Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1986/01/06 00:00

TUYO ES MI CORAZON

La medicina colombiana se anota un hit al realizar el primer transplante de corazón al antioqueño José Antonio Yepes.

TUYO ES MI CORAZON

Tan insólita como la misma operación, fue una de las preguntas que José Antonio Yepes le hizo a su esposa Amanda, después de ser sometido al primer transplante de corazón que se practica en Colombia: "¿Mija, cómo le fue al Medellín?".
El día anterior, el domingo 1° de diciembre, Amanda Yepes Londoño se despertó con el timbre del teléfono. Era una llamada de la Clínica Cardiovascular de Medellín en la que su esposo se hallaba hospitalizado desde hacía un mes, para decirle que llevara los once donantes de sangre, pues había resultado un corazón de un joven accidentado la noche anterior. De pronto, se cumplía un sueño lejano para José Antonio, quien vivía deseando que los médicos le quitaran ese dolor del pecho.
Ilusionada por verlo sano de nuevo, pero nerviosa por tratarse de una operación de alto riesgo, Amanda llegó temprano en la mañana a la clínica con un taco en la garganta y encontró a su esposo absolutamente sereno y optimista. Faltaban pocos minutos para su ingreso a cirugía y apenas hubo tiempo para unas cuantas frases y recomendaciones entrecortadas: "¿Cómo están las muchachas?". "Firmá todos los papeles que te digan, que yo de todas maneras me voy a morir; por eso vale la pena intentar con esta operación". Finalmente, a punto de entrar a la sala, José Antonio dijo: "Pedíle a mi Dios para que salga bien de ésta, y si me llega a pasar algo, ahí te dejo las muchachas". Con ese apresurado legado le entregó a su mujer la responsabilidad de sus hijas Sandra Milena, Tatiana Marisa y Natalia Andrea, de 10, 7 y 4 años.
Luego, Amanda vio cerrarse la puerta de cirugía y allí se quedó como si estuviera plantada al piso, pendiente del más mínimo movimiento de médicos o enfermeras que pudiera significar alguna noticia sobre la salud de su marido. Ella había sido informada de todos los pormenores de la operación no sólo por los médicos, sino por una enciclopedia que su sobrino Didier Arley se había ganado en la escuela, cuando la prefirió a un balón de fútbol. Allí estaba ella, repasando mentalmente los dibujos que había visto en el libro y soñando con el día en que la familia volviera a unirse para vivir independiente y que José Antonio pudiera caminar más de una cuadra sin asfixiarse. La operación era la única alternativa médica para que se recuperara de la afección cardiaca que sufría desde el 6 de noviembre de 1981. "En esa epoca vivíamos en una pieza y ese día José Antonio trajo una lata de sardinas para la comida. Todos comimos, pero él fue el único que se sintió mal, le dio vómito, fiebre y un dolor muy fuerte en el pecho. Hubo que hospitalizarlo y allí le descubrieron su mal. Desde entonces viene tan enfermo que tuvo que dejar el trabajo de albañil, porque ni siquiera tenía fuerzas para caminar. La situación se nos puso tan difícil que yo me tuve que arrimar donde mi mamá y José Antonio se fue a vivir con su familia".
Aun así, embutida en sus cavilaciones, el tiempo de espera se hizo eterno para Amanda. Pero cerca de las once y media, la mandaron llamar para darle la noticia de que su esposo había salido bien de la operación y se encontraba en perfectas condiciones. Desde ese momento hubo un cambio radical en la rutina de la familia. De la noche a la mañana su esposo se había convertido en noticia de primera página por ser el primer colombiano receptor de un corazón ajeno.

LARGA EXPERIENCIA
Este gran avance para la medicina en nuestro medio, es el producto de varios años de investigación desde la primera consulta del paciente transplantado en la Clínica Cardiovascular Santa María, quien padecía una grave enfermedad del corazón que en los últimos meses requirió su hospitalización.
Este diagnóstico y las especiales características del paciente, llevaron al grupo a decidir la necesidad de un transplante cardiaco como único tratamiento que permitiría solucionar el problema del paciente.
Fue entonces cuando se recurrió a la amplia experiencia del Grupo de Transplantes del Hospital Universitario San Vicente de Paúl y la Universidad de Antioquia; quienes a lo largo de 12 años han profundizado en esta actividad al punto de hacerse casi un procedimierito rutinario el transplante renal y de córnea, lo que permitiría afrontar con seguridad, cualquier tipo de complicaciones post-operatorias, además de ser este grupo de profesionales quienes han tenido la oportunidad de manejar la droga ciclosporina, utilizada como medicamento más apropiado para evitar el rechazo del órgano transplantado.
Semanas antes del transplante, el equipo científico de la Clínica Cardiovascular Santa María expuso ante el Grupo de Transplantes del Hospital Universitario San Vicente de Paúl y la Universidad de Antioquia, la historia del paciente, el tratamiento realizado hasta la fecha y su concepto favorable sobre un posible transplante.
La operación, que constituye un importante avance para la medicina colombiana, es un acontecimiento excepcional, sin precedentes en la historia médica del país. La noticia despertó tanto interés que todas las miradas se volcaron sobre esta familia, hasta entonces totalmente anónima y humilde .
Desde que Amanda se levantó al día siguiente para moler el maíz para las arepas del desayuno, ya había periodistas en su casa, y antes de salir a hacer la compra del diario a la tienda de la esquina, ya había recibido llamadas de la radio, y completamente asombrada, daba citas a camarógrafos de televisión y periodistas. Ella misma no podia creer al verse fotografiada en periódicos y revistas de todo el país y en su cabeza no cabía cómo podian estar hablando de su esposo en otros países. Entretanto, José Antonio se hallaba en la unidad de cuidados intensivos de la Clínica Cardiovascular, sometido al más estricto control médico por parte del equipo de científicos que se encargó de su operación y que ahora cuidan celosamente hasta el más minimo detalle, para evitar cualquier tipo de complicación que pueda entorpecer la recuperación del paciente. Estos cuidados se venían practicando a José Antonio con mayor intensidad desde hacía varios meses como parte de la preparación para el transplante, en la que no escapó ni una carie. Pero la preparación no era sólo para el paciente; varios de los integrantes del grupo de cirujanos y especialistas que practicaron la operación, habían adelantado estudios por más de dos años no sólo en el país, sino en la Universidad de Stanford (California). Neurólogos, internistas, nefrólogos, inmunólogos, siquiatras, cirujanos vasculares, patólogos, legistas, anestesiólogos, laboratoristas, enfermeras instrumentadoras y otros especialistas del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, de la Universidad de Antioquia y de la Clínica Cardiovascular,coordinaron esfuerzos y exploraron adelantos científicos para realizar esta intervención, que marcó un progreso definitivo en la práctica de injertos. Con la culminación de este transplante de corazón y con las decenas de antecedentes exitosos en materia de transplantes de hígado y riñón, culmina una etapa científica que abre nuevas e importantes perspectivas médicas para el país.

"ESTOY DE LO MAS BIEN"
"¿ Quién va a hacer la torta para la primera comunión de Sandra?'', fue otra de las preguntas que se le vino a la cabeza de José Antonio después de la operación, cuando ya le habia dicho a su esposa que se sentía "de lo más bien" y que tocara su pecho para que sintiera el corazón nuevo: "Mija, ponga la mano aquí en el pecho y no le dé miedo".
A sus 36 años, José Antonio no pensaba que su afección cardiaca se lo fuera a llevar de este mundo, a pesar de que le tocó presenciar la muerte de sus tres hermanos, Hernando, Fabio y Juan, y de su abuela Isabel Correa, afectados por el mismo mal. Pero en los últimos meses ya se estaba desesperando por culpa de su incapacidad para trabajar, su dolor en el pecho y por las ocho veces que tuvo que ser hospitalizado de urgencia. Por eso, tanto él como su familia recibieron ilusionados la noticia del tan esperado transplante.

NO HAY MAL...
La cardiectomía, es decir la extracción del corazón de un paciente que murió como consecuencia de un accidente de tránsito, se produjo el domingo primero de diciembre a las ocho de la mañana en una sala de cirugia del Hospital San Vicente de Paúl. El órgano extraído se colocó en un medio especial a baja temperatura y se transportó a la Clínica Santa María, en donde el equipo de cirujanos tenía preparado al receptor. Entonces se procedió a extraer el corazón enfermo y a implantar el donado, la intervención propiamente dicha se prolongó por dos horas y media, hasta que a las diez y veinticinco minutos de la mañana el corazón transplantado comenzó a latir en el cuerpo de José Antonio Yepes, con tanto éxito que al día siguiente almorzó tranquilamente una sopa de "guineo" y una colada, debidamente esterilizadas y de manos de su esposa vestida de pies a cabeza con ropa de cirugía.
José Antonio es un hombre pobre, albañil experto en la colocación de pisos, oficio que había abandonado desde que se presentó su enfermedad, la que también lo obligó a separarse de su esposa después de 15 años de casados. Amanda se "arrimó" con sus tres hijas en una casa del barrio Antioquia, en donde viven su papá (reducido a la cama por una trombosis), su mamá de 60 años, dos de sus hermanas y cinco niños más. Las únicas entradas económicas de la familia provienen de la venta de "chance" y lo que logra ganarse Amanda planchando en casas de familia. Por eso, ella ni siquiera se atreve a preguntar cuánto cuesta la operación y la clínica, cifra que ni siquiera ha sido establecida oficialmente y que la haría palidecer. De todas maneras, sea cual sea la suma, ella no tendrá que pagarla en su totalidad, pues ninguna de las entidades que realizaron el transplante (Clínica Cardiovascular -la obra social de la Congregación Mariana de Medellín-, el Hospital Universitario San Vicente de Paúl y la Universidad de Antioquia) tienen ánimo de lucro y se encargarán de buscar los recursos para respaldar los gastos ocasionados por la preparación, la intervención quirúrgica y el tratamiento post-operatorio de José Antonio, quien se siente muy bien "estrenando" corazón y desde su cama de cuidados intensivos no se ha dado cuenta de que, desde el 1° de diciembre, es noticia internacional.

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