Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/06/13 00:00

TRES ALEGRES COMPADRES

El Grupo de los Tres, que regirá desde 1995, es el màs importante logro en la integración latinoamericana.

TRES ALEGRES COMPADRES

HACE UNA SEMANA, CUANDO SE ROMPIEron las negociaciones del Grupo de los Tres después de 2.000 horas de negociaciones técnicas y Juan Manuel Santos salió a decir que a pesar del fracaso las cosas iban bien, muchos se rieron del nivel de optimismo del ministro de Comercio Exterior de Colombia. Incluso algunos alcanzaron a criticar su presunta falta de seriedad. El domingo 8 de mayo las delegaciones técnicas de México, Venezuela y Colombia habían abandonado el que señalaban como último intento para acordar las bases del acuerdo subregional. Las posiciones de uno y otro lado eran muy encontradas. Los ánimos se exasperaron al máximo cuando los mexicanos dijeron a sus contrapartes: "Lo toman o lo dejan". En el fondo lo que ocurría era que los expertos de cada país, luego de tantas jornadas de negociación, ya se conocían demasiado sus fortalezas y debilidades, y ninguno quería darle la razón al otro. El asunto se había convertido en un juego del gato y el ratón.
Pero llegada la hora de subirle el nivel al proceso se dio el paso a una negociación política. A partir del lunes 9 de mayo y hasta el jueves 12 por la mañana se registraron unas 60 conferencias telefónicas entre los ministros de Comercio Exterior de Colombia, Juan Manuel Santos; Venezuela, Alberto Poletto, y México, Jaime Serra Puche. Se limaron entonces profundas asperezas que había sobre temas sensibles como el programa de liberación arancelaria en los sectores petroquìmico y textilero, las compras estatales, las normas de origen y las reglas de competencia. Y así se consiguió que a nivel latinoamericano la firma del acuerdo G-3, que se verificará durante la próxima Cumbre Iberoamericana en Cartagena, marque un hito en el proceso de integraciòn y sea tan importante para la región como el Nafta para el futuro de Norteamérica. De hecho, el mercado ampliado del G-3 aglutina a 136 millones de habitantes.
Aunque muchos sectores reconocen las bondades del acuerdo logrado, que entrará en vigencia a partir del primero de enero de 1995, también hay voces de desaliento que tildan al convenio como realmente "dañino". La balanza comercial es actualmente muy favorable para México y hay temor de que aumente desproporcionadamente. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que los exportadores colombianos y venezolanos tienen a boca de jarro un suculento mercado para explotar. El ministro Santos defiende las ventajas de Colombia pues, por ejemplo, el programa de desgravación de 10 años garantiza al sector productivo colombiano tiempo suficiente para ajustarse a la competencia mexicana.
Y es que ya hay ejemplos visibles de beneficiarios. Luminex, especializada en productos eléctricos de baja tensión, entró al mercado mexicano desde 1988 a través de una pequeña empresa de ese país que representaba sus productos. En 1989 la compañía colombiana logró un acuerdo con la multinacional Square D para surtirle interruptores y tomacorrientes hasta 1992 cuando una multinacional francesa adquirió los intereses de Square D, lo que hizo que Luminex se independizara. Creó su propia sociedad e infraestructura y hoy en día arrasa en México con sus productos. "No podemos vender más porque no podemos producir más", reconoce Jacky Bibliowicz, presidente de la empresa nacional. Otros puntos de éxito se lo ha anotado la fábrica de telas Lafayette.
Pero sin duda viene un interesante debate propiciado por sectores que se ven vulnerados por el acuerdo. Los detractores del G-3 advierten que no existen normas de competencia claras, por lo cual México saldrá más beneficiado. Sectores colombianos como el petroquímico, textil, plástico, siderúrgico y de cables pasarán las verdes y maduras para adecuarse al nuevo arreglo. La letra sobre normas de origen y desgravaciones, aunque defendida enconadamente por las autoridades de cada país, puede darse para muchas interpretaciones, según quienes se declaren perjudicados.
Tampoco hay credibilidad sobre la funcionalidad del Comité de Integración Regional de Insumos, que regulará los conflictos sobre ese punto. Los convenios sobre compras estatales tienen, al parecer, muchas desigualdades. La simetrìa de los mercados no dejó contentos a los más chicos y en donde se dice que hay un hueco más grande que el de la Avenida de Chile, es en el aspecto consistente en que no hay posibilidad de establecer salvaguardia cambiaria para proteger a los colombianos en caso de una devaluación masiva en México.
No obstante los más y los menos -que los hay en cada uno de estos acuerdos-, lo cierto es que el G-3, fuera de acercar a Colombia al Nafta, logró consolidar la posición colombiana con respecto a Venezuela, en medio del mal momento que vive el vecino. país. Hay quienes creen que sin el G-3 Colombia corría el riesgo de quedarse por fuera de un club de ricos para armar un club de pobres. De nada serviría crear, por ejemplo, el millón y medio de nuevos empleos que anuncian los candidatos presidenciales, si no hay a quién venderle. Con el G-3 el productor colombiano tiene ese mercado de 136 millones de consumidores frente al de 33 millones con que contaba hasta hoy.
Horas después del anuncio ministerial, había jolgorio pero también inquietud. El sector privado quería conocer lo que había pasado entre lunes y jueves para pronunciarse. Y en un país santanderista como el nuestro ya se estudiaba la posibilidad de llevar ante los tribunales una demanda de constitucionalidad del pacto porque supuestamente vulnera el artículo 226 de la Constitución que exige que los acuerdos internacionales respeten la equidad, reciprocidad y conveniencia nacionales. El debate apenas comienza.

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