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| 12/17/1990 12:00:00 AM

TODOS A UNA...

Después de asumir el costo de medidas impopulares, el Gobierno propone un "Pacto Social" para contener la inflación.

Todos los caminos conducen a Roma. Y en este caso Roma son las metas de la política económica. Poco a poco, las diferencias entre los ministros de Hacienda y Desarrollo se han ido limitando y el equipo económico enfila baterías en la misma dirección. Primero fue la apertura. Ahora es la inflación.
En el marco de la Asamblea Anual de la Andi, realizada la semana pasada en Bucaramanga, el ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, propuso la adopción de un Pacto Social, con la participación de gobierno, empresarios y trabajadores, para tratar de contener la inflación. Según el funcionario, "el gobierno está en capacidad de fijar de común acuerdo con los empresarios y los trabajadores la meta de inflación que se puede alcanzar en 1991 y puede comprometerse a no subir las tarifas de los servicios que controla, el precio de la gasolina y el gasto de funcionamiento, por encima de dicha meta de inflación, si los empresarios se someten a una disciplina de precios, si los trabajadores moderan sus aspiraciones salariales para 1991 y si los gobiernos municipales y departamentales se comprometen a mantener sus tarifas y sus gastos de funcionamiento dentro de estas mismas metas".

El planteamiento, que fue presentado por el ministro como una estrategia innovadora para contener la inflación, había sido propuesto días atrás por los asesores del Consejo Directivo de Comercio Exterior, en un documento denominado La coyuntura inflacionaria y el sector externo. En dicho documento se afirmaba que "el gobierno debe comenzar a diseñar un programa de desindización general de la economía". Y se aseguraba que "en todos los países en los cuales se han adoptado programas de este tipo, ellos se basan en pactos sociales, en los cuales el gobierno se compromete a mantener cierto ritmo de las tarifas y precios bajo su control, a cambio de iguales compromisos por, parte de los empresarios y de una reducción armómica de las tasas de reajuste de los salarios nominales".
La idea, sin embargo, no era del agrado de todos los miembros del equipo económico, ni al parecer del propio Presidente Gaviria. En un documento titulado "Políticas de estabilización II", preparado por los asesores de la Junta Monetaria, se ponían en duda las bondades del llamado Pacto Social, afirmando entre otras cosas que "los incentivos de los diferentes agentes que participarían en un pacto social no irían en la misma dirección". El documento, sin embargo, no descartaba su adopción. Por el contrario, la incluía como una de las opciones que debía estudiar el gobierno en el necesario diseño de su estrategia antinflacionaria.

Y todo parece indicar que, en efecto, el Pacto Social estuvo siempre en la mesa del ministro de Hacienda como una de las cartas a jugar en la lucha contra el alza de los precios. "Lo que pasa es que no se podía pensar en un Pacto Social antes de hacer algunos ajustes a la economía. Antes de negociar con empresarios y trabajadores, era necesario preparar el terreno, asumiendo incluso el costo de medidas tan impopulares como las que tuvimos que tomar". Con un déficit fiscal tan elevado como el que venía de la pasada administración, y con unos subsidios tan altos como los que tenía que asumir el Estado para mantener los precios de la gasolina y de la electricidad, el Gobierno no estaba en capacidad de asumir compromisos como los que supone la adopción del llamado Pacto Social.
"Pero ahora sí podemos hacerlo asegura Hommes-. Y si se logra un entendimiento como el descrito entre los distintos agentes económicos, podremos rebajar la inflación con un costo social relativamente moderado, sin elevar el desempleo, y probablemente con perspectivas de un mayor crecimiento económico". En principio, el gobierno propondrá realizar una especie de contrato con cerca de 90 empresas, con el objetivo de que estas se comprometan a no elevar sus precios por encima de la meta fijada para 1991, que es del 22 por ciento. Y lo mismo se buscará con los trabajadores, en la negociación de los salarios.
Si se logra, todo el mundo quedará contento. Comenzando por el Mindesarrollo, quien en la misma Asamblea de la Andi registró complacido el anuncio de Hommes. No sin afirmar, por supuesto, que la idea había sido propuesta reiteradamente por su cartera. Cosa que no preocupó a Hommes porque, según él, "siempre hemos estado hablando de lo mismo". Unos por un camino, otros por otro; todos con destino a Roma.
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