Domingo, 22 de enero de 2017

| 1994/08/01 00:00

UN NUEVO SENDERO

En un foro celebrado en Bogotá se debatieron las últimas teorías sobre crecimiento económico.

UN NUEVO SENDERO

LA SEMANA PASADA SE realizó en la capital del país un seminario sobre crecimiento económico organizado por el Banco de la República, el Ministerio de Hacienda, Planeación Nacional, el Banco Mundial y el BID con asistencia de un importante elenco de académicos y estudiosos sobre el tema, entre los que se encontraban el profesor Michael Bruno y William Easterly, del Banco Mundial; la vicepresidenta ejecutiva del BID, Nancy Birdsall; el profesor Alberto Alesina, de Harvard; el profesor y ex ministro venezolano, Moises Naim, además de los más destacados representantes de la tecnocracia económica colombiana.
El seminario no sólo sirvió para crear un foro de discusión, sino para poner de presente toda la evolución que se ha venido dando en las teorías del desarrollo. Hasta hace pocos años los estudiosos del tema se habían concentrado en la inversión y los mecanismos de ahorro, tanto interno como externo, que se requerían para financiar el crecimiento. La vieja óptica partía del principio de que donde el capital era escaso tenía que tener retornos altos. Y sobre esa base se fundamentaba la teoría de que el capital debía entonces fluir hacia los países pobres. Y eso permitiría que alcanzaran a los países ricos rápidamente.
Lo que se pudo constatar en el seminario es que esa teoría está revaluada en buena medida. La nueva escuela de la teoría del crecimiento y el desarrollo hace énfasis en toda una serie adicional de factores, comenzando por el capital humano pero sin desconocer otros concomitantes como la continuidad en la política macroeconómica, la estabilidad política, la distribución del ingreso y la apertura de mayores espacios de participación al sector privado.
El capital humano y concretamente la educación fueron el tema central. La evidencia empírica demuestra que el capital humano tiene mayores rendimientos donde es abundante, pues una persona educada rinde más donde hay otras personas educadas con las cuales pueda trabajar. Pero el gasto en educación hay que tomarlo con beneficio de inventario. No se trata de incrementar de manera indiscriminada el gasto social pues eso por sí sólo no es la solución. Los países deben buscar eficiencia y calidad en la educación para optimizar ese gasto. De hecho, Colombia gasta mucho más -como porcentaje del Producto Interno Bruto- que varios países del Asia que tienen mayores índices de escolaridad y cobertura.
La continuidad en la política macroeconómica y la estabilidad política son otros de los factores determinantes del crecimiento económico. En una ponencia que despertó mucho interés, el profesor Alberto Alesina demostró cómo el desempeño macroeconómico de corto y largo plazo se ve afectado por las fuerzas políticas y los arreglos institucionales. Según él, "unas instituciones políticas estables que promueven las libertades cívicas y empresariales, una distribución del ingreso que evite excesivas desigualdades, un banco central independiente que persiga una estabilidad monetaria y unas instituciones presupuestales que ayuden a mantener una disciplina fiscal, son los ingredientes cruciales para un crecimiento balanceado y sostenido ".
El comportamiento comparativo de la tasa de crecimiento en América Latina y Africa, de un lado, y el de países como los del sureste asiático o Chile durante la década de los 80 son un ejemplo típico y reciente de esto. Mientras que los primeros se caracterizaron por una gran inestabilidad política que se reflejó en las menores tasas de crecimiento a nivel mundial los segundos presentaron un resultado totalmente inverso: gran estabilidad y las mayores tasas de crecimiento.
En materia de distribución del ingreso también se invirtió la teoría. En el pasado se sostenía que el crecimiento económico generaba distribución del ingreso. Ahora el proceso es al contrario. Una mejor distribución del ingreso conduce a mayores tasas de crecimiento. Tres son las razones que se presentan. La primera es que mientras mayor sea la desigualdad menor será la capacidad de ahorro y de inversión de los pobres. La segunda es que la desigualdad en el ingreso presiona políticas fiscales redistributivas que requieren impuestos que distorsionan y reducen el crecimiento. Y la tercera argumenta que la desigualdad estimula la polarización y el descontento social.
Por último la nueva teoría del crecimiento recomienda abrirle espacios a la inversión privada para sustituir la inversión pública puesto que la primera presenta mayores índices de eficiencia. El rol del gobierno debe centrarse en fortalecer esa participación y en crear un entorno favorable para su desenvolvimiento. La consolidación de un ambiente estable y sostenido de crecimiento es uno de los factores más importantes para la inversión.
Frente a esos nuevos escenarios y teorías ¿cómo se encuentra Colombia? La verdad es que muchas de las reformas estructurales ya se han implementado y el país ha venido creciendo en los últimos dos años a tasas del orden del 5 por ciento. Escenarios como Cusiana y la bonanza cafetera que se vislumbra son buenos augurios para que esa tendencia continúe y se consolide. Sin embargo cualquier paso en falso puede dar al traste con el proceso pues otra de las enseñanzas de la semana pasada fue que las crisis coyunturales tienen un impacto en el largo plazo mucho mayor de lo que se piensa. -

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