Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Un rotundo sí al comercio

La liberalización de los mercados favorece especialmente a los países en desarrollo. El reto de la ronda de Doha es demostrarlo, dice el experto William R. Cline.*

No faltaron las protestas diarias en la ronda de Doha que se realizó en Hong Kong. Participaron personas de todo el mundo y con todo tipo de atuendos, como es el caso de este hombre surcoreano.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 volvieron a enfocar la atención internacional hacia el problema de la pobreza mundial. La ronda de Doha de conversaciones sobre el comercio fue llamada la "ronda del desarrollo" en parte porque se percibió que el desarrollo era más urgente que nunca. Hay una correlación clara en los países entre el crecimiento de las exportaciones y el crecimiento económico durante las pasadas dos décadas. Cada punto adicional al porcentaje en el crecimiento de las exportaciones ha sido asociado con un crecimiento del 0,015 por ciento en el PIB. El comercio también genera crecimiento económico, el principal motor en la reducción de la pobreza. Por ejemplo, en los países asiáticos donde el ingreso es distribuido de manera relativamente equitativa, un aumento del 1 por ciento en el ingreso per cápita tiende a reducir el número de personas viviendo en la pobreza entre 2 y 3 por ciento; en América Latina y África la relación es de 1 a 2 por ciento. La ronda de Doha ofrece una oportunidad importante para los países en vías de desarrollo porque sigue habiendo una protección sustancial contra sus productos en los mercados de los industrializados. La influencia combinada del subsidio y la protección de las tarifas en la agricultura resulta en una tarifa equivalente a cerca del 20 por ciento en Estados Unidos, 50 por ciento en la Unión Europea y 80 por ciento en Japón. Estas también son altas en textiles y ropa. Estimo que cerca de 500 millones de personas podrían salir de la pobreza -definida como vivir con 2 dólares o menos al día en poder de compra- durante 15 años liberando el comercio global. Esto llevaría a una reducción de la pobreza del 20 por ciento. El crecimiento en el ingreso para los países en desarrollo llegaría a 200.000 millones de dólares anualmente (en dólares de 1997). De este total, por lo menos la mitad habría salido por la eliminación de la protección al comercio en los industrializados. Esto significa que éstos traspasarían casi el doble de beneficios a los países en desarrollo al eliminar la protección al tiempo que suministran apoyo al desarrollo. Más aún, estos beneficios para las naciones en vías de desarrollo ayudarían a los consumidores en los industrializados porque bajarían los precios en las importaciones, en vez de convertirse en una carga para los contribuyentes como ocurre con los auxilios actualmente. Una condición importante en la ronda de Doha es la liberalización de la protección a manufacturas y servicios por parte de los países en desarrollo a cambio de la liberalización de la agricultura de los industrializados. Aparte de textiles y prendas de vestir, las tarifas a las manufacturas de los estados industrializados son en promedio el 3 por ciento; en los en desarrollo, alrededor del 12 por ciento. Los análisis económicos muestran que la ganancia generada por la liberalización sería mayor en servicios que en bienes. Los países industrializados quieren expandir el acceso de sus firmas multinacionales en áreas como servicios financieros e infraestructura. Las naciones en desarrollo tienden a ser cautelosos al abrir estas áreas, pero la mayoría de los que han abierto sus sectores bancarios a firmas extranjeras han encontrado que hacerlo ayuda a estabilizar el sistema bancario doméstico. El sector agrícola es la clave El marco de trabajo acordado en Ginebra en julio de 2004 se centró en la eliminación de subsidios a la exportación en el agro y un recorte de por lo menos 20 por ciento en otros subsidios agropecuarios. La ronda de Doha tendrá que ir mucho más allá del marco de trabajo para obtener resultados importantes. Las altas tarifas en el sector agrícola deben ser cortadas tajantemente, y los subsidios separados de la producción, de tal manera que no promuevan una producción por encima de los niveles normales de representación de las fuerzas del mercado, cuya consecuencia sería causar una depresión en los precios mundiales. Una meta digna para la ronda de Doha es recortar los niveles permitidos para los subsidios que acompañan la producción por lo menos a la mitad de los niveles de los últimos años. En la búsqueda del acuerdo, sería muy conveniente si países en vías de desarrollo importantes como Brasil e India adoptaran grandes recortes en los altos aranceles agrarios, en vez de depender de los mecanismos temporales de salvaguarda de la OMC en el evento de alguna oleada de importaciones agrícolas. La liberalización del comercio agropecuario elevaría los precios mundiales de los bienes agrícolas, al dejar los países industrializados de estimular artificialmente los suministros y empezar a importar más de las naciones en vías de desarrollo. Porque cerca de 75 por ciento de los pobres del mundo están en el sector agrario, hay una buena razón para esperar que la liberalización de los mercados de los países industrializados ayudaría a reducir la pobreza global. Sin embargo, algunos argumentan que los países menos desarrollados sufrirían por estos cambios, porque son importadores de comida y tendrían que enfrentarse a precios mayores después de una liberalización global. Mi estudio de 2004 examinó este tema y concluyó que esta preocupación es infundada. Resulta que sí tienen ventajas comparativas en comida y agricultura. Si se revisan cuidadosamente los efectos directos e indirectos los países menos desarrollados, se concluye que se beneficiarían de la liberalización global de la agricultura en vez de verse perjudicados. Otro tema de debate es si el comercio libre mundial perjudicaría a los países menos desarrollados porque reduciría sus ventajas especiales por las preferencias arancelarias. Si existiera un verdadero comercio libre, estas naciones ganarían más gracias al acceso a nuevos mercados que de lo que perderían por la eliminación de las preferencias en los Estados Unidos y la Unión Europea. Hasta ahora la respuesta de la política internacional a estas preocupaciones ha sido proponer 'auxilio por comercio'- aumento en la asistencia al desarrollo a los países menos desarrollados que pueden ser sujeto de la eliminación de las preferencias. En vez de este auxilio, los estados industrializados deben aumentar su entrada preferencial existente a estos países hacia un acceso total, como fue propuesto por la Unión Europea. Las naciones más importantes en el comercio tienen la oportunidad de hacer de la ronda de Doha un vehículo realmente significativo en la promoción del desarrollo económico y la reducción de la pobreza global. Con un liderazgo político fuerte, este resultado es alcanzable -y el éxito haría una importante contribución a la lucha por el desarrollo global y contra la pobreza global-.

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