para el país sería enorme. Según los observadores, en todo el proceso ha sido clave la línea que se ha establecido entre George Bush y Virgilio Barco. Los contactos se habrían fortalecido en la reciente cumbre de Costa Rica y habrían dado como resultado los anuncios de la semana pasada.
Pero como no todos los huevos se deben colocar en la misma canasta, el gobierno desea presionar a los otros países desarrollados para que colaboren. Según el documento que se le entregó a los embajadores la semana pasada "la estrategia de lucha contra el narcotráfico requiere de la solidaridad internacional con aquellas personas, entidades, países y regiones que asumen directamente los mayores costos y riesgos en la represión del narcotráfico y de sus actividades criminales".
Dentro de esa estrategia el primer punto es el del comercio internacional. Al igual que lo hizo con Estados Unidos, en este caso Colombia vuelve a pedir la reducción de barreras arancelarias y no arancelarias, así como planes de cooperación técnica y financiera. Tal como dice el documento "la economía colombiana requiere en este momento de concesiones comerciales unilaterales, por parte de los paises desarrollados".
Pero la ayuda no se detiene ahí. El gobierno pidio también apoyo financiero y técnico en las áreas de desarrollo industrial y agroindustrial, en los planes de sustitución de cultivos ilícitos, en la ejecución del Plan Nacional de Rehabilitación, en la implementación de la reforma agraria por parte del Incora y en la mejora de la administración de justicia. Se estima que la suma requerida asciende a 800 millones de dólares, de los cuales la mitad se recibiría en forma de créditos blandos, una cuarta parte como donaciones y el saldo restante en preferencias comerciales. Es indudable que el trámite de las peticiones tomará su tiempo, pero ya es un avance que el gobierno colombiano haya podido cuantificar sus demandas. El documento entregado a los embajadores viene con un anexo en el cual se aclaran los proyectos y necesidades específicos en las diferentes áreas que se contemplan.
Aparte de lo anterior, el gobierno también propone el establecimiento de un fondo para la defensa de la libertad de prensa para que "en términos blandos financie el desarrollo, modernización o reconstrucción de los periódicos y las radiodifusoras nacionales".
Mención especial merece el estable cimiento de un programa para el desarrollo integral de la juventud. El gobierno sostiene que es necesario aumentar los esfuerzos para mejorar la situación de los jóvenes que en Colombia comprenden el 22% de la población. Por tanto, el programa abarca la promoción y el fortalecimiento organizaciones juveniles, el refuerzo de los sistemas de oferta de empleo, la mejora y ampliación de los sistemas para tratamiento y rehabilitación de jóvenes drogadictos, y otros puntos adicionales.
Como es de suponer, la lista de peticiones hechas por Colombia no asegura que estas se vayan a aprobar. De hecho una de las lecciones de la cooperación internacional es que casi nunca se otorga lo que se demanda. No obstante, eso no es razón para no hacer el trámite correspondiente. Por si acaso, el gobierno está haciendo sus planes sin tener en cuenta la eventual llegada del dinero, pero para nadie es un misterio que si este llega será bienvenido. La guerra está resultando costosa y la administración está buscando evitar que también en este campo acaben pagando justos por pecadores.
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