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| 10/5/1987 12:00:00 AM

US $ 7.500 MILLONES

Fortune se enfrenta a Forbes en cuanto a quién es el norteamericano más rico

El año pasado, la revista Forbes publicó, como de costumbre, su lista de los hombres más ricos de Estados Unidos, y puso en la cabeza del exclusivo ranking a un peso pesado que pocos conocían: Sam Walton, un genial tendero de provincia que pasó de vender los abarrotes de la esquina a manejar un imperio de tiendas populares presente en los cuatro puntos cardinales de su país. Su fortuna personal de 4.500 millones de dólares hacía palidecer hasta a los apellidos de postín como Ford, Rockefeller y Du Pont.
En un reciente número, la revista Fortune, que compite con Forbes por la supremacía en el ramo de los negocios, se atrevió a poner en tela de juicio la clasificación de su rival y, en lo que se considera un cisma en la cúpula, sorprendió a los observadores al afirmar que la fortuna individual más grande de Estados Unidos no pertenecia a Walton, ni a los caballeros de nombre altisonante, y ni siquiera a ninguno de los clasificados por Forbes. La fortuna más grande pertenece a los hijos de un hombre, Sam Newhouse, de apariencia tan vulgar que pasaba desapercibido en los vagones de un tren subterráneo aun siendo ya millonario.
Al morir a los 84 años, en 1979, Sam Newhouse había amasado una enorme fortuna que contaba entre sus activos, con periódicos, revistas, redes de televisión por cable y empresas editoriales, todos dotados de una organización tan sólida y un lugar tan favorable en sus respectivos mercados, que el único sino que podían correr era el que en efecto corrieron: crecer y crecer en una espiral impresionante de riqueza. Hoy, según los calculos de la revista Fortune, el capital que manejan los dos hijos de don Samuel llega a los 7.500 millones de dólares, lo que los coloca en un cómodo primer lugar.

PAPEL MONEDA
Sam Newhouse, el hombre cuyas habilidades para los negocios dieron como resultado semejante fortuna era, como es común en las historias de este tipo, el mayor de 8 retoños de una pareja de inmigrantes judíos de Europa Oriental. Tampoco ayuda a la originalidad de su biografía el dato de que a sus tiernos 13 años debió salir a la calle para ayudar a su padre enfermo a sostener la numerosa familia. El hada madrina se le presentó en la forma de un abogado que le dio una oportunidad de demostrar que sabía trabajar, aunque al comienzo sin salario. Eso, sin embargo era todo lo que el pequeño Newhouse necesitaba, pues sus habilidades pronto le abrieron amplios horizontes.
El abogado recibió como pago en un negocio un pequeño periódico local que colocó en manos de su joven empleado, que más parecía por su edad un simple mensajero. A los 16 años, Newhouse entraba en contacto con lo que sería la base de su fortuna: la prensa. En forma sorprendente, el muchachito llevó al periódico al éxito total en su pueblo, Bayonne (Nueva Jersey), y hacía los 21 años ganaba unos 30 mil dólares al año, un equivalente aproximado a 300 mil de hoy. Newhouse se convirtió en un obsesionado del negocio de los periódicos y en 1924, a sus 29 años, controlaba el primer periódico de su vida, el Staten Island Advance, que continua hoy en manos de la familia.
Ese oscuro diario tenía ya las características que distinguirían sucesivamente los periódicos que el insaciable Newhouse agregaría a su colección durante casi toda su vida: poco o ningún valor editorial, circulación relativamente restringida, mediocridad en todo el sentido de la palabra, menos en el que más le llamaba la atención a Sam: hacer dinero. Ninguno de ellos ha ganado un premio de importancia a nivel nacional, pero tampoco ha sido considerado el peor.
Con periódicos de nivel tan discreto, la clave de su éxito se concentró en un hábil manejo de la competencia, que llevaba a que poco tiempo después de que Newhouse atacara el mercado de las noticias de un pueblo determinado, su periódico se convirtiera en el único de la región. Esto, aunque representaba esfuerzos financieros considerables, aseguraba el éxito económico de sus publicaciones, cuya rentabilidad ascendía en forma meteórica. Otra clave fue la autonomía editorial de cada uno de sus diarios que les daba cierto aire de independencia y los ponía a recaudo de los demoledores ataques antimonopolísticos. Fortune asegura, además, que la autonomía con que funcionaban --y aún funcionan-los periódicos del grupo, le dejaba a Sam las manos libres para continuar su carrera de coleccionista de periódicos y publicaciones exitosas.
Con el paso de los años, Sam Newhouse incursionó en el campo de las revistas, con la adquisición de la sociedad Condé Nast, que publica revistas tan conocidas como Vogue, House & Garden y Vanity Fair, y sus correspondientes ediciones internacionales en 28 países del mundo. Junto con sus 26 periódicos, que tienen circulación de 3,1 millones de ejemplares diarios, sus tres canales de televisión por cable y su empresa editorial, Random House, además de negocios "varios", la herencia de este minúsculo hombre de negocios estaba lista para ser recogida por sus dos hijos, que hoy manejan el imperio sin que se les mueva un pelo.
Los hombres más ricos de Estados Unidos son, pues, los hijos de Sam Newhouse. Lo continúan siendo porque en una época como hoy en que tantos millonarios por herencia se las arreglan para tener la habilidad de perder las fortunas amasadas por sus padres, los Newhouse, Si y Don, han tenido la sabiduría de sentarse sobre los laureles de su difunto padre y ver crecer, casi de manera vegetativa, una fortuna que no parece tener limites. Tal ha sido su conservadurismo que, desde que murió el magnate, solamente, se han embarcado en la compra de una publicación: la prestigiosa revista New Yorker, una de las más "distinguidas" de Estados Unidos, que adquirieron por un precio exageradamente alto, 168 millones de dólares, a cambio de algo que ni con sus millones habían podido adquirir: reconocimiento social. Hoy en día, el imperio sigue manteniendo el perfil bajo que le dio su fundador. Los hijos de Sam no tienen al contrario de otros millonarios de su categoría, avión privado ni grandes propiedades ostentosas, y su figuración politica y social es tan poco rutilante como su apariencia física. Si, de 59 años. controla las revistas, mientras Don, de 57, está a cargo de los diarios. Duros trabajadores, serios y en cierta forma tímidos, "con nadadito de perro" son los hombres más ricos de Estados Unidos, el país más rico del mundo.
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