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| 11/3/1986 12:00:00 AM

UN MAL PASO

"Patada de mula" a Fabio Ochoa en la Universidad Nacional

Ni los eventos culturales realizados, ni la visita de historiadores y científicos extranjeros que dieron conferencias en la Universidad Nacional en desarrollo de la programación de la semana universitaria, merecieron la atención de la prensa que, sin embargo, desplegó su atención a un incidente que muchos calificaron como "acto de dignidad nacional" y otros como "episodio suicida".
El viernes 26 entre 3:30 y 4 de la tarde, y cuando se estaba desarrollando una feria equina organizada por la Facultad de Veterinaria y Zootecnia, un grupo de estudiantes con un niño de aproximadamente cinco años a hombros, irrumpió abruptamente en el improvisado coliseo que se había montado frente a la concha acústica y prácticamente hizo salir de las instalaciones al caballista antioqueño Fabio Ochoa Restrepo a punta de abucheos y abajos al narcotráfico. Y a punta de disparos al aire, Ochoa Restrepo y su media docena de guardaespaldas salieron también abruptamente, complaciendo al grupo de enfurecidos estudiantes que pedía que saliera de los predios de la universidad quien para ellos era "un narcotraficante, asesino y fundador del MAS".
Por espacio de cinco minutos se escucharon toda clase de consignas denunciando a los grupos paramilitares y llovieron latas de cerveza, pedazos de boñiga de caballo y piedras sobre la gradería del coliseo donde se encontraba sentado el acuerpado caballista que había ido a exponer cerca de 40 caballos de paso, atendiendo la invitación general que se hizo a criadores de caballos por parte de la Asociación Nacional de Caballistas, Asdepaso, en parte organizadora de la feria. La confusión pareció ser mayor cuando los estudiantes salieron apedreando los carros estacionados y cuando Ochoa y sus guardaespaldas corrieron presurosos a buscar refugio en sus automóviles. Como si todo esto fuera poco, coincidencialmente, un helicóptero sobrevoló los predios de la universidad, por lo que muchos pensaron que el caballista no sólo había llevado escolta de tierra sino también de aire. Sin embargo, más adelante se supo que el aparato pertenecía a la Policía y que cumplía labores rutinarias de vigilancia.

EN LA BOCA DEL LOBO
El hecho de que Ochoa Restrepo, acusado por sectores de izquierda de ser el creador del MAS, hubiera llegado a la boca del lobo, hizo que se recordara de inmediato el secuestro de su hija Martha Nieves Ochoa, hace unos cinco años en Medellín. Los secuestradores, integrantes del M-19, grupo que en ese momento tenía a su plana mayor encarcelada en Bogotá, fueron visitados por agentes de los Ochoa que les notificaron que si en quince días no entregaban a Martha Nieves, en las mismas condiciones que se la habían llevado, serían asesinados uno por uno. Pero la cosa no quedó ahí. Según cuentan, un grupo de narcotraficantes se reunió en Cali y aportó fuertes sumas de dinero para crear el grupo Muerte A Secuestradores, a fin de dar con el paradero de la hija de Ochoa. El M-19, por su parte, consideró que su osadía no podía terminar en negociación y por lo tanto se ordenó devolver a la secuestrada.
Entre tanto, la familia Ochoa movió cielo y tierra por conocer el nombre de los responsables para que el M-19 no creyera que estaban "cañando".
Una vez ubicados los responsables, quisieron hacer escarnio público en cabeza de Martha Correa, compañera de colegio de Martha Nieves, y casada con uno de los secuestradores.
A la madrugada, hombres fuertemente armados llegaron a la casa de Martha Correa, le arrebataron un niño de quince días de nacido, la encadenaron, raparon su cabeza y la dejaron en la puerta del periódico El Colombiano de Medellín, con letreros que decían "Soy del M-19", "Soy secuestradora". Por esa época, su esposo secuestró un avión a Cuba y huyó, pero hace cerca de dos años apareció muerto en los alrededores del estadio El Campín de Bogotá. Esta historia fue, sin duda, la que movió a los estudiantes a impedir que Ochoa Restrepo pudiera exhibir sus costosísimos caballos en los predios de la Universidad Nacional. Pero no sólo Ochoa y sus caballos se quedaron con los crespos hechos: los vendedores de fritanga y cerveza que se habían apostado desde tempranas horas esperando hacer su agosto, vieron cómo sus viandas típicas rodaban por el suelo ante la estampida que se dio cuando se oyeron los disparos. Disparos, que para quienes tienen buen sentido del humor, eran la corroboración más exacta de que se estaba en feria, porque feria que se respete es con pólvora.
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