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| 5/20/1996 12:00:00 AM

UNA TERAPIA DOLOROSA

LAS MEDIDAS ECONOMICAS ADOPTADAS POR EL GOBIERNO VENEZOLANO VAN EN LA DIRECCION CORRECTA Y A LA LARGA LE CONVIENEN A COLOMBIA.

Si un amigo está en una mala situación económica es natural que él se preocupe y uno lo consuele. Pero si además de amigo se trata de un socio, la preocupación es para uno. Ese es el caso de Venezuela y Colombia, dos países que en los últimos años han pasado de ser simples vecinos y amigos a ser socios inseparables en el co-mercio y la inversión. Eso explica el que muchos empresarios colombianos hayan aceptado con resignación el nuevo ajuste económico del presidente Caldera, aun a pesar de que su efecto inmediato sobre sus negocios sea negativo. Se trata de una medicina que, aunque amarga, le puede terminar sirviendo a los dos países.Y es que la receta no podía ser más desabrida. El paquete económico anunciado por Caldera la semana anterior hizo recordar a muchos los severos ajustes de la época más dura de la crisis de la deuda externa latinoamericana. Las medidas incluyen un aumento de 500 por ciento en el precio de la gasolina _que pasó de 10 a 60 bolívares por litro, una elevación en las tarifas de los servicios públicos superior al 40 por ciento y un aumento del impuesto a las ventas. El paquete dispone además la eliminación de los controles al mercado cambiario y la libre determinación del precio del dólar, lo que quiere decir en la práctica que esta semana se observará una devaluación del bolívar de alrededor de 70 por ciento.Las caras largas en Venezuela se encuentran por todas partes, y no es sólo debido a que ahora los venezolanos tendrán que pagar cinco veces más por una gasolina que hasta la semana anterior costaba menos que el agua mineral embotellada. Para nadie es un secreto que las medidas adoptadas acelerarán la inflación, la cual, según algunos analistas, pasaría de un nivel de 57 por ciento en 1995 a más de 120 por ciento en el presente año. De otro lado, el efecto negativo de este disparo inflacionario sobre el poder adquisitivo de los venezolanos, así como las mayores tasas de interés y los mayores impuestos, se deben traducir en la contracción de una economía cuyo desempleo ya supera el 11 por ciento. Como dijo un analista económico venezolano a SEMANA: "No hay que hacerse falsas ilusiones. Los efectos de corto plazo serán dolorosos: mayor inflación con recesión".Las preocupaciones sobre el futuro inmediato han traspasado la frontera. Para muchos empresarios colombianos la devaluación venezolana, sumada a su menor actividad económica, significarán un duro golpe para sus exportaciones. La participación del mercado venezolano en las ventas totales de Colombia al exterior pasó de 6 por ciento en 1991 a 10 por ciento el año anterior. Pero lo más importante es lo que ha venido sucediendo con las exportaciones no tradicionales, las cuales incorporan más tecnología y mayor valor agregado nacional: en cuatro años de integración comercial Venezuela se ha convertido en el principal destino de nuestros productos industriales, desplazando incluso a Estados Unidos (ver gráfica). Con este nivel de dependencia, los estragos del ajuste venezolano sobre la industria colombiana no son nada despreciables. En palabras de un exitoso empresario colombiano que exporta a Venezuela: "Por cuenta de la devaluación del bolívar las ventas externas de mi firma se caerán en más de una tercera parte en este año".Pero para los analistas económicos este trago amargo hay que aguantarlo, porque no sólo es necesario sino conveniente para los dos países. Como dijo a SEMANA Mauricio Cárdenas, director de Fedesarrollo: "Se trata de un ajuste severo, pero que era inaplazable. Constituye la única posibilidad de generar una base sólida para un sano crecimiento de la economía venezolana, y esa perspectiva le conviene a Colombia". Y es que los desequilibrios de la economía venezolana se han venido acentuando en los últimos años hasta dejarla prácticamente descuadernada. En medio de la desconfianza sobre las cifras oficiales, analistas económicos independientes estiman que el déficit fiscal puede ascender a casi 8 por ciento del Producto Interno Bruto _PIB_, cifra que casi se duplica si se contabilizan los recursos que el Estado ha gastado para respaldar a los bancos privados que se vinieron al suelo con la crisis financiera desde 1994.Con semejante hueco fiscal no es de extrañar que la deuda pública se haya convertido en un verdadero dolor de cabeza. Según un informe reciente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras _Anif_ la deuda del gobierno venezolano _externa e interna_ podría equivaler en la actualidad a alrededor de 70 por ciento del PIB, y tan sólo sus intereses representarían erogaciones anuales cercanas a 10 por ciento del PIB. Lo grave es que el problema fiscal se ha reflejado en el sector externo de la economía. Son tan altos los pagos que debe hacer Venezuela por el servicio de su deuda externa que sus reservas internacionales cayeron en más de 1.900 millones de dólares en 1995, a pesar de haber generado un superávit comercial de 7.500 millones de dólares (equivalente al 75 por ciento de todas las exportaciones colombianas del año anterior).Con una crisis de tal magnitud lo que muchos se preguntan es si las medidas adoptadas serán suficientes. Por ahora los augurios son optimistas. El paquete de medidas no sólo va en la dirección correcta, sino que garantiza un respaldo fundamental para la economía venezolana: el del Fondo Monetario Internacional _FMI_. Si bien el acuerdo que el gobierno de Caldera firmaría con el FMI a finales de mayo representaría un crédito de tan sólo 3.000 millones de dólares, el aval de la entidad multilateral es clave para restablecer la confianza de los inversionistas extranjeros y de los mismos venezolanos que se llevaron sus capitales al exterior. De cualquier manera, la efectividad del ajuste dependerá de dos factores cuyo resultado final es aún impredecible: el programa de privatizaciones del gobierno y la reforma al régimen laboral que se presentaría al Congreso el próximo mes, sin la cual ningún inversionista extranjero se acercaría a Venezuela.Por ahora hay muchos dedos cruzados a ambos lados de la frontera. Como dijo a SEMANA un empresario colombiano que ha invertido en Venezuela y a la vez vende sus productos en ese país: "Yo prefiero darme la pela de una vez aunque sea fuerte, porque son muchos los negocios que quedan por hacer después...".
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