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| 1/8/2001 12:00:00 AM

Tango feroz

Argentina atraviesa por la peor crisis económica, social y financiera de los últimos tiempos. Las similitudes con Colombia son muchas.

Que tienen en común Argentina, país del tango y el churrasco, con Colombia, país de la cumbia y el café? Además de su afición por el fútbol, que sus economías en esta coyuntura se empiezan a comportar de manera parecida. Crecimiento estancado, problemas fiscales, pensiones atrasadas, necesidades de financiación, alto desempleo, baja inversión extranjera y fuga de cerebros, son algunos de los fenómenos que están padeciendo hoy argentinos y colombianos.

Algunos analistas sostienen que la similitud de ambas naciones obedece tanto a la recesión que atraviesan como a una coyuntura fiscal y financiera bastante compleja. De ahí que mirar en detalle lo que sucede en Argentina, y las medidas que se están tomando, puede darle luces a Colombia para entender mejor su propia crisis económica y quizá también para encontrar nuevas salidas.

En los últimos años Argentina ha sufrido una serie de shocks externos supremamente fuertes. Primero, su moneda de referencia, el dólar, se apreció. Segundo, los precios de las materias primas agrícolas cayeron. Tercero, Brasil devaluó, lo que le produjo una pérdida relativa de competitividad de más de un 30 por ciento. Cuarto, las tasas de interés mundiales subieron.

Pero también hay responsabilidades domésticas. En los 90 los argentinos sobreestimaron el crecimiento potencial de la economía, tal vez engañados por un escenario internacional sumamente favorable que no duró. No era raro que por entonces se pensara en un crecimiento sostenible del 7 u 8 por ciento. Hoy se piensa en no más del 1 ó 2. Peor aún, las últimas revisiones indican que el Producto Interno Bruto para este año crecerá 0,5 por ciento. Esto pone a la Argentina como el país de menor crecimiento económico del mundo, con una recuperación de sólo medio punto después de una estrepitosa caída de –3 por ciento en 1999.

La revisión hacia abajo de los pronósticos, junto con la renuncia del vicepresidente argentino Carlos ‘Chacho’ Alvarez, en octubre de 2000, desataron una ola de especulaciones en los mercados internacionales. Desde ese momento el spread —que mide la prima de riesgo de los bonos de deuda emitidos por el gobierno argentino— empezó a deteriorarse rápidamente. Por este motivo la tasa de interés que se cobra por la deuda del gobierno austral aumentó en cerca de 2 por ciento durante la primera quincena de noviembre. A tal punto que al día de hoy, en América Latina, sólo los bonos de Ecuador presentan mayor riesgo para los inversionistas.

Debido a este fuerte aumento el acceso a los mercados internacionales de deuda prácticamente se cerró. El último informe de Bear Stearns, firma analista de Wall Street especializada en países emergentes, es contundente: “Favorecemos la compra de bonos con crédito sólido (como en el caso de México), o de títulos cuyas perspectivas a futuro sean buenas (como en el caso de Brasil, Ecuador o Rusia). Ni una palabra de la Argentina”. Ante la imposibilidad de conseguir financiación comenzó a especularse sobre una posible moratoria de la deuda externa argentina y una eventual devaluación de su moneda. Peor aún, empezó a pronosticarse un efecto dominó que podrían tener estos eventos sobre gigantes como Brasil, México y Chile. Y claro, sobre países como Colombia, que tienen problemas de deuda y que necesitan de los mercados financieros internacionales para financiarse. Asustado, el gobierno argentino comenzó a negociar un paquete de asistencia financiera con el Fondo Monetario Internacional.

Sin plata

Pero, ¿por qué tanta urgencia por encontrar financiamiento? Simple: los problemas fiscales. Argentina terminará el año con un déficit fiscal de 7.000 millones de dólares. Necesita recursos por 21.000 millones de dólares para financiar los gastos gubernamentales de este año y del siguiente y honrar la deuda que se vence en 2001. Su deuda externa asciende a un monto total de 144.500 millones de dólares, equivalente al 50 por ciento del PIB y a algo más de seis veces el valor de las exportaciones. A su turno, la deuda externa colombiana (35.000 millones de dólares) equivale al 41 por ciento del PIB.

Para muchos gran parte de este descalabro en las finanzas públicas obedece a un problema de estructura fiscal. “La mayoría de la gente vive y paga impuestos en Buenos Aires pero cerca de 50 por ciento del gasto público lo hacen las provincias, lo cual hace absolutamente ineficiente el sistema de recaudo”, explican Igor Esteban Zuccardi y Hernán Maldonado, expertos del Departamento Nacional de Planeación. Es algo similar a lo que ocurre en Colombia, donde el recaudo de impuestos está centralizado pero buena parte del gasto lo hacen las entidades territoriales.

Precisamente una de las condiciones que impone el FMI a los argentinos es congelar el gasto primario —es decir antes de intereses— por un lapso de cinco años, tanto a nivel nacional como provincial, y fijar un acuerdo de transferencias fijas. “Si el gasto primario de las provincias siguiera creciendo a una tasa del 4,45 —como lo hizo entre 1995 y 1999— la deuda pública consolidada en términos del PIB sería explosiva”, asegura Andrea Broda, coordinadora del centro argentino de investigaciones económicas, Estudio Broda y Asociados.

Otro de los principales problemas de Argentina es su débil régimen de pensiones. Como sucede hoy con el sistema pensional colombiano, el argentino se basa en un esquema que hace insostenible la financiación de los jubilados. Para recortar el gasto y cumplir con las metas del Fondo el presidente Fernando de la Rúa introdujo hace un par de semanas algunas modificaciones importantes: abolición del régimen de jubilación estatal para los nuevos trabajadores, eliminación de la garantía de pensión mínima para los futuros pensionados y —al igual que en Colombia— aumentos en la edad de jubilación.

Para completar, la situación de la bolsa de valores es cada vez más compleja. En los últimos 10 años, 109 compañías retiraron sus nombres de la bolsa de valores de Buenos Aires. Los papeles argentinos, que en los años 90 dieron vida a la bolsa, están desapareciendo pues los inversionistas extranjeros prefieren concentrarse en papeles de alta liquidez y en otros mercados con bajos costos. Esto, naturalmente, reduce los flujos de capital extranjero hacia el país y la inversión queda dependiendo de un ahorro interno escaso. Claro, este panorama no resulta nada extraño para las bolsas colombianas, que, en menos de un año, han visto partir a 57 empresas de sus listas. Peor aún, según datos de la Superintendencia de Valores, el valor en bolsa de las compañías ha caído en más de 4.000 millones de dólares desde diciembre de 1998.

A diferencia de Colombia, el sistema financiero gaucho continúa bien parado. Aunque su rentabilidad empieza a deteriorarse, al igual que la cartera de créditos. Luego de crecer por encima del 12 por ciento en los años anteriores, el crédito bancario al sector privado aumentó 4 por ciento en 1999. Y al parecer este año no se registrarán mejoras sustanciales. “La gran pregunta es cuánto tiempo puede el sistema financiero soportar la demora en la reactivación”, asegura Jeanne del Cassino, vicepresidenta del área de Bancos de América Latina de Moodys.

En cuanto a lo social, no sólo el desempleo castiga desde hace ya bastante tiempo al 15 por ciento de la población económicamente activa, sino que el 30 por ciento se encuentra por debajo de la línea de pobreza, una cifra escandalosa para un país que unas décadas atrás estaba entre los de más alto nivel de vida del mundo. Estos flagelos han ocasionado en Argentina una nueva ola de emigración de cientos de jóvenes hacia otros países en busca de mejores perspectivas. En Colombia es la primera vez que se empieza a sentir un fenómeno similar. Entre los emigrantes se encuentran los más educados, aquellos con mayor capacidad empresarial y toma de riesgos. De acuerdo con un estudio del Banco Mundial, Colombia y Argentina están a la cabeza de los países que más sufren la fuga de cerebros.

El futuro

Las decisiones de inversión en Argentina están congeladas por ahora con semejante grado de volatilidad. Ya en las casas matrices de las multinacionales la miran con desconfianza, sobre todo con los informes tan poco favorables de las calificadoras y consultoras internacionales. Solamente entre noviembre de 1998 a igual mes de 2000 la inversión extranjera ha registrado una caída acumulada del 23 por ciento.

Lamentablemente no existen salidas mágicas que permitan a la Argentina ir desde el estancamiento actual al crecimiento económico con estabilidad. Una eventual devaluación de la moneda produciría un deterioro del salario real, empeoraría las ya debilitadas cuentas fiscales y estaría lejos de garantizar servicios financieros más baratos. Lo único que le queda es demostrar a los inversionistas internos y externos que el gobierno es viable financieramente. Para ello necesitará reducir el déficit fiscal a través de un recorte del gasto público y de una profunda reforma pensional. Claro, no sin antes recuperar sus niveles de actividad industrial. ¿Suena familiar?
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