Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/1/2001 12:00:00 AM

Un negocio de película

La entrada de nuevos jugadores acelera la transformación del negocio del cine en Colombia.

La fiebre cinematográfica se toma a Colombia. Después de varios años en los que la proyección de películas estuvo de capa caída el negocio se reactiva. Recientemente se han abierto nuevas salas, se han remodelado otras, y han llegado otras empresas con novedosos conceptos.

La multinacional Cinemark entró al país hace aproximadamente un año y ya ha invertido cerca de siete millones de dólares en la construcción de sus dos complejos de cine. La empresa, que es la cuarta cadena más grande del mundo detrás de Regal Cinemas, AMC Entertainment y Loews Cineplex, inauguró en diciembre del año pasado 10 salas multiplex en el Centro el Tesoro de Medellín. Y hace una semana abrió sus puertas en el centro comercial Atlantis Plaza de Bogotá con seis teatros.

“El mercado colombiano es sumamente interesante. Entre otras cosas porque la oferta es muy incipiente y existe aún mucho espacio para crecer”, afirma el presidente de Cinemark, Pablo Umaña. En efecto, mientras que en el mundo hay un promedio de 36.000 habitantes por pantalla, en Colombia, esta relación es de 171.000 habitantes. Incluso países latinoamericanos como México, Argentina y Brasil superan a Colombia ampliamente en este aspecto (ver gráficas). En estas condiciones Cinemark aspira a crecer y recibir anualmente un total de 500.000 espectadores en la capital de la montaña y otros 700.000 en Bogotá.

Con la llegada de este nuevo jugador aumenta la competencia en un sector económico que hasta la fecha estaba dominado por unas pocas empresas. Pero los competidores no se han quedado atrás. Cine Colombia, en los últimos meses, ha remodelado varias de las más importantes salas y ha abierto otras tantas. Hace poco inauguró en Cali dos complejos multiplex: uno con seis y otro con 12 pantallas. El pasado viernes abrió en Medellín ocho teatros en el Centro Viscaya, en el sector de El Poblado y, dentro de una semana, espera hacer el lanzamiento de las ocho salas de cine de Unicentro Bogotá. Esto, sumado a los ya posicionados Américas y Andino con que cuenta en la capital.



Nuevos conceptos

Con estas movidas se consolida y profundiza una tendencia que se inició hace varios años en el negocio del cine. Las viejas salas de exhibición empiezan a ser reemplazadas por complejos cinematográficos con teatros más pequeños y programaciones más flexibles. Así, con estos multiplex, que pueden llegar a tener hasta 12 salas, los empresarios logran una mayor eficiencia del espacio y una superior rentabilidad.

En general son cines para no más de 300 personas. Las películas comienzan con unos 15 ó 20 minutos de diferencia, de modo que si alguien llega tarde espera el comienzo de la otra proyección, generalmente una película diferente de la elegida. Cuando la cinta viene ‘fuerte’, es decir, tiene gran expectativa, se estrena en más de una sala y con horarios alternados. Todo bajo el concepto de que quien va al cine y no encuentra entradas para una película o llegó tarde sólo tiene que esperar unos pocos minutos y entrar a la sala de al lado.

El tiempo que un título puede permanecer en estas pantallas depende de la asistencia del público. Cada sala tiene su promedio y, para que se mantenga en cartelera, la asistencia debe sobrepasar 25 por ciento del promedio —en el caso de las películas norteamericanas— para mantener los niveles de rentabilidad. Si se trata de una producción nacional se mantiene hasta 10 por ciento sobre el promedio.

Con el fin de recuperar el interés de la clientela las empresas exhibidoras hacen fuertes inversiones en obras de arquitectura y decoración de los lugares. Salas alfombradas, mucho neón, asientos reclinables, sonido digital, boleterías computarizadas y una confitería con palomitas de maíz y golosinas de todo tipo hacen parte de este nuevo concepto de atención al cliente. “El público se ha vuelto mucho más sofisticado y exigente. La gente ya no se conforma con ir al cine a ver una buena película y punto”, afirma Gilberto Gallego, vicepresidente operativo y comercial de Cine Colombia.

Pero, paradójicamente —y a diferencia de estos megaproyectos—, comienzan a surgir lentamente los denominados ‘cine-cafés’ o ‘cine-bares’. ¿La razón? La ausencia de películas europeas y de cine arte en los grandes complejos cinematográficos. Estos lugares proyectan por lo general largometrajes de cine independiente, muy diferentes a los presentados en los multiplex. El nicho al que van dirigidos es muy particular y su aparición poco o nada interfiere con la venta de taquilla para ver los filmes estadounidenses.

Todo indica, pues, que la industria de la proyección cinematográfica ha comenzado su repunte. Los proyectos de las empresas parecen ser bastante ambiciosos y prometen arrojar buenos dividendos. Las multisalas continuarán posicionándose en todo el país y con ellas quedarán enterradas definitivamente las grandes salas de barrio que fueron tradicionalmente refugio de cinéfilos, novios y simples aficionados.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.