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| 11/12/2016 10:00:00 PM

El efecto Trump sacude el comercio mundial

El triunfo del candidato republicano agita los mercados internacionales y llena de incertidumbre la economía. Colombia recibe fuerte impacto en la bolsa y el dólar.

La victoria electoral de Donald Trump sorprendió a los mercados como a todo el mundo. Una vez conocidos los resultados, las principales bolsas del planeta comenzaron a registrar fuertes pérdidas, pues los inversionistas, asustados, salieron en busca de activos más seguros como el oro, los bonos soberanos y el yen japonés. El mercado más golpeado fue el de México. Desde el momento en que empezaron las votaciones en Estados Unidos hasta el cierre de la jornada electoral,el peso mexicano se devaluó 13 por ciento frente al dólar, algo histórico para la moneda azteca.

A esta fuerte reacción inicial siguió una relativa calma. El primer discurso de Donald Trump en calidad de presidente electo sonó cordial y conciliador y cayó bien en medio del shock que significó su triunfo. Para algunos, abrió la esperanza de que la imagen radical que mostró durante la campaña fuera solamente una estrategia para ganar votos. Pero la calma duró poco porque al final de la semana las cifras rojas volvieron a las plazas bursátiles de Europa, Asia y América Latina. En Colombia, por ejemplo, el dólar registró alzas de más de 100 pesos y la bolsa de valores retrocedió cerca de 2 por ciento. Wall Street marcó la diferencia pues el índice Dow Jones alcanzó un record al acumular un alza del 5 por ciento en la semana, en una muestra de más optimismo.

Según los pronósticos de expertos en el mercado financiero, los próximos días serán de alta volatilidad, es decir, habrá jornadas de grandes caádas, seguidas por alzas momentáneas, lo cual no es bueno para nadie.

Claramente, el triunfo de Trump llenó de incertidumbre a la economía y al comercio mundial. No solo preocupa el programa económico que planteó durante su campaña, sino su posición frente a temas cruciales como la globalización, los acuerdos comerciales y el proteccionismo. Los primeros pronunciamientos de sus asesores económicos también inquietan. David Malpass, uno de ellos, en una entrevista con la cadena CNBC, criticó a la Reserva Federal (FED), el banco central estadounidense. “Creo que las personas deberían dejar de enfocarse en la FED y hablar más sobre otras políticas que cambiarán más rápidamente”, expresó Malpass, lo cual añadió nerviosismo y golpeó aún más los mercados.

Aunque la calificadora de riesgo internacional Fitch Ratings considera que la victoria de Donald Trump no pone en riesgo a corto plazo la calificació soberana AAA de Estados Unidos, el impacto a mediano plazo de las políticas económicas y fiscales del presidente electo sí serían negativas.

Cabe anotar que las propuestas clave de Trump incluyen recortes de impuestos, renegociación de acuerdos de libre comercio, concretamente el firmado con México, menos apertura a la inmigración, desregulación de los negocios y un gasto mayor en infraestructura.

Para el premio nobel de economía 2006, Edmund Phelps, quien participó en Medellín en la reunión de la Asociación de Economía de América Latina y el Caribe (Lacea), Donald Trump no ha creado un programa coherente para la economía que dirigirá a partir de 2017.

Temor o esperanza

En este sentido, su programa económico tiene como propuesta bandera bajar impuestos para generar crecimiento. Sostiene que por esta vía podrá expandir el producto interno bruto (PIB) anual de 2 por ciento, actualmente, a entre 3,5 y 4 por ciento. Y crear 25 millones de empleos en una década.

Sin embargo, reducir los impuestos, a juicio de algunos economistas, podría poner a Estados Unidos en una posición fiscal muy complicada. El exministro José Antonio Ocampo, profesor en la Universidad de Columbia, en Nueva York, sostiene que una propuesta similar inspiró la reforma de Ronald Reagan y llevó al país a un aumento del déficit fiscal, en forma significativa, sin acelerar el crecimiento. “Esa medida es peligrosa y genera una gran preocupación, pues Estados Unidos no tiene un bajo nivel de endeudamiento”.

La agencia Fitch, por su parte, considera que la reducción de impuestos por sí misma no puede generar el crecimiento suficiente para resarcir la pérdida de ingresos que tendría el fisco estadounidense. Hay quienes calculan que alcanzaría un tercio del PIB de 2016.

Aunque la baja en impuestos podría aumentar la renta disponible de los hogares y con ello impulsar el consumo y el crecimiento, el efecto sería de muy corto plazo y con la consecuencia negativa de estimular la inflación. Pero, además, Estados Unidos tiene una tasa de desempleo históricamente baja y, en este sentido, el ambicioso plan de Trump plantea una contradicción, pues los desempleados actuales no superan los 8 millones de personas. Es decir, si se generaran los puestos de trabajo que sugiere, tendría que ocupar a inmigrantes y ya se sabe cuál es su postura en ese frente.

Otros dudan que, como respuesta a los recortes de impuestos, aumente la inversión de las empresas, ya que el crecimiento de la inversión en Estados Unidos ha sido lento a pesar de una rentabilidad sólida y un auge reciente en el endeudamiento corporativo.

Frente a todas sus propuestas, la que mejor acogida tiene, por ahora, es el plan de destinar 500.000 millones de dólares para reconstruir la infraestructura de Estados Unidos, pues esto sí podría impulsar el crecimiento económico.

Sesgo antiglobalización

Otra gran preocupación, tras el triunfo de Trump, proviene de su sesgo hacia el proteccionismo y la antiglobalización. El analista de J.P. Morgan Bruce Kasman sostiene que enfocarse en restricciones comerciales y en la inmigración frenaría la economía de la primera potencia del planeta y amenazaría el comercio mundial.

La calificadora Fitch dice que un giro hacia el proteccionismo comercial, a través de las políticas propuestas, como abandonar el Nafta (tratado entre Estados Unidos, Canadá y México) y la imposición de aranceles a China podría no solo tener implicaciones adversas para la inversión, sino generar medidas de represalia extranjeras o una “guerra de monedas”.

Según el nobel Edmund Phelps, si la promesa de hacer otra vez grande a Estados Unidos implica que Trump traerá de vuelta las compañías estadounidenses, cuyas operaciones se adelantan en otros países, daría un duro golpe a países como China, cuyas economías se han fortalecido con las empresas norteamericanas ubicadas en su territorio. Lo que, además, políticamente no es fácil de lograr.

Para Ocampo, el discurso de Trump dibuja la revancha de los enemigos de la globalización, no solo en materia de comercio, sino de migraciones, lo cual considera inadmisible, pues Estados Unidos es el país que más se ha beneficiado históricamente de los migrantes. “Uno no puede decir que Estados Unidos es un perdedor en el juego comercial internacional”, señala. Considera también que es “un contrasentido que un país que se construyó sobre la base de la libertad religiosa, acogiendo a grupos que eran perseguidos en el viejo continente, vaya ahora a perseguir a un grupo de creyentes, los musulmanes”.

Ahora, si persistiera la oposición a los acuerdos comerciales, la primera víctima será el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP). Lo más probable es que el presidente Trump obstaculice las negociaciones.

En línea con la incertidumbre que se respira a nivel mundial, también en América Latina hay preocupaciones por el triunfo del candidato republicano. Los primeros impactos ya se sienten en las monedas locales y los mercados accionarios, que cayeron duro la semana pasada. México es sin duda el país que enfrentará las implicaciones económicas más importantes, lo que afectaría indirectamente a Colombia, pues son dos socios comerciales importantes. Por lo pronto, para saber a ciencia cierta las consecuencias que traerá la elección presidencial en Estados Unidos, habrá que esperar si las propuestas del candidato se traducen en las realizaciones del gobernante.

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