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| 7/25/2015 10:00:00 PM

Sorpresas en la terna para encabezar la Federación de Cafeteros

Los comités departamentales, en un grito de independencia, respaldaron tres nombres que no estaban entre los favoritos para la gerencia de la Federación de Cafeteros.

La terna para la elección del gerente de la Federación Nacional de Cafeteros produjo más de una sorpresa. Los favoritos terminaron descabezados y quedaron varios ‘palos’, es decir, candidatos que estaban en la competencia pero que no se consideraban con opciones reales de llegar al final.

El mecanismo de selección de este cargo, uno de los más importantes del país, es largo y complejo. Este año se presentaron 19 aspirantes -el mayor número en la historia del gremio-, de los cuales fueron preseleccionados ocho.

Desde el momento en que se conocieron los nombres de los postulados comenzaron a sonar los favoritos. Entre ellos estaban Luis Eduardo Gómez, expresidente de Finagro y Juan Esteban Orduz, representante de la Federación en Nueva York. Como se sabía que habría una mujer en la terna se pensó que podría ser María Mercedes Cuéllar, expresidente de la Asociación Bancaria. Sin embargo, no alcanzó a pasar a la segunda ronda.

Para la siguiente etapa, en la que se elegirían los tres finalistas, muchos daban por seguros los nombres de Gómez y Orduz. Pero la extrañeza fue mayúscula cuando, el pasado martes en la noche, los ministros de Hacienda y Agricultura, Mauricio Cárdenas y Aurelio Iragorri, anunciaron los elegidos y no aparecieron los supuestos fijos.

Luis Eduardo Gómez contaba con el respaldo de los cinco comités departamentales de cafeteros – Antioquia, Caldas, Risaralda, Cundinamarca y Nariño-, había sido director del Comité de Cafeteros de Antioquia, asesor especial de la gerencia de la federación y representante de la federación con rango diplomático en Asia. Además, se decía que tenía la simpatía del ministro de Hacienda y de su padre el patriarca cafetero Jorge Cárdenas Gutiérrez.

Juan Esteban Orduz, por su parte, era considerado el candidato del presidente Santos. Está vinculado con la federación desde 2003 y se le reconoce como experto en los temas internacionales del grano y el mundo de los cafés especiales, que es hacia donde se está moviendo el negocio porque allí está la mayor rentabilidad.

¿Qué pasó? El consenso alrededor de estos dos nombres se rompió en la tarde del martes cuando salieron a relucir unos supuestos impedimentos legales de Gómez. Por un lado, como se había retirado de la federación con liquidación se invocaba una norma según la cual no podía ser contratado de nuevo. Por otro lado, como había sido presidente de Finagro, una entidad que había firmado contratos con la federación, estaría inhabilitado para gestionar frente a este organismo, lo cual representaba una limitación importante para el manejo de ese gremio. Ninguno de estos impedimentos eran determinantes para vetarlo pues los dos eran superables. Pero sus contradictores invocaron ese doble problema para sacarlo del ring.

Al salir él de la contienda, se pensaba que quedaba despejado el camino para Orduz. Pero en la reunión se decidió aplicar un criterio de simetría. Si uno se iba, se tenía que ir el otro. De ahí que un candidato con una excelente hoja de vida acabó descabezado no por resistencia a él sino, en alguna forma, por resistencia a la gente que lo rodeaba. Orduz es muy cercano a Gabriel Silva y a Genaro Muñoz, quienes generan resistencias en el gremio. La exclusión de Orduz de la terna no fue producto de un veto sino un grito de independencia de los cafeteros.

Al quedar marginados Gómez y Orduz, tocó barajar de nuevo. Aunque el ambiente se puso tenso, después de varias horas de deliberaciones el ministro de Hacienda comprendió que era necesario buscar nombres que reunieran consenso. Cárdenas tenía el sartén por el mango para imponer su candidato, por representar la mayoría de votos, pero decidió ser neutral. Así quedaron Luis Guillermo Vélez, exsuperintendente de Sociedades; Adriana Mejía Cuartas, representante de la Federación de Cafeteros en Europa; y Roberto Vélez Vallejo, embajador de Colombia en Japón.

El critero para llegar a esa terna fue la búsqueda del mayor consenso posible. Los cafeteros están tan divididos que cualquier iniciativa genera un veto. Esos tres nombres en teoría minimizaban ese problema. Sin embargo, algunos voceros de las Dignidades Cafeteras le dijeron a SEMANA que no se sienten representados por ninguno de estos funcionarios y que seguirán adelante con la jornada de protesta planeada para el 24 de agosto para exigir soluciones a los problemas del sector.

Lo cierto es que ahora comienzan en firme las apuestas sobre quién será el nuevo zar del café. Luis Guillermo Vélez fue postulado por el comité de cafeteros del Huila, el mayor productor del grano del país, que de tiempo atrás reclama que le reconozcan al departamento su importancia. Aunque este comité tenía otros dos candidatos –Rey Ariel Borbón, gerente del Incoder, y Saúl Sanmiguel, de una cooperativa de caficultores- ninguno de estos competía con la hoja de vida de Vélez. Además de superintendente de Sociedades había sido viceministro de Defensa, cónsul de Colombia en México, gobernador encargado de Huila y viene de una familia huilense por parte de su mamá. Sin embargo, su punto débil es que no ha tenido una reconocida trayectoria en la industria cafetera. Y si bien es considerado un ejecutivo competente y un hábil político, algunos sienten que no tiene el aroma de café que requiere el cargo.

Por el contrario, la caldense Adriana Mejía creció en una finca cafetera y se ha forjado profesionalmente en la federación. Durante 12 años dirigió la oficina de cooperación internacional de Europa y posteriormente fue nombrada representante de la entidad en ese continente. Se le atribuye una gestión muy exitosa en ese frente y en sus intervenciones en público de la semana pasada ha dejado la impresión de ser una persona con criterio y aplomo. Su lunar podría ser que lleva 17 años fuera del país, lo que la deja un poco distante de la efervescencia diaria de ese emproblemado sector.

El risaraldense Roberto Vélez también viene de las toldas de la federación, donde ingresó hace más de 20 años y desempeñó diversos cargos: jefe de ventas, director de estrategia comercial y representante en Asia. Posteriormente fue gerente comercial, embajador en Emiratos Árabes y en Japón. Por esa trayectoria y su personalidad carismática es uno de los que más consenso generó. Además, es cercano al presidente Santos. Vélez, al igual que Luis Eduardo Gómez, también había sido liquidado por la Federación después de su renuncia y se ha especulado que esto podría generar una inhabilidad para su reenganche. Sin embargo, la norma en cuestión es flexible y depende exclusivamente de la interpretación que le dé el comité.

Pero todavía no hay nada escrito. Falta un largo camino por recorrer antes del 12 de agosto, cuando 90 delegados de los 15 comités departamentales definan en un congreso extraordinario quién regirá los destinos de la federación. Los elegidos tendrán que llevar a cabo una campaña veloz y contundente para intentar convencer a los comités de que son la mejor opción.

Los retos son inmensos. El ganador debe lograr la unidad del gremio, que se fragmentó en los últimos años, y trabajar en la rentabilidad de los cultivos, para garantizarles una mejor calidad de vida a más de 500.000 familias cultivadoras. También tendrá que fomentar la innovación y poner en marcha algunas de las recomendaciones de la Misión Cafetera. Este último punto es crítico porque entre sus propuestas se menciona una mayor liberalización del mercado y una reforma institucional que promueva la competitividad, orientada a separar las funciones del Estado y del gremio.

Un experto del sector señala que la tarea principal será sintonizar la federación con los tiempos modernos y revisar las relaciones con el gobierno, mientras que otro analista asegura que entre los inamovibles del sector están la garantía de compra del grano, la comercialización, el manejo de Cenicafé y el servicio de extensión.

La agenda es tan crucial como compleja. De ahí la importancia de que el proceso de elección termine en un nombre idóneo, conocedor y de consenso, que no tenga problemas de gobernabilidad en un gremio dividido y expectante.
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