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| 10/28/2006 12:00:00 AM

Un mar de dólares

El Canal de Panamá no es el único que se debe ampliar. Colombia necesita mil millones de dólares para sus puertos. Varias multinacionales, tentadas por el negocio.

Hasta el momento, las movidas de inversión tenían el sello de los poderosos grupos económicos nacionales de la industria, el comercio o la banca: Bavaria, Cementos Argos, Bancolombia, Davivienda o Éxito, entre muchos otros. Todos ellos movieron varios miles de millones de dólares en los últimos años, en negocios que marcaron verdaderos hitos en la historia empresarial del país. El turno ahora es para el transporte y, más exactamente, para los puertos colombianos que necesitan entre 800 y 1.000 millones de dólares para ponerse a tono con el crecimiento del comercio mundial.

Mientras las autoridades están renegociando las concesiones portuarias y avanzan en la construcción de nuevos proyectos, varias poderosas multinacionales están mirando seriamente la posibilidad de ingresar a este mercado.

Autoridades del sector señalaron a SEMANA que la multinacional china Hutchison Whampoa -el Wal Mart del negocio marítimo mundial- ha estado muy interesada y ha golpeado las puertas con la decisión seria de ingresar al mercado colombiano. Esta compañía opera puertos en los cinco continentes y es una de las más grandes del mundo.

Pero ese no es el único caso. La compañía árabe Dubai Ports, que tiene intereses en más de 51 países, ha mostrado sus ganas por el proyecto de Agua Dulce, que se empezará a desarrollar a comienzos del próximo año. Además, navieras importantes como Maersck, una de las más grandes del mundo, MSC y Evergreen, han puesto sus ojos en Colombia.

¿Cuál es la razón para este creciente interés, justo cuando se ha empezado a hablar de crisis en los puertos nacionales? ?

La crisis

Hasta el momento nada parecía pintar bien en materia portuaria para Colombia. En los últimos meses, el puerto de Buenaventura literalmente colapsó y generó un trancón portuario que le pudo haber costado mucho a la economía nacional, de no ser porque el gobierno intervino y le puso un ultimátum que se cumple el próximo 11 de noviembre, fecha desde la cual la Sociedad Portuaria deberá defenderse sin necesidad de ayudas administrativas.

Pero lo de Buenaventura, que sirvió para revelar el talón de Aquiles de la infraestructura nacional, es apenas un botón de muestra de un fenómeno generalizado. El crecimiento del comercio mundial ha sorprendido a todos y por eso muchos países han empezado a ponerse las pilas para fortalecer su infraestructura portuaria, porque a este ritmo, el negocio portuario será uno de los mejores en el futuro próximo.

El tema sirvió para una larga polémica en Estados Unidos, pues la compañía Dubai Ports -una de las que ha preguntado por Colombia- se hizo al control de seis puertos en Norteamérica luego de que adquirió su control por 6.500 millones de dólares. Sin embargo, allí el debate ha sido por razones de seguridad y por eso el negocio nunca tuvo feliz término.

En Asia, la naviera multinacional Maersk se ganó el desarrollo de la segunda fase del puerto Yangshan en Shanghai, un proyecto que necesita la minucia de 12.000 millones de dólares en inversión.

La semana pasada, el pueblo panameño votó la ampliación del Canal de Panamá, al que irán otros 5.000 millones de dólares para los próximos años.

La firma Hutchison Whampoa se hizo recientemente a una concesión en el puerto de Manta, en Ecuador, donde tendrá que invertir más de 400 millones de dólares... Así podría seguir este paneo por muchas regiones del mundo, donde el tema portuario está en erupción. ¿A alguien le queda duda que algo está pasando aquí?

En casa

Actualmente, el país se encuentra renegociando las concesiones portuarias. A pesar de que aún faltan por lo menos cinco años para que se venza el contrato entre los actuales concesionarios y el Estado, el asunto es que no basta con cumplir los compromisos actuales, sino garantizar modernización y mayor eficiencia para que el creciente flujo del comercio internacional no sufra traumatismos. Y esto fue lo que quedó en evidencia en Buenaventura. Por eso, ahora más que nunca, se necesita dinero.

El asunto es que, en las actuales condiciones, los concesionarios no pueden poner más capital, porque no van a recuperar su dinero antes de que terminen los contratos.

En esa situación están Barranquilla, Santa Marta y Buenaventura. Cartagena ya tiene todo listo y renegoció el contrato, así que es el que más tranquilo está y por eso muchos inversionistas internacionales le han puesto el ojo. El gobierno está haciendo el esfuerzo para sacar lo más pronto posible esta renegociación; sin embargo, el tema de fondo, es decir, el financiero, aún no ha sido abordado.

Pero es claro que no basta con modernizar los puertos existentes, sino apostarles a nuevos proyectos. Hoy avanzan varios, como el puerto de aguas profundas en Bocas de Ceniza, en Barranquilla, que será gerenciado por The Sun Land Group, de Estados Unidos. En la primera etapa de esta obra serán invertidos 180 millones de dólares, y en las demás etapas, un total de 300 millones de dólares.

En la lista de espera están también el complejo portuario industrial de Buenaventura, el puerto de Aguadulce, el puerto de Palermo y el de Brisa, en La Guajira. Así que la movida seguirá adelante en los próximos meses.

A pesar de la percepción que hay acerca de que Colombia está rezagada en materia portuaria, si se cumplen los cronogramas de los procesos actuales, el panorama en los próximos años será mucho más favorable. Es claro que buena parte de la tarea aún está pendiente. La inversión de las grandes multinacionales portuarias será fundamental. No en vano, muchos expertos creen que en el futuro todos los puertos estarán en manos de grandes compañías con presencia mundial y que los Estados deberán asumir esa realidad. Por eso, para el futuro próximo, lo que toca pronosticar en este sector es un mar de dólares. Ojalá así sea.
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