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| 8/7/1989 12:00:00 AM

Todo esta consumado

Con la ruptura del pacto cafetero, Colombia se enfrenta ahora a la incertidumbre del mercado libre.

La esperanza fue lo último que se perdió. No obstante, cuando llegó el momento de contar los votos que decidieron la suerte del Acuerdo Internacional del Café, el veredicto fue implacable. De un plumazo, los delegados de las 74 naciones miembros de la Organización Internacional del Café decidieron en Londres, el pasado 3 de julio, dejar en libertad al mercado internacional del grano. Poco antes de la hora del té -por más irónico que parezca- se vio que el desacuerdo de las últimas semanas persistía y en consecuencía se decidió afrontar la realidad de una vez por todas.
Así fue el final de un convenio que alcanzó a cumplir 27 años de vida antes de que posiciones irreconciliables acabaran con él. Pero bastó la terquedad de Estados Unidos aliado con los países centroamericanos para que cualquier fórmula de arreglo fracasara. Incluso una ultima posibilidad que consistía en posponer para agosto la decisión final naufragó, cuando en la votación se vio que no había nada que hacer.
Como resultado, los productores y consumidores de café comenzaron a aventurarse en las aguas desconocidas del mercado libre. Aunque no es la primera vez que esto sucede, en esta oportunidad la diferencia radica en que las ventas se deben hacer en un escenario en el cual la oferta supera ampliamente a la demanda. Por esa razón la descolgada en los precios fue impresionante. A lo largo de la semana la cotización del grano colombiano por ejemplo, pasó de 1.23 a 1.06 dólares por libra. Ese hecho llevo a los más pesimistas a vislumbrar un escenario apocalíptico en el cual los países exportadores de café verían reducidos sus ingresos a menos de la mitad de los actuales. La verdad, sin embargo, no parece ser tan terrible.
En primer lugar, todavía es demasiado temprano para saber en qué punto se estabiliza el mercado. La experiencia en estos casos sugiere que, debido a movimientos especulativos en las bolsas de productos básicos, los precios tienden a bajar mucho más en un primer momento de lo que acaba siendo su nivel de equilibrio al cabo de uno o dos meses.
Ante ese hecho, varios de los principales productores decidieron quedarse quietos. Países como Brasil, Colombia y Costa Rica se mantuvieron a la expectativa, en espera de que la tormenta inicial se calmara un poco. Esa sensación de incertidumbre aumentó a finales de la semana pasada cuando se anunció el arribo de un frente de clima frío en la zona cafetera del sur del Brasil. Aunque en un primer momento se dijo que las heladas no habían producido daños de consideración, esa inquietud contribuyó a que el mercado se mantuviera practicamente inmóvil y a que los precios reflejaran tan sólo transacciones marginales.
Eso no quiere decir, claro está, que los precios no vayan a disminuír. No sólo en el mundo hay más café del que se necesita, sino que los grandes productores ya han anunciado que están dispuestos a venderlo. Las primeras hostilidades fueron comenzadas por Brasil que ya tomó una serie de medidas para permitirle a sus exportadores ser más agresivos que antes. En respuesta, Colombia debería adoptar esta semana un esquema similar, que sea lo suficientemente flexible para que el país pueda aumentar sustancialmente su ritmo de ventas.
Por lo tanto, la discusión se concentra en el tamaño de la pérdida. Aunque un estudio del Banco Mundial afirma que los precios de la variedad otros suaves -una calidad inferior a la del café colombiano- podrían bajar por debajo de los 70 centavos por libra, lo cierto es que ese cálculo entra dentro del terreno de las adivinanzas. "La única conclusión por ahora es que no se pueden sacar conclusiones", afirmó enfáticamente un exportador de café colombiano.
Dentro de las consecuencias que están aseguradas, está el mal momento que van a vivir los productores de café de regular calidad, que no cuentan con mecanismos para protegerse de la variación de los precios. Dentro de este grupo se encuentran un buen número de países africanos, al igual que algunos centroamericanos, como Honduras, donde la exportación del grano es una de las columnas vertebrales de la economía.
En cambio, los más grandes todavía se mantienen calmados. A pesar del comportamiento de los precios durante la última semana, todavía hay margen de maniobra para asegurar la tranquilidad interna. Los únicos en aprietos son algunos exportadores brasileros. Según el diario neoyorquino The Wall Street Journal éstos están en la obligación de exportar entre 1.5 y 2 millones de sacos durante este mes con lo cual deben pagarle a los bancos que financiaron la operación: "Si ellos venden el café ahora, tendrían que hacerlo a precios más bajos que hace un tiempo y podrían tener problemas", le dijo un conocedor al Journal.
Las dudas sobre lo que pueda pasar en el futuro también se extienden a la política de precios de los grandes tostadores. En Estados Unidos, dos firmas -General Foods y Folgers Coffee- manejan el 60% del mercado y en otras épocas no han bajado sus precios cuando el precio del café disminuye. Además, los analistas sostienen que éstas tienen inventarios comprados cuando la libra estaba en cercanías de 1.30 dólares. "No hay razón para que ellas reduzcan los precios inmediatamente", anotó Howard Leitner, un especialista en el tema.
Todo ese nivel de incertidumbre se sintió también en Colombia, donde el tema cafetero volvió a ocupar las primera páginas de los periódicos. En particular, hubo inquietud sobre la reducción eventual de los ingresos cafeteros y su impacto sobre la economía nacional, así como sobre las ganancias de los caficultores.
Con respecto a lo primero, pocos dudan que se van a reducir lo recibido por exportaciones. No obstante, la mayoría de los analistas piensa que esta caída debe situarse en unos 150 millones de dólares, menos de un 3% de las exportaciones totales estimadas para 1989. Semejante convencimiento sale de hacer varios cálculos. En 1987 los ingresos por café fueron de 1.572 millones de dólares debido a que se exportaron 11.3 millones de sacos de 60 kilos a un precio promedio de 1.07 dólares por libra. En 1988 los ingresos fueron similares aunque se vendieron menos sacos, caída que fue compensada por un precio promedio mayor. Por lo tanto, ahora se trata de compensar los menores precios con un volumen superior que, en principio, se ha estimado en 12.5 millones de sacos al año. Los diferentes cáIculos indican que si estos se venden a un precio promedio de 90 centavos por libra, se mantendría un nivel similar de exportaciones al de años anteriores. Aún en el peor escenario, con precios promedio de 60 centavos de dólar por libra, se podrían mantener ingresos anuales cercanos a los 1.100 millones de dólares, si se aumentan los volumenes de exportación hasta 14 millones de sacos.
El otro interrogante tiene que ver con el comportamiento del precio interno del café. Aunque por ahora éste se va a mantener en 64.683 pesos por carga de café pergamino, desde ya se ha anunciado que los reajustes no se harán si los precios se mantienen muy bajos en el exterior. Tal como dijo el ministro de Hacienda, Luis Fernando Alarcón "el precio interno no puede ser igual cuando la cotización externa baja de 1.50 a 1.10 dólares por libra".
Adicionalmente, queda la duda sobre cómo se van a manejar los excedentes con que cuenta el Fondo Nacional del Café. Hasta ahora, buena parte de los dineros se habían utilizado para financiar el deficit fiscal del gobierno y emprender obras de desarrollo en las zonas cafeteras, pero ante la previsión de menos sobrantes, las finanzas públicas van a sentir el golpe dentro de poco.
Claro que todas esas cuentas han sido olvidadas con la preocupación de definir los mecanismos para que se pueda vender café en el mercado libre. Tal como dijo el presidente de la Asociación de Exportadores de Café, el ex ministro Roberto Junguito: "Estamos todos en la misma onda de pensamiento". En consecuencia, se espera que esta semana se tomen las decisiones del caso para que Colombia entre pisando duro en el mercado libre del grano. Puntos como la prima que se cobra sobre el precio del café centroamericano -que está en siete centavos de dólar pero debería bajarse a dos o tres- o las facilidades de almacenamiento en los puertos -400 mil sacos- están siendo analizados en detalle para hacer manejable los cuellos de botella.
Por este motivo, el clima seguía siendo tranquilo en Colombia, a pesar de la confusión imperante en los mercados. Tal como anotó Juguito "tenemos los instrumentos, la información, el diálogo y, por encima de todo, el café. Ahora solo queda venderlo".
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