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| 10/22/2001 12:00:00 AM

A tierra

Menos vuelos, esperas más largas y precios más altos serán la consecuencia de las mayores medidas de seguridad en los aeropuertos.

Nunca antes los cielos habían estado tan vacíos ni los controladores de tráfico aéreo tan desocupados. Por el temor a nuevos secuestros los pasajeros han cancelado sus viajes y los aeropuertos han reducido a la mitad la partida de aviones debido a las nuevas medidas de seguridad. Cerca de 4.000 de las 12.000 compañías aéreas comerciales que existen en todo el planeta han estado quietas en tierra desde el pasado 11 de septiembre.

Según cifras de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (Iata) el sector aeronáutico mundial ha perdido a causa de los atentados cerca de 20.000 millones de dólares, de los cuales la mitad corresponden a las aerolíneas estadounidenses. Cada día que estuvieron cerrados los cielos de Estados Unidos se cancelaron 55.000 vuelos, que transportaban alrededor de dos millones de pasajeros, cuyos tiquetes valían 1.000 millones de dólares.

A estos costos inmediatos hay que sumarles los efectos de una caída duradera en la demanda por el temor de los consumidores a viajar en avión. Según una encuesta del Business Travel Coalition, la asociación más grande de agencias de viajes de Estados Unidos, el 88 por ciento de las aerolíneas espera una reducción de sus ingresos a causa de la desconfianza de los usuarios en los sistemas de transporte aéreo. La revista The Economist anticipa una caída del 30 por ciento en el número de pasajeros, equivalente a 300 millones de dólares de pérdidas diarias.

Cara seguridad

Más allá de esto habrá nuevas reglas de juego en la industria aeronáutica que implicarán mayores costos para las compañías. Los estándares de seguridad que regirán implicarán para las aerolíneas cuantiosas inversiones en equipos y personal. Eventualmente tendrán que invertir también en la adecuación de las aeronaves.

De otro lado, con los nuevos procedimientos de seguridad los aviones tendrán que permanecer más tiempo en tierra pues habrá, entre otras cosas, una identificación más rigurosa de los pasajeros y las piezas de equipaje. De ahora en adelante ningún avión podrá despegar con intervalos de 15 minutos, que era el estándar en los grandes aeropuertos. Se estima que aquellos terminales que son grandes concentradores de vuelos (Hubs) tendrán una reducción de 30 por ciento en la frecuencia de los mismos. Las consecuencias para las aerolíneas son evidentes, pues el alquiler de un avión cuesta lo mismo independientemente de cuántos vuelos haga al día.

También se van a encarecer los seguros que pagan las aerolíneas. “La tarifa va a subir en 1,25 dólares por pasajero por trayecto”, afirma Manuel Leal, presidente de la Asociación de Transportadores Aéreos Colombianos (Atac). “Y eso sin contar seguros de otro tipo, como aquellos relacionados con los eventos de guerra”, añade.

Los transportadores de carga, como Federal Express o DHL, por su parte, se van a enfrentar también con mayores medidas de seguridad, que podrían retardar las encomiendas urgentes, lo cual deterioraría aún más el comercio. “Los transportadores de carga siempre han estado exentos de algunas de las reglas que rigen para pasajeros, pero eso va a cambiar”, dijo en días pasados el secretario de Transporte de Estados Unidos, Norman Mineta.

Por todo lo anterior los analistas pronostican un incremento en los precios de los tiquetes aéreos. Esto permitiría compensar en parte la caída en la demanda, aunque las aerolíneas no tienen mucho espacio para maniobrar pues el mercado ha decaído y si suben mucho los tiquetes ahuyentarían aún más a los pasajeros.

En aprietos

Ante este desolador panorama las principales empresas del sector han empezado a tomar drásticas medidas, que incluyen despidos masivos de personal. American, United, Continental, Delta, Virgin Atlantic y British Airways, entre muchas otras, despedirán en total a 96.800 trabajadores. Esto equivale a un 20 por ciento de su fuerza laboral. También planean reducir la frecuencia de sus vuelos en igual proporción.

La alarma se ha encendido igualmente para los fabricantes de aviones. La Boeing aseguró que despedirá entre 20.000 y 30.000 personas debido a la notable disminución que han tenido los pedidos de aeronaves. La empresa proyectaba entregar este año 538 aviones y sólo lo hará con 500. En 2002 la producción caerá a 400 aparatos. Es posible que la menor demanda de aviones lleve a una disminución en el precio que se paga por el alquiler —leasing— de los mismos. Este sería el único premio de consolación que les quedaría a las aerolíneas en esta arrolladora crisis.

Todos estos anuncios han hecho que el valor de las acciones de las líneas aéreas caiga prácticamente a la mitad. United y American Airlines bajaron 41 y 38 por ciento. Continental cayó 44 por ciento. Otras como Ameriwest se desplomaron en un 65 por ciento.

Y como la gente no va a querer viajar también van a sufrir la industria hotelera, los casinos y hasta el sector del entretenimiento. La acción de Disney, por ejemplo, cayó 18,4 por ciento. En cambio Blockbuster, la compañía que alquila videos, subió 4 por ciento. El cálculo de Wall Street es el siguiente: como producto de la guerra que se avecina habrá más personas que pasarán sus ratos de ocio mirando películas en sus casas que divirtiéndose fuera de ellas.

Para las aerolíneas el desastre y sus secuelas se producen en momentos en que la actividad aérea iba mal. En medio del debilitamiento de la economía los balances de las compañías ya habían comenzado a arrojar cifras negativas. Desde antes de los atentados se preveía que las grandes aerolíneas perderían este año cerca de 2.600 millones de dólares. El tráfico aéreo había crecido apenas un 0,5 por ciento en el primer semestre, mientras que los asientos aumentaron un 4 por ciento. Esta situación dificultaba trasladar a los tiquetes el aumento de los costos surgido por las cancelaciones.

La gravedad de todo este asunto hizo que el pasado viernes la Casa Blanca y el Congreso estadounidense aprobaran un paquete de 15.000 millones de dólares para ayudar a las aerolíneas. De este monto, 10.000 millones se darán en garantías para créditos y 5.000 millones en asistencia directa. También se destinarán 3.000 millones de dólares para mejorar la seguridad aeroportuaria.

El panorama es complicado para las aerolíneas de todo el mundo, incluyendo las colombianas. Cualquier alianza que se estuviera planeando entre líneas aéreas nacionales y extranjeras quedará postergada hasta que la industria a nivel mundial recupere su dinamismo. Algo que no sucederá hasta que los pasajeros se vuelvan a sentir seguros al viajar en avión.
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