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| 9/23/2006 12:00:00 AM

Todo lo que sube, ¿baja?

La economía de Colombia creció 5,96 por ciento entre abril y junio de este año. El reto es mantener el ritmo.

La cifra de crecimiento económico, revelada esta semana por el Dane, dejó boquiabiertos a más de uno. El 5,96 por ciento es casi el doble de lo que esperaban muchos analistas y uno de los guarismos más altos en la historia reciente de la economía colombiana. Hasta los técnicos del Banco de la República se pifiaron, pues le habían apostado inicialmente a 3,7 por ciento y luego revisaron al alza su proyección, para dejarla en 4,5 por ciento.

¿Por qué muchos esperaban un menor crecimiento en este período? Había razones como la caída de Bolsa en junio, las elecciones presidenciales de mayo, los líos en el puerto de Buenaventura, el paro de la Drummond y la menor cantidad de días hábiles debido a la Semana Santa. Por eso, las sumas y restas de varios expertos daban al otro lado del igual una cifra mucho menor al 5 por ciento.

Es claro que estos hechos pusieron freno de mano a algunos sectores y eso se vio reflejado en las cifras. Pero, en la realidad hubo otros que tuvieron crecimientos desaforados como la construcción y que pusieron la balanza del lado de los optimistas.

Pero eso no es suficiente. Si bien hubo crecimientos importantes en varios sectores, lo que más dejó sorprendidos a los analistas fueron las cifras que traía el informe del Dane sobre la demanda: el consumo y la inversión -que sumados dan la demanda interna- están completamente disparados.

¿Qué significa esto? Por un lado, que los colombianos están produciendo mucho, a buen ritmo y más que el primer semestre del año pasado. Y por otro, pero sobre todo, que están comprando e invirtiendo a un ritmo desaforado.

Justamente, por lo fenomenal de las cifras, en el aire quedan varios interrogantes. A riesgo de parecer aguafiestas, cabe hacerse la pregunta de si realmente hay un auge económico sostenible o si existe el riesgo de una desaceleración de la economía en los próximos trimestres. La respuesta puede llevar al optimismo o dejar interrogantes para prepararse mejor ante una descolgada.

Los datos

Primero es necesario revisar las condiciones del crecimiento económico hasta el momento. Según el Dane, entre abril y junio de 2006, la construcción, el transporte, el comercio y la industria soportaron el boom de la producción. Estos sectores por sí solos explican la mitad del alza en el crecimiento.

El decano de la facultad de economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, señala que un rasgo fundamental de los datos conocidos es que muestran que el crecimiento económico estuvo más desbalanceado en ese período. "Mientras que en los trimestres anteriores hubo crecimiento general, aquí se destacó construcción y eso es lo que explica la desviación", asegura.

El caso puntual de la construcción es bien claro. Las obras civiles y las edificaciones crecieron por encima del 30 y el 25 por ciento, cifras muy arriba del promedio.

El aumento de obras públicas como los transmilenios en varias ciudades del país y la competencia por el mercado del crédito hipotecario pueden también estar detrás de ese impulso constructor.

Otra razón que explica las buenas cifras de crecimiento trimestral es el aumento en el consumo y la inversión, pues la demanda interna creció a un ritmo de 9,85 por ciento.

El analista Javier Fernández Riva fue uno de los más sorprendidos con los resultados económicos de ese trimestre: "La demanda está absolutamente disparada. Sobre todo la inversión y especialmente la inversión en inventarios, que creció 121 por ciento".

¿Esto es bueno o malo? Un crecimiento tan exagerado de la demanda implicará en cualquier momento una enorme tensión sobre los precios. Este es uno de los principios económicos más elementales: entre más gente haya demandando un mismo producto, hay un estímulo para que ese mismo producto tenga un mayor valor.

En ese momento, el balón pasará al terreno del Banco de la República, que tendrá que decidir nuevamente entre crecimiento o inflación. Hasta el momento, el Emisor se ha venido adelantando a un posible recalentamiento económico, aumentando sus tasas de interés; este es un antídoto contra el aumento en los precios, pues enfría la demanda, por medio de un mayor costo del dinero.

Otro tema preocupante es el incremento en las importaciones, que vienen subiendo a un ritmo de 19 por ciento. La razón es muy simple: un producto que llega de otro país le quita espacio a un bien producido en Colombia. Así, la compra de productos importados implica crecimiento pero en otras economías. De seguir aumentando la venta de productos extranjeros en el país, la demanda por lo nacional perdería terreno y con ello se vería afectado el crecimiento del PIB. En ese escenario, una devaluación del peso serviría para compensar la tendencia; pues un tipo de cambio más alto hace más caros los productos importados. Sin embargo, una subida exagerada en el precio del dólar no está en las cuentas de nadie por estos días.

Vacíos del crecimiento

La pregunta que queda es si un crecimiento impulsado por obras civiles puede mantenerse indefinidamente y así garantizar que la economía crezca por encima del 6 por ciento durante un tiempo prolongado. La respuesta es, evidentemente, no. Probablemente, un boom en la demanda de vivienda tiene un tiempo de vida no muy largo. Más aún cuando los bancos anunciaron que la oferta de crédito podría afectarse debido a las recientes medidas del Banco de República que han bajado el tope de los intereses para este tipo de crédito.

De otra parte, hay señales preocupantes en frentes como agricultura y electricidad, gas y agua, que no crecieron, y minería que cayó. "Más que nunca me reafirmo en que la cosa va a tener una destorcida. Porque la edificación no va a crecer siempre a ese ritmo. Y si hay algo notable desde el punto negativo es que las exportaciones apenas crecieron, no contribuyeron con nada", explicó Fernández.

Pero pocos comparten la visión apocalíptica de Fernández. La economía viene creciendo a buen ritmo, superior al promedio de los primeros cinco años de este siglo; sin embargo, es claro que el crecimiento de 5,96 por ciento es excepcional y que se deben esperar cifras inferiores para los próximos trimestres. Por ahora, un 5 por ciento para este año es realista. Sin embargo, para el próximo la cosa puede pintar peor, pues los expertos creen que apenas se llegará al 4 por ciento, según lo ve hasta el propio Fondo Monetario Internacional (FMI). Así, todo indica que el buen trimestre abril-junio fue más flor de un día, que la llegada de una era de auge económico.
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