Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/05/26 00:00

UNA BONANZA CON BEMOLES

El auge petrolero generará presiones revaluacionistas que afectarán negativamente al resto de la economía. Los efectos ya se están sintiendo.

UNA BONANZA CON BEMOLES

Para la gente del común puede sonar a peste bovina. Pero para los economistas es el nombre de un fenómeno mediante el cual una bendición puede terminar por convertirse en maldición. Se trata de la enfermedad holandesa, un proceso económico en el que el auge de un producto básico de exportación en un país acaba perjudicando al resto de la economía nacional.Para un observador desprevenido una situación como esta resulta en extremo paradójica. Muchas personas piensan, por ejemplo, que lo mejor que le puede suceder a la economía colombiana para salir de pobre es tener grandes bonanzas exportadoras, como las del café en la segunda mitad de los 70 y a mediados de los 80, o la del petróleo que ya está llegando. Pero el auge de un sector exportador es una moneda con dos caras. Por un lado, es evidente que genera un ingreso importante de dólares que resulta positivo para la balanza de pagos del país, a la vez que representa mayores ingresos para un sector de la población y un mayor dinamismo económico.Pero un boom exportador también tiene efectos negativos. El sector que está en expansión absorbe más mano de obra y capital, lo que encarece el acceso a esos recursos para los demás sectores productivos. De otro lado, la abundancia de dólares resultante de la bonanza exportadora presiona la tasa de cambio hacia abajo, lo que hace que el resto de productos pierdan competitividad en la economía internacional y que las importaciones del resto del mundo sean más baratas. De esta manera, lo que es bueno para un sector de la economía _el que está en bonanza_ resulta malo para los demás. Eso es justamente lo que los economistas llaman enfermedad holandesa.Nubes de oro negro Por eso muchos empresarios colombianos están asustados por lo que podría significar para sus sectores la bonanza petrolera en la que está entrando el país. Si bien los especialistas calculan que el nivel más alto de las exportaciones petroleras se dará hacia el final de esta década, este año el país empieza a exportar en firme el petróleo de Cusiana y Cupiagua y muy pronto la producción nacional de crudo superará los 500.000 barriles diarios. Lo grave es que las presiones revaluacionistas se están sintiendo desde ya. Hace apenas un mes la tasa de cambio real _que además de la relación entre el peso y el dólar incluye el efecto de la inflación_ bajó a niveles que no se observaban desde 1985. En palabras de Armando Montenegro, presidente de Anif, "el reloj económico del país se ha atrasado casi 12 años". Detrás de este fenómeno hay factores como las tasas de interés que atraen capitales especulativos del exterior, el alto endeudamiento externo público y privado y las expectativas de una gran revaluación en el futuro cercano por cuenta de la bonanza petrolera. Y lo cierto es que las expectativas de revaluación en los próximos años son grandes. Un estudio reciente de Fedesarrollo sobre el efecto de la bonanza petrolera en el sector exportador señala que la venta al exterior del crudo encontrado hasta el momento en el país implicaría una revaluación real del peso de 4 por ciento al año hasta 1999 y de 2 por ciento a partir de ese año, con el consecuente efecto negativo sobre la producción nacional (ver gráfico).¿Hay salida?Para evitar esta situación no basta con pedirle a la Junta Directiva del Banco de la República una mayor devaluación nominal. Para lograr ese objetivo el Emisor tendría que comprar más divisas, con lo cual aumentaría la cantidad de pesos que circulan en la economía y presionaría un crecimiento de los precios. Así la inflación terminaría siendo mayor que la devaluación y la tasa de cambio real caería de todas maneras. La solución parece estar por otro lado. El gobierno tiene en sus manos instrumentos para contrarrestar los efectos revaluacionistas de la bonanza petrolera. Según el mismo estudio de Fedesarrollo, la evolución de la tasa de cambio real del país cambiaría notablemente si las autoridades redujeran en serio el déficit fiscal e impusieran limitaciones efectivas a la capacidad de endeudamiento de la economía en el exterior (ver gráfico).Lo que queda claro es que, como van las cosas, el país está abocado a sufrir los rigores de la enfermedad holandesa generada por la bonanza petrolera. Sólo si el gobierno se decide a reducir drásticamente el déficit fiscal, haciendo recortes estructurales en el gasto público, el panorama mejoraría. Y muchos dudan que la administración Samper esté dispuesta a hacerlo en pleno año preelectoral.

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