Sábado, 21 de enero de 2017

| 2006/12/08 00:00

‘Unplugged’

El daño de un cable submarino puso de presente la fragilidad de Colombia en materia de telecomunicaciones. En 2007 estará listo un proyecto del Grupo Telefónica de España que aumentará en 50 por ciento la capacidad de conexión a Internet.

‘Unplugged’

Parece una novela de Julio Verne, el autor de 20.000 leguas de viaje submarino. Unos buzos se sumergen en las profundidades del Océano Atlántico para arreglar un daño en un cable subacuático que interconecta a 15 países y que dejó sin Internet a la mitad de Colombia por varios días. Ese hecho extraordinario ocurrió la semana pasada, cuando un barco que pasaba cerca de República Dominicana rompió el cable submarino Arcos, una enorme red de fibra óptica que transporta el 50 por ciento del tráfico de datos del país.
El incidente dejó sin Internet a unos dos millones de colombianos. Y los que continuaron con el servicio debieron soportar la lentitud de las páginas, debido a la congestión en las redes que todavía servían. Importantes negocios de comercio electrónico como Éxito.com, Carulla.com, Avianca.com, Tu Boleta.com y varios sitios de subastas que están en el país, dejaron de ganar cientos de millones de pesos como consecuencia del daño.
Ni hablar en la modalidad B2B, que es aquella por medio de la que las empresas hacen negocio entre ellas únicamente por Internet, tales como la compra automática de materias primas. En la lista de damnificados figura, por ejemplo, el Grupo Carvajal, dueño de varios portales especializados, entre ellos IBC Solutions, el más grande del país en B2B. Varias de las 2.000 empresas proveedoras y comercializadoras de la región andina que hacen negocios en este portal no pudieron hacer transacciones la semana pasada, por cuenta de la avería en el cable sumergido.
Las empresas prestadoras del servicio, como ETB, Telecom, Orbitel, Intermexa, Cablenet e Impsat, entre otras, también llevaron del bulto y tuvieron que trabajar a media marcha. La gran mayoría le dio prioridad a sus usuarios en el envío de correos y la navegación pero, a cambio, les restringió la descarga de archivos, canciones y videos.
Es la segunda vez en tres meses que el acceso nacional a Internet se ve seriamente comprometido por una avería del cable submarino Arcos, con las millonarias pérdidas económicas que esto acarrea. Hoy por hoy, una buena parte de las transacciones comerciales en Colombia se realiza por la red. Según un estudio realizado por la firma América Economía Intelligence, las ventas del comercio por Internet en Colombia llegaron a los 205 millones de dólares en el año 2005 (unos 468.000 millones de pesos).

Viaje al fondo del mar
El primer cable submarino que conectó el país con el resto del mundo fue el TCS 1 en 1989. Este era propiedad de Telecom en 50 por ciento y el resto pertenecía a telefónicas estadounidenses como ATT y MCI. De Barranquilla salía hacia Puerto Rico y luego a Estados Unidos, pero como únicamente servía para llamadas internacionales (unas 1.800 simultáneamente), se apagó en 2003.
En 1995 llegó el cable submarino de fibra óptica Panamericano. Parte de Arica (Chile) y se desplaza a Lurín (Perú), Punta Carnero (Ecuador), Ciudad de Panamá y Colón (Panamá). Luego pasa por Barranquilla (Colombia), Punto Fijo (Venezuela), Baby Beach (Aruba), Saint Croix (Islas Vírgenes de Estados Unidos) y Saint Thomas. A pesar de que su capacidad de conexión es muy poca (en Colombia transmite menos del 5 por ciento de los datos), todavía no se ha apagado.
En el año 2000 llegó por Tolú el cable submarino Maya. Actualmente es el responsable del 50 por ciento de la conexión a Internet de Colombia con el resto del mundo, y viceversa. Sus nodos están en Hollywood (Florida, Estados Unidos.), Cancún (México), Puerto Cortés (Honduras), Gran Caymán (Islas Caymán), Puerto Limón (Costa Rica), Colón (Panamá) y Tolú (Colombia), con una longitud de 4.400 kilómetros. Este cable, al igual que el Panamericano, es administrado por Telecom y fue construido por un consorcio de empresas telefónicas estatales. En seis años de existencia, sólo ha tenido una falla.
Por esa misma época llegó a Cartagena el cable Arcos. Este sistema es el responsable del daño de la semana pasada y el dueño de la mitad de la capacidad de conexión del país a Internet. A diferencia de los dos anteriores, Arcos fue construido por la banca privada. La empresa New World Network (NWN) es la dueña de la red, un anillo de fibra óptica de 8.600 kilómetros de longitud que une a 15 países del Caribe con una población de 200 millones de habitantes. El problema es que en apenas seis años de existencia, Arcos ya se ha averiado unas 20 veces (dos de ellas en los últimos tres meses). La razón: la poca profundidad del Mar Caribe, que hace que las anclas de los barcos se tropiecen con los cables.
Por eso la preocupación de muchos observadores del sector de telecomunicaciones. Colombia no puede seguir dependiendo exclusivamente de dos cables submarinos, que prácticamente trabajan con capacidades copadas. Mucho menos si los planes del gobierno son aumentar la penetración de Internet (que por ahora es apenas del 10 por ciento) y las conexiones de banda ancha (actualmente existen unos 500.000 accesos en el país).
La buena noticia es que a partir del segundo semestre de 2007 habrá un nuevo cable submarino en Colombia. Según lo pudo establecer SEMANA, se trata del SAM 1, una infraestructura submarina de 25.000 kilómetros de longitud que cruza siete países: Argentina, Brasil, Puerto Rico, Estados Unidos, Guatemala, Perú y Chile. Su dueño, el Grupo Telefónica de España, espera poder sacarle un brazo de 1.500 kilómetros de conexión con Colombia.
Se trata, en plata blanca, de un proyecto de 30 millones de dólares. El punto de amarre será por Barranquilla, desde donde partirá un cable hasta Puerto Rico y de allí se integrará con el resto del sistema. No es cualquier cosa. El nuevo cable aumentará en 50 por ciento la capacidad de conexión a Internet del país. Es decir que de los 80 gigabites en los que está actualmente, pasará a 120 gigabites.
Este proyecto ayudará sin duda a destrabar uno de los más grandes y tradicionales cuellos de botella de Colombia en materia de telecomunicaciones: la pobre infraestructura. El país, las empresas y los ciudadanos lo necesitan. Buen viento y buena mar. n

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