Sábado, 21 de enero de 2017

| 2005/01/09 00:00

A toda tela

La expiración del acuerdo que limitaba las exportaciones de textiles chinos representa una enorme amenaza para los confeccionistas y textileros colombianos. La respuesta debe ser creativa.

A toda tela

Un total de 40 millones de personas en todo el mundo, muchas de ellas mujeres, están a punto de perder su trabajo. ¿El motivo? La liberalización del comercio mundial de textiles a partir del primero de enero de este año. Desde esa fecha expiró el llamado Acuerdo Multifibras, el sistema de cuotas que rigió durante décadas las exportaciones globales de textiles y confecciones. Esto, ni más ni menos, le permite a la China vender sin restricciones sus telas y vestidos en 148 naciones. Desde el primero de enero de este año, la ropa que se produzca en el país asiático tendrá libre acceso en todos los países que integran la Organización Mundial del Comercio (OMC). En plata blanca eso significa que China podrá exportar todo lo que quiera sin que se le impongan límites. Sobre todo, a los grandes mercados de prendas de vestir como Estados Unidos y Europa, dos de los principales destinos de exportación de los países productores de telas y confecciones como Colombia. El miedo está más que justificado. Además de querer vestir a medio mundo, China se alista a acaparar gran parte del mercado estadounidense de ropa. Según estimaciones de la OMC, las exportaciones de textiles de China a Estados Unidos pasarán de abarcar el 16 por ciento del mercado norteamericano al 50 por ciento. Detrás de ese aumento estarán los rostros de miles de personas en el mundo que perderán sus empleos y otras que lo conseguirán gracias a la avalancha de camisas, sostenes, medias y calzoncillos "Made in China" que se avecina sobre medio mundo. Solo en el pueblo de Datang, al norte de China, se producen anualmente 6.500 millones de pares de medias, cuando hay en el planeta 6.000 millones de habitantes. En la ciudad de Shaoxing, más hacia el centro, hay 80.000 empresas fabricantes de telas que producen más de 2.000 millones de metros de tela al año. La ciudad china de Shengzhou, clasificada como la capital de las corbatas, produce anualmente 300 millones de unidades, ocupando un 80 por ciento de la totalidad del país y un 33 por ciento de la mundial. Además el pueblo de Songxia, el mayor centro de producción de paraguas de Oriente, vende anualmente 370 millones de dólares a 28 países y regiones. Esto representa una seria amenaza para los productores de telas y confecciones latinoamericanos. La competitividad china, basada en bajos salarios y abundante mano de obra, inversiones en capacitación tecnológica y una férrea economía de escala, demolerá muchas de las pocas ventajas competitivas de la industria textil de América Latina. México, que basó su crecimiento en la década pasada en maquilas de bajo valor agregado -casi calcado de la estrategia oriental-, está primero en la lista de víctimas. Según la Cepal, México sería uno de los países que más perdería mercados con China, al pasar su participación en el mercado mundial de confecciones del 15 al 3 por ciento. Tan asustados están los empresarios mexicanos con este hito, que de hecho han pedido salvaguardias para evitar una inundación de su propio mercado interno. Igualmente alarmados están los industriales colombianos de la cadena textil-confección, con la diferencia de que no hay estudios que muestren el impacto que va a tener la expiración del Acuerdo Multifibras, cuyo período de transición duró 10 años para acabar con el sistema de cuotas. De lo que no cabe duda es de que se van a ver enfrentados a una fuerte invasión de productos chinos, tanto en los mercados de afuera como en los de adentro. Será una competencia desigual. De un lado, el costo de la mano de obra en el país asiático es cuatro veces menor que el de Colombia. De otro, la China de hoy trabaja sobre la base de una moneda subvaluada que abarata todavía más sus productos, mientras que los industriales colombianos se enfrentan a un escenario de creciente reevaluación del peso, que por el contrario los encarece. Pese a que las exportaciones colombianas de textiles y confecciones están cobijadas por preferencias arancelarias otorgadas por Estados Unidos a través del Atpdea (y que todavía no están aseguradas en el TLC que se está negociando), su participación en el mercado gringo se va a ver deteriorada. La ventaja en costos es tan grande que aunque los colombianos aseguraran entrar a Estados Unidos con cero arancel y los chinos sí lo pagaran, los asiáticos podrán ser competitivos de todas maneras. El alboroto no es solo colombiano, ni mucho menos latinoamericano. Lo que va a pasar con los trabajadores de México, Centroamérica y Colombia también lo van a sentir los trabajadores de Bangladesh, India, Pakistán, Madagascar, Mauricio, Mongolia, Nepal, Sri Lanka y Uganda. Hasta los propios trabajadores estadounidenses van a sentir las consecuencias de la terminación del Acuerdo Multifibras. En repetidas ocasiones los industriales de indumentaria de Estados Unidos le han advertido al gobierno de George W. Bush que el aluvión de productos chinos traerá la consiguiente pérdida de millones de puestos de trabajo en su país. Ante la realidad de la amenaza solo queda especializarse en atacar nichos específicos de mercado. Coltejer y Fabricato, por ejemplo, le están metiendo toda la ficha a la producción de índigo, la tela con la que se fabrican los jeans. Enka, por su parte, le está apostando a materiales que se pueden manejar con bajos niveles de producción para no dejarse 'aplastar' por los volúmenes que maneja China. Los confeccionistas, por su parte, se la están jugando por el full package o paquete completo, que consiste en realizar todo el ciclo de producción desde el hilado de la tela hasta la elaboración final de la prenda. Están convencidos de que los detalles en el diseño y la calidad son la única forma de competir con los bajos precios de los productos asiáticos. Hay optimistas que creen que la presión generada por China sobre las economías latinoamericanas no podrá sostenerse mucho tiempo ni cerrará todos los caminos. "Los chinos no se convertirán en la fábrica del mundo, dice el banco de inversión Goldman Sachs. Llegará un momento en que a algunas compañías les convendrá estar en América Latina o Europa del Este; si será en 2010 ó 2020, nadie lo sabe, pero, a mediano tiempo, está ahí". Pero esto no deja de ser un ejercicio teórico que, así ocurra, no resolverá la realidad periférica de la industria textil colombiana. El sector debe superarse a sí mismo, mirando con lupa cómo aprovechar las fortalezas y debilidades del dragón. El tiempo corre.

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