Lunes, 23 de enero de 2017

| 1986/08/04 00:00

UN EMPUJONCITO, POR FAVOR

En medio de la baja en el precio del petróleo y la revaluación del dólar, continúa el pobre desempeño de las economías occidentales.

UN EMPUJONCITO, POR FAVOR

La semana pasada no todo el mundo estaba dedicado a la oración. Mientras que en Colombia, el país prácticamente se paralizó como resultado de la visita del Papa, los países industrializados siguieron enfrascados en el búsqueda de la verdad para sus respectivas economías. El hecho de que pese a la caída en los precios del petróleo, el mundo industrializado no tiene buenas perspectivas en lo que a crecimiento económico se refiere, tiene preocupado a más de un especialista.
Esa perspectiva no deberia existir si se miran los hechos: la inflación en los principales países está controlada, el dólar está a punto de alcanzar el nivel indicado frente a las demás monedas, las tasas de interés están en uno de sus puntos más bajos después de la Segunda Guerra y se sabe que por lo menos hasta el final de la década, el petróleo seguirá barato. Con semejantes antecedentes, el panorama tendría que estar despejado. No obstante, las cosas no están resultando bien. En Estados Unidos, el Departamento de Comercio reveló la semana pasada que los indicadores líderes de la economía habían crecido apenas un 0.2% en el segundo trimestre, cifra muy inferior a la esperada. En Alemania, el Producto Nacional cayó en un 5% en el primer trimestre y el desempleo continua en 9%. En Japón, mientras tanto, el Producto cayó en 2.1% en el primer trimestre como consecuencia de la revaluación del yen frente al dólar y hay dudas sobre la salud del sector exportador de la economía nipona.
Según los expertos, el pobre desempeño de las principales economías capitalistas está intimamente ligado al nivel de las tasas de interés. Esa opinión llegó inclusive a la cumbre económica de Tokio el pasado mayo donde los jefes de Estado del grupo de los grandes, acordaron una serie de acciones para coordinar políticas que permitieran un mayor crecimiento de la economía mundial. Dentro de ese escenario se recomendó una baja en las tasas de interés de tres países: Alemania, Japón y los Estados Unidos.
Sin embargo, a casi dos meses de la reunión de Tokio, ninguno se ha atrevido a dar el primer paso. Según las experiencias anteriores, lo que debería suceder es que los bancos centrales de cada uno de los países interesados rebajen su tasa de descuento, a la cual le prestan dinero a los bancos comerciales. Ante un menor costo del crédito, la experiencia indica que los bancos bajan en forma proporcional la tasa que le cobran a los clientes. Es así como el Prime Rate se ha ubicado en 8.5%, su nivel más bajo de la década.
Por ahora, el problema radica en que nadie quiere comenzar. Los norteamericanos temen que si bajan la tasa de interés, eso cree disturbios monetarios internacionales; los alemanes piensan que si ellos dan el paso, la inflación interna se puede ir a las nubes (actualmente está en 0% anual) y grandes capitales pueden abandonar el país; y los japoneses opinan que si bajan la tasa y no resulta, se van a quedar sin margen de maniobra, pues los intereses allá están en el nivel más bajo de la historia.
En el intermedio, los especuladores están apostando sobre quién va a dar el paso que algunos consideran inevitable. Hasta el momento, la ventaja la llevan los Estados Unidos. Con los datos revelados la semana pasada, los observadores estimaron que el Banco de la Reserva Federal no tiene más alternativa que inducir una baja en el Prime Rate. Fue por esa razón que la semana pasada, las acciones en Wall Street rompieron todos los récords existentes, ante las expectativas de los inversionistas de que la rentabilidad de las acciones supere a la de los papeles financieros.
Mientras tanto, todavía están por verse los efectos de la revaluación del yen. Pese a que la moneda japonesa ha subido en casi un 50% frente al dólar en menos de un año, las exportaciones del país oriental siguen por buen camino. La semana pasada el Ministerio de Finanzas informó que en mayo el superávit en la balanza comercial del Japón (exportaciones menos importaciones) fue de 8.300 millones de dólares, el más alto de toda la historia. Aunque en esa cifra está implícito el hecho de que los orientales están pagando el petróleo a mitad de precio, en comparación con mayo del año pasado, los números también demuestran que todavía falta un buen trecho para que el resto del mundo equilibre su situación con el Japón.
Es esa razón la que mueve a algunos escépticos a decir que una rebaja al unísono en las tasas de interés de los principales países, no va a tener efectos inmediatos. No obstante, se asegura que pese al pesimismo, la rebaja es prácticamente inminente. Tal como dijera un artículo reciente en la revista Business Week: "El mundo necesita un empujón. Alguien debería prender el motor".

NADA NUEVO BAJO EL SOL
Para un gremio que supuestamente está de capa caída, la escena parecía un poco fuera de tono. Pero fue allí, en la isla de Brioni en Yugoeslavia, a orillas del Adriático, que la semana pasada se terminó la tercera reunión extraordinaria del año de la abatida Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo, OPEP.
En un nuevo intento para evitar el desplome de los precios internacionales del crudo, los representantes de la OPEP escogieron el sol de Brioni -un paraíso turístico para los europeos occidentales, administrado por el gobierno de Belgrado -para ver si el ambiente mejoraba las posibilidades de un acuerdo. Sin embargo, la semana pasada quedó en claro que los problemas de la OPEP no dependen del sitio en que se discutan. Una vez más, los países miembros de la Organización fueron incapaces para ponerse de acuerdo sobre la manera en la que deben controlar la superproducción mundial de petróleo, con el fin de que el precio se estabilice.
A pesar de que todos los asistentes estuvieron de acuerdo con el remedio una vez más el problema radicó en que nadie se ofreció a tomárselo. Por el contrario, en Brioni se vieron dos facciones muy claras. Una, liderada por los árabes, desea seguir produciendo para sacar del mercado a los demás competidores que no puedan resistir los precios bajos. Otra, comandada por los iraníes, quiere limitar la producción al máximo para volver al nivel de 28 dólares por barril del año pasado. Entre esas dos posiciones parece que no hay intermedios. Tal como le dijera Gholamreza Agazadeh, ministro del Petróleo iraní, al diario The Wall Street Journal "cada uno sabe que sin un consensó, una decisión no vale nada. Nosotros no estamos de acuerdo con la decisión de guerra de precios. Otros sí. Por lo tanto, no hay consenso".
Esa ausencia de consenso se sintió inmediatamente en los mercados. Aunque los comunicados de la OPEP indicaron que había un acuerdo sobre principios básicos, nadie se creyó la noticia. Apenas trasmitidas las conclusiones de la reunión de Brioni, el precio del crudo volvió a bordear los 12 dólares por barril y la mayoría de los analistas cree que caerá hasta unos 10 dólares, antes de volver a 15 para finales del año. Las cifras indican que todavía la oferta supera con creces a la demanda y por lo tanto no hay razón para precios altos.
Como consecuencia, Arabia Saudita quiere sacar adelante su propuesta. En la próxima reunión de la OPEP, programada para el 28 de julio en Viena, se cree que los árabes tratarán de imponer su plan de limitar la producción del cártel de 19 a 17 millones de barriles de crudo diarios. Si eso se logra, se cree que los precios podrían subir hasta 19 dólares por barril y en un mediano plazo apuntar hacia los 28 dólares por barril que quieren los iraníes.
Sin embargo, hará falta mucha persuasión para que los saudis impongan su idea. En Brioni, el jeque Ahmed Zaki Yamani dejó atrás su limosina Rolls Royce plateada y llegó en su yate -Le Venus de Milo- con la esperanza de que el ambiente informal de la isla desentrabara las negociaciones. Pero, según lo visto el cambio de escenario, aparte de desengaños, sólo le dejó un buen bronceado mediterráneo a los miembros de la golpeada OPEP.

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