Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/10/21 00:00

UNA DULCE DISPUTA

Al Ingenio Manuelita le apareció un competidor con una marca tan parecida que decidió pedir la nulidad de su registro.

UNA DULCE DISPUTA

Hablar de palabras parónimas evoca un vago recuerdo de las clases de español del colegio, y requiere una consulta al diccionario de la Real Academia de la Lengua para saber su significado: "Aplícase a cada uno de dos o más vocablos que tienen una relación entre sí o semejanza, o por su etimología o solamente por su forma o sonido". Es decir, son las palabras que se parecen pero son distintas, algo difícil de encontrar en el día a día, pero muy frecuente cuando se trata de marcas reconocidas que alguien decide imitar con un nombre similar pero no idéntico. Ese es el caso de una de las compañías productoras de azúcar más tradicionales del país: el Ingenio Manuelita, al que hace cuatro años le apareció una especie de mellizo: Productos Manolita, que también vende azúcar en bolsas y cubos. Se trata de dos palabras que sólo se diferencian en dos fonemas pero que a juicio de muchos pueden prestarse para confusiones. El problema empezó en junio de 1992 cuando la Superintendencia de Industria y Comercio le autorizó al señor Pedro Samaniego registrar la marca Manolita para empacar azúcar, entre otros productos, la cual había sido solicitada en noviembre de 1986. Luego, en septiembre de 1994, su hermana, Olga Inés Samaniego, constituyó la sociedad Productos Manolita, para la "producción, empacado, distribución y explotación mercantil de todo tipo de productos tales como azúcar, sal, café, harinas, salsas y grasas bien sean comestibles o no". Desde aquella época ha habido un sabor amargo en Manuelita. Y aunque según la compañía al principio hubo conversaciones con Manolita para buscar que retiraran el nombre, como no lograron nada recurririeron a las instancias judiciales. De ahí que en septiembre de 1995 Manuelita demandara a Manolita ante los jueces civiles del circuito por la utilización indebida de un nombre comercial, lo que está prohibido por el Código de Comercio. La pelea no se quedó ahí. En abril de este año la empresa acudió al Consejo de Estado, ante el cual presentó una nueva demanda, amparada también en el Código de Comercio, tras argumentar que el titular de una marca puede solicitar la nulidad de otra cuando la segunda ha sido concedida en contra de la legislación marcaria. Según Juan Pablo Cadena de Brigard & Castro, la firma de abogados que maneja el caso de parte de Manuelita, "la Superintendencia no podía conceder la marca Manolita porque había un nombre comercial similar protegido con anterioridad". Aunque parezca suficiente haber acudido a dos instancias judiciales, Manuelita fue más allá. En julio de este año la compañía tocó también las puertas de la Superintendencia de Industria y Comercio para solicitar la nulidad de la marca Manolita. La razón es que cuando dicho nombre fue aprobado ya existía una marca notoria de nombre similar, que es Manuelita. Según una fuente de la Superintendencia, "la demanda fue admitida porque estaba bien presentada y actualmente se encuentra en trámite". En la misma situación están las que se presentaron ante los jueces civiles y el Consejo de Estado, de manera que aún no se sabe en qué van a quedar las cosas. En concepto de Alvaro Galeano, director de mercadeo de Manuelita, "hay un signo notoriamente conocido que es Manuelita, de manera que una marca similar puede generar confusión en los consumidores". Según él, es tan evidente el parecido que ambas marcas no pueden coexistir. Aunque SEMANA intentó obtener la respuesta de la familia Samaniego sobre el caso, ésta prefirió abstenerse de opinar. La notoriedad del parecido es el principal argumento legal para pedir que la marca Manolita se acabe. Según Brigard & Castro Abogados, la Comisión del Acuerdo de Cartagena, que legisla para el Grupo Andino en estas materias, confiere al titular del registro de una marca el derecho a impedir que un tercero, sin su autorización, utilice una marca idéntica o similar a la suya. Cuando eso ocurre se da la llamada piratería marcaria, que tiene antecedentes en Colombia con los nombres de Benetton y Náutica, y que cada día se ha vuelto más frecuente con las marcas nacionales. Pero más allá del aspecto legal, lo cierto es que en el caso del azúcar lo que hay es una guerra entre gigante y enano. De hecho, Manuelita tiene una tradición de 132 años en el mercado colombiano y todo el país la conoce. Sus activos superan los 174.000 millones de pesos, sus ventas alcanzaron la suma de 142.086 millones el año pasado y sus utilidades los 9.204 millones de pesos. Manolita, cuya sede está en Soacha _Cundinamarca_, tiene en cambio activos por 91 millones, su patrimonio es de 30 millones y sus ventas fueron de 119 millones en 1995, en tanto que logró utilidades por seis millones de pesos. Además de eso, Manuelita es de los pocos ingenios que produce azúcar refinada _el otro es Riopaila_, cuya calidad es mejor que la que vende, por ejemplo, Manolita, que es la sulfitada. Es probable que, como ocurre casi siempre, el gigante logre ganarle la pelea al enano. No obstante, como en el campo legal es tan difícil adelantarse, puede que el enano se crezca en el momento de pelear por lo suyo, de manera que saber en qué va a quedar la disputa más dulce de los últimos tiempos es prácticamente imposible.

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