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| 2/12/2011 12:00:00 AM

Unos por otros

Los empresarios están divididos frente al TLC con Corea. A las ensambladoras les pone los pelos de punta y en el sector agropecuario lo ven como una oportunidad.

La negociación de un tratado de libre comercio (TLC) genera siempre tensiones entre los diversos sectores económicos, porque los intereses de todos no se afectan de la misma manera. Hay empresarios que se sienten más afectados que otros y hay quienes resultan favorecidos. Así ha sucedido con todos los TLC que Colombia ha negociado y el que está en trámite con Corea del Sur no es la excepción. Eso sí, tiene ingredientes que lo hacen particularmente sensible para muchos empresarios.

La relevancia de este acuerdo es evidente. Es el primer TLC que se firmará con una de las economías más importantes de Asia: Corea, uno de los milagros económicos de las últimas décadas. Aunque tiene prácticamente la misma población (unos 44 millones de habitantes), produce cuatro veces el PIB de Colombia, tres veces su ingreso per cápita y exporta al año más de 400.000 millones de dólares. A pesar de todo eso, no es un actor de primera línea en el comercio exterior colombiano, pues ni siquiera está en el top de nuestros socios comerciales. Corea envía al país carros y electrodomésticos, y Colombia le vende ferroníquel, café y algunos productos alimenticios elaborados, como bombones y caramelos.

Los más preocupados por la firma de este TLC son las ensambladoras de vehículos y electrodomésticos, los autopartistas, los textileros y fabricantes de cueros, calzado, plásticos y la industria siderúrgica. Todos ellos creen que un TLC con Corea los va a dejar fuera del juego, pues ese país es muy fuerte en esos segmentos. El presidente de Sofasa, Germán Camilo Calle, cree que no habrá reciprocidad porque las ensambladoras colombianas no tienen probabilidades reales de exportar carros a ese mercado. Ese es el tono de los otros industriales preocupados por este acuerdo.

Como siempre, hay quienes ven una gran oportunidad. En esa orilla están los gremios agrícolas. El presidente de la Federación de Avicultores de Colombia (Fenavi), Jorge Enrique Bedoya, cree que esta sería una coyuntura positiva para llegar a Asia con productos agropecuarios y ganar más mercados en el continente con la mayor población. En esa tónica están otros gremios importantes, como la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), la Federación Nacional de Cafeteros, Fedepalma, Asocaña y la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), entre otros.

Hay analistas que han terciado en este debate y creen que Colombia es una economía todavía muy cerrada que debe abrirse al mundo si quiere aprovechar las oportunidades de la globalización. Los TLC son un instrumento que muchos países han adoptado para insertarse en la economía mundial.

Otros piensan que hay que mirar el tema con más cautela. Para el exdirector de Planeación Nacional Jaime Ruiz Llano, un crítico del acuerdo con Corea, lo que está en juego es si Colombia opta entre dos modelos de desarrollo económico: de un lado está el de Chile, es decir, el de apertura total de fronteras renunciando, por ejemplo, a tener sus propias ensambladoras de carros nacionales. En Chile todos los carros que se venden son importados. De otro lado está el modelo mexicano o brasileño, que consiste en apostarle a la apertura, pero matizada por políticas para impulsar algunos sectores industriales locales.

En este momento, este TLC está en ronda de negociaciones. Acaba de terminar una con los equipos de cada país en Los Ángeles. La siguiente está prevista para abril.

La apertura con Corea va a significar, sin lugar a dudas, un golpe para un sector industrial que ha sido sólido, pero también la oportunidad para los empresarios agropecuarios. La apuesta que tiene que resolver el gobierno es difícil. Muchos la han planteado como una gran encrucijada para el presidente Santos: dejar florecer algunos sectores a costa de marchitar otros.
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