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| 5/14/2011 12:00:00 AM

Un legado de ética empresarial

Jorge Molina Moreno fue parte de una generación que ayudó a crear el tejido empresarial de Antioquia. De gran sensibilidad social y ambiental, tenía aguda inteligencia y liderazgo.

En la segunda mitad del siglo XX, un grupo de empresarios antioqueños luchaba a brazo partido para conservar la independencia de las empresas de su región. Uno de ellos era Jorge Molina Moreno, quien desde la presidencia de Suramericana de Seguros (1960-1980) tomó la bandera, compartida con otros distinguidos directivos, de la defensa de la industria paisa, que se veía amenazada por las tomas hostiles de grupos económicos del momento, como Santo Domingo y Grancolombiano.

Aunque haber sido uno de los empresarios que diseñaron la estrategia del famoso 'enroque' que dio origen al llamado Sindicato Antioqueño es de por sí suficiente para pasar a la historia industrial del país, la verdad es que Jorge Molina Moreno será recordado por mucho más, especialmente por sus lecciones de ética empresarial.

Murió la semana pasada en Medellín, a los 91 años, y como él mismo lo dijo meses atrás en la serie '100 empresarios, 100 historias de vida' de la Cámara de Comercio de Medellín, su vida no transcurrió en vano.

Las generaciones de empresarios que lo sucedieron en las compañías antioqueñas lo recuerdan como un hombre bueno, sensible e inteligente. Cuando Molina dejó la presidencia de Suramericana de Seguros en 1980, después de 34 años de trabajar en esta compañía, Nicanor Restrepo Santamaría -quien luego ocuparía la presidencia- lo describió así: "Su personalidad resume y entremezcla honestidad, modestia, sencillez, sensibilidad, buen trato, devoción por la comunidad, generosidad sin fronteras, humor, franqueza y sinceridad". Y destacó una frase de Molina que resume sus lecciones de ética y filosofía empresarial: "En Suramericana no se hace nada que nos deje intranquilos institucional o personalmente".

Molina se sentía orgulloso de haberle puesto un sello al sector asegurador colombiano: el de la buena fe y la honestidad, principios que defendió a capa y espada.

Su paso por la presidencia de Suramericana de Seguros durante dos décadas fue muy fructífero. Jorge Molina convirtió a Suramericana en una poderosa compañía. El empresario antioqueño Alejandro Ceballos destaca que en su visión estratégica se enfocó en los seguros de vida, lo que le permitió a la empresa tener unos ahorros muy importantes para hacer inversiones que fueron las bases para la creación del Grupo Suramericana, matriz de una camada de empresas antioqueñas.

En 1973, Suramericana de Seguros se unió al Banto Industrial Colombiano (BIC), al Banco Comercial Antioqueño, a Cemento Argos, a la Corporación Financiera Nacional y a la Suramericana de Vida para fundar la Corporación Nacional de Ahorro y Vivienda, (Conavi), entre otras.

Molina fue miembro de las juntas directivas de Coltejer, Coltabaco, Corporación Financiera Nacional, el BIC, Industrias Alimenticias Noel, Compañía Nacional de Chocolates (hoy Grupo Nutresa).

Pero no solo su paso por el sector privado le guarda un sitio en la historia de los grandes dirigentes antioqueños. En los últimos años de su vida fue alcalde cívico de la ciudad. Se le llamó el 'alcalde verde', se le recordará siempre por los miles de árboles que sembró en la capital antioqueña. Molina hizo parte de una generación de empresarios antioqueños que mostró una devoción especial por la naturaleza.

"Fue un hombre con un gran civismo, que adelantó extraordinarios trabajos por la ciudad de Medellín", recuerda el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos.

Ese sentido siempre lo acompañó y por esto quería ser recordado. Hace tres años, cuando el alcalde Alonso Salazar le concedió la medalla 'Alcaldía de Medellín', Molina dijo: "Es precisamente el sentido de lo cívico y del hacer, desinteresado, el bien a los demás el legado por el cual espero ser recordado, imitado y superado por las generaciones actuales y venideras". Como resumen de lo que caracterizó su vida, Molina dijo en el mismo acto, evocando al poeta Francisco Luis Bernárdez, "es mejor ser feliz que ser importante". Y, a la postre, fue tan feliz como importante.
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