Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 1992/10/26 00:00

UN PAIS EN VENTA

Después de 75 años de rígido estatismo, este jueves comienza en Rusia la mayor privatización de la historia.

UN PAIS EN VENTA


EN OCTUBRE DE 1917 LOS BOLCHEVIQUES LLEgaron al poder en Rusia y se inició un proceso de centralización total de la economía. Tres cuartos de siglo después, y también en octubre, comienza en firme el que será, sin duda, el proceso de privatización más grande en la historia de la humanidad. Un proceso al que algunos analistas denominan desde ya "la segunda revolución de octubre". Y que conducirá, en menos de un año, a que 7.000 empresas estatales, que representan el 40 por ciento de la industria rusa, pasen a manos privadas.
Este jueves, primero de octubre, los 150 millones de habitantes de Rusia comenzarán a recibir, de manos del gobierno, un voucher o bono equivalente a 10.000 rublos (algo así como 35.000 pesos colombianos) que les dará derecho a comprar acciones en empresas del Estado, muchas de las cuales serán puestas en venta en lo que resta del presente año. O que podrán, en su defecto, vender en efectivo a otros inversionistas.
Con esa medida, el gobierno de Boris Yeltsin espera que su proceso de reforma económica se torne irreversible, gracias a la creación de una masiva clase media, compuesta en lo fundamental de pequeños propietarios. Y aunque muchos dudan de la bondad del proceso, y creen que al final la propiedad se concentrará en pocas manos, como pasa en casi todos los países capitalistas, lo cierto es que Rusia no será la misma después de la distribución de los primeros vouchers.
Hasta el año pasado, el verbo privatizar no existia en el diccionario ruso. Pero ahora es uno de los más conjugados, porque casi todo el antiguo país de zares y de soviets está para la venta. Se trata de la privatización más gigantesca del mundo, pues en Rusia todos los recursos pertenecen al Estado: desde las fábricas de misiles y las tierras, hasta los restaurantes, las salas de belleza, las remontadoras de calzado y las lavanderías y los quioscos de venta de periódicos. Aunque no todos pasarán por igual a manos del sector privado.
Según la ley de privatización, los bienes y empresas del Estado se dividen en cuatro grupos. En el primero están las empresas de privatización obligatoria: comercio, servicios, construcción, industria liviana y alimenticia, empresas en quiebra, proyectos congelados o inacabados y bienes de transporte. El segundo corresponde a los sectores cuya privatización es apcional: recursos naturales, bancos y bienes de las Fuerzas Armadas. El tercero, a empresas privatizables con permiso del gobierno: grandes fábricas, plantas de armamento, minería, metales preciosos y radiactivos, petróleo y gas. El último, a las industrias no privatizables.
No todas las empresas privatizables serán vendidas, además, al mismo tiempo. Entre 1992 y 1993 y como se dijo, se privatizarán cerca de 7.000 establecimientos, que constituyen el 40 por ciento de las empresas. En una segunda etapa, que debe concluir a finales de 1994, se privatizará otro 20 por ciento. Y en una etapa final, prevista para 1995, quedará en manos del sector privado las dos terceras partes de la economía rusa. Eso si se cumplen las metas del gobierno. Porque lo cierto es que todavía existen sectores que se oponen a la privatización, pues con ella perderían los beneficios que han derivado de la burocracia estatal.
Y porque, además, el esquema de privatización es bastante complicado. En toda Europa del Este hay un debate sobre cuál es la mejor forma de trasladar la propiedad de las empresas estatales al sector privado: si repartir gratuitamente las acciones entre la población, entregar la propiedad de las empresas a los llamados "colectivos de trabajo" (empleados y administradores) o venderlas al mejor postor. El gobierno ruso escogió una ruta intermedia y optó por una combinación de tres variantes para la venta de sus empresas, dependiendo de su naturaleza.
En la primera, los trabajadores reciben gratis un 25 por ciento de las acciones, sin derecho a voto; los administradores pueden comprar un cinco por ciento de las acciones, con vóto, y todo el "colectivo de trabajo" puede comprar un 10 por ciento más, con un precio preferencial. De las acciones restantes, el 50 por ciento, es decir, el control de la emprésa, será vendido en bloque a un inversionista o consorcio mediante una subasta o licitación. Y el 10 por ciento restante será vendido libremente a la población, que podrá usar para el efecto sus bonos oficiales.
La segunda variante permite al "colectivo de trabajo" comprar el 51 por ciento del paquete accionario, pagando la mitad en bonos y la mitad en efectivo, a precio de mercado. De las acciones restantes, el 10 por ciento será vendido al público en bonos y el 39 por ciento en efectivo. Y la tercera permite que un grupo de trabajadores, con el consentimiento de la administración de la empresa, asuma la responsabilidad de conducirla por un año, al término del cual, si el resultado ha sido positivo, obtienen el derecho de comprar hasta el 20 por ciento del capital en acciones con derecho a voto.
Todo lo anterior quiere decir que el proceso será bastante complicado, ya que la definición de la naturaleza de una industria y de la variante por seguir pueden retrasar la privatización.
Previendo eso, el gobierno estableció que el control de las acciones que todavía no se hayan privatizado quedará en manos del Fondo de Propiedad de Rusia, que se encargará de venderlas mediante subasta o licitación si la empresa es de privatización obligatoria, o quedarán en manos del Estado en caso contrario.
No es muy claro, tampoco, que la población vaya a ejercer su derecho a ser propietaria de acciones. En teoria, con su voucher o bono, cada ruso podrá elegir la empresa que más le guste y comprar un pedacito. En ese caso tendría que asesorarse de un experto para no invertir su bono en una empresa que quiebre a la semana siguiente. Pero en la práctica, según los especialistas, se impondrá la concentración de los bonos en los fondos de inversión de los bancos comerciales, que de esa manera podrán adquirir el control del paquete accionario de las empresas.
La verdad es que a pocos días de iniciarse la distribución de los famosos vouchers, casi nadie sabe como van a funcionar en la práctica, ni qué van a hacer con ellos. Y todo el mundo está descontento con el que se ha dicho que será su valor, pues 10.000 rublos es muy poco para las expectativas que el gobierno había despertado."Trabajé 40 años y al final me dan 10.000 rublos, que hoy no son nada. ¿Y me dicen que esta es mi parte de todas las riquezas de este país?", protestaba un jubilado.
El Periódico Izvestia del 25 de agosto comparó el precio de los bonos con el de unas botas de invierno para mujer, y otro periódico moscovita le siguó la cuerda, dando el ejemplo de una profesora que ya acordó vender sus vouchers a una amiga para comprar sus tan necesitadas botas.
Según el diario, cerca de la mitad de las personas entrevistadas venderá inmediatamente sus bonos. Lo que quiere decir que la población está viendo su distribución no como un cambio radical, que los convierte en propietarios capitalistas, sino como una compensación por el descenso en su nivel de vida.
Otros periódicos han criticado el plan diciendo que en la práctica los vouchers van a caer en manos de la "mafia" término con el cual los rusos designan la red invisible que controla el mercado de distintos productos, o de la "nomenklatura", es decir, de los viejos burócratas comunistas, que terminarían haciéndose al control de las empresas a través de la compra masiva de vouchers a la población. A tal punta que Gavril Popov, ex alcalde de Moscú.
partidario declarado de la economía de mercado, acusó al gobierno de que su plan sirve a los intereses de la "nomenklatura militar industrial".
Los más radicales, por su parte, dicen que no se va a privatizar prácticamente nada, porque el Estado se quedará con más del 50 por ciento de las acciones en sus manos. "En este caso el estatuto de una empresa convertida en sociedad por acciones no será de hecho diferente de su actual estado", según el semanario Delovoi Mir. Y no faltan quienes hablen de la peligrosa inflación que se puede desatar con la venta masiva de los bonos.
pues estos no son otra cosa que dinero encubierto.
Con todos sus problemas, Sin embargo, la decisión del gobierno ruso parece irreversible. Y aun sin la participación de la población local, la privatización será un hecho, porque para los inversionistas de occidente su participación en compañías rusas sería una verdadera ganga. En palabras de un alto ejecutivo de Salomon Brothers, "los rusos no pueden seguir esperando; ellos necesitan mucho capital, y la privatización es la única forma de atraerlo".

Un ponqué de mil tajadas
TODAS LAS MIRADAS CONVERgen en Rusia. Hace apenas dos semanas, las dos compañías petroleras más grandes de los Estados Unidos, la Exxon y la Mobil, anunciaron que unirán sus fuerzas con el fin de presentar a las autoridades rusas un proyecto conjunto de exploración y producción de crudo en los riquísimos campos de Siberia Occidental.
Según el New York Times es la primera vez, después de 20 años, que las dos grandes compañias se unen para realizar un proyecto. Y es que con la combinación de su experiencia en materia financiera, de análisis sísmico, de perforación de pozos y de construcción de oleoductos, las dos gigantes esperan convencer a los rusos de que les otorguen una concesión en el que muchos consideran el campo más promisorio de la región siberiana.
Rusia es en este momento uno de los principales productores de petróleo del mundo, con reservas probadas cercanas a los 60.000 millones de barriles. Pero son muchos los geólogos que consideran que el extenso país está todavía por explorar. Y que sus reservas potenciales pueden llegar a superar los 256.000 millones de barriles que tiene Arabia Saudita, el mayor productor.
La exploración petrolera en Rusia tiene un altísimo riesgo, y esa es otra de las razones para la unión entre la Exxon y la Mobil. "A pesar de los cambios ocurridos en los últimos años, las compañías occidentales todavía no se sienten seguras invirtiendo grandes capitales en proyectos de producción y explotación en Rusia, y por eso es mejor estar cubiertos", aseguró hace pocos días uno de sus ejecutivos .
La Exxon y la Mobil habían participado sin éxito, a comienzos del presente año, en un concurso para desarrollar los campos de gas de la isla rusa de Sakhalin, contrato que le fue otorgado a un consorcio compuesto por las compañías Marathon, McDermont y Mitsui.
Y por eso, en esta ocasión, y dados los grandes intereses que están en juego, decidieron unir esfuerzos.

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