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| 7/4/1994 12:00:00 AM

UNA BUENA IMPRESION

Danaranjo resurge de las cenizas tras millonarias pérdidas y estar al borde del concordato.

EL 14 DE SEPTIEMBRE DE 1990 la Superintendencia de Sociedades llamó a concordato preventivo a Danaranjo. El hecho causó estupor, pues la compañía era una de las más tradicionales en el sector de las artes gráficas en Colombia. Fundada en mayo de 1943 por José David Naranjo Molina, un quindiano de 30 años, Danaranjo se había logrado consolidar en los años 70 como la segunda empresa del sector después de Carvajal.
Durante los 80 la compañía tuvo un crecimiento acelerado que la llevó a un a diversificación de productos muy grande, al atacar las más diversas líneas editoriales. Eso obligó a millonarias inversiones de capital con recursos que no se financiaron de la forma más eficiente, pues en su mayor parte se contrajeron en créditos a corto plazo. La generación de recursos no fue suficiente para responder a tiempo por las deudas.
Vinieron los problemas y en 1989 arrojó pérdidas por 300 millones de pesos. La situación se hizo insostenible, llegó la iliquidez y, en junio de 1990, los administradores debieron sentarse a negociar con los acreedores financieros una reestructuración de los pasivos. Sin embargo, llegó septiembre y no hubo acuerdo, lo que obligó a la intervención de la Supersociedades. La empresa cambió a sus directivos y como gerente asumió Aristóbulo Corredor Villamil, quien venía de trabajar con el gremio cafetero como asesor de inversiones y proyectos de la Fedecafé.
Con nuevos negociadores de por medio, Danaranjo interpuso recurso de reposición a la orden de concordato y reanudó negociaciones con los acreedores -los bancos de Colombia, Cafetero, Ganadero, el IFI, Invercrédito, la Caja Agraria y las corporaciones financieras de Caldas, del Valle y Colombiana-. El primero de octubre siguiente logró un acuerdo, por medio del cual reestructuró obligaciones por 2.500 millones de pesos a cuatro años y medio de plazo y con las tasas de interés originalmente pactadas en cada deuda, lo que significa que no hubo ningún tipo de subsidio.
Con el convenio, la Superintendencia de Sociedades revocó la orden concordataria y se normalizó la situación jurídica de la compañía. Desde allí todo fue trabajo de recuperación. La nómina de empleados se redujo de 850 a 480 en diciembre de 1991 -hoy cuenta con 600 trabajadores-. La empresa decidió entonces concentrarse en nichos de producción como los de valores o papel de seguridad, formas continuas, cuadernos, elementos de papelería, libretas de taquigrafía y directorios telefónicos.
En su planta de Bogotá, que cuenta con un área de bodega de 12.500 metros cuadrados, imprime semanalmente más de dos millones de billetes para 14 loterías del país, chequeras, recibos de consignación, facturas; produce cuatro directorios de grandes ciudades, y negocia con empresas de naciones vecinas para abrir los horizontes de comercialización en la región.
Al culminar 1990 Danaranjo llegó a tener pérdidas acumuladas por 2.100 millones de pesos; pero en marzo pasado consiguió acabar con los números en rojo, al reportar un balance positivo acumulado de 95 millones de pesos. Todo después de que en diciembre de 1993 pagó totalmente sus deudas, 18 meses antes de lo convenido con sus acreedores. Y aunque la situación de Danaranjo dio la idea de que estuvo en concordato, lo cierto es que ni siquiera su propiedad accionaria se vio comprometida. Es más: hoy la empresa quiere volver a dar, como dice su lema, "la mejor impresión de Colombia".-
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