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| 6/3/2006 12:00:00 AM

A vender aire limpio

Colombia podría ser el primer país del mundo en recibir dinero por capturar carbono.

Doscientos cuarenta propietarios de tierra en los alrededores de Manizales están a punto de hacer historia: los árboles que han sembrado (más de 3.300 hectáreas) podrían ser los primeros en el mundo en recibir certificados de captura de carbono, una estrategia del Protocolo de Kyoto para atacar el grave problema del cambio climático en el planeta. Esto significa que Colombia será pionero en un naciente mercado que estableció la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático y que ha despertado el interés de varios países en vía de desarrollo, por la oportunidad que ofrece de vender aire limpio a los países industrializados.

En 1997, el Protocolo de Kyoto estableció los llamados Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), como método para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), la principal causa del cambio climático que amenaza al planeta. Los países industrializados que suscribieron el Protocolo están obligados a reducir sus emisiones de CO2 en el lapso de varios años, de acuerdo con el programa acordado, pero hacerlo significaría, en muchos casos, la desaparición de industrias enteras que emiten gases contaminantes. El Protocolo permite que países no industrializados (como Colombia) capturen carbono y reciban por ello unos certificados que pueden vender a los países industrializados y así, éstos últimos cumplir con las metas trazadas en Kyoto. Es decir, si no pueden reducir sus emisiones, pagan a otros para que capturen CO2 por ellos.

Con esto se originó un prometedor mercado de certificados (CER) en el que participan numerosos proyectos ambientales en el mundo. Todos están basados en reducir emisiones mediante sustitución de fuentes de energía, tales como la instalación de nuevos equipos no contaminantes en una planta química. TransMilenio, por ejemplo, es un proyecto MDL que podría obtener en el futuro certificados, si demuestra la reducción de emisiones en Bogotá, en virtud del cambio a un sistema de transporte más limpio.

La reforestación es probablemente la opción más interesante de la energía limpia, pues requiere menores inversiones. En la actualidad existen más de 50 proyectos forestales en el mundo que aspiran a clasificar como MDL; pero sólo uno está prácticamente listo para ello y se encuentra en la cuenca del río Chinchiná, en el departamento de Caldas. El estudio de factibilidad realizado por la firma Caema estima que 15.000 hectáreas plantadas durante 15 años producirán entre 3,5 y cuatro millones de certificados. Los certificados se pueden vender a un precio de entre siete y 10 dólares cada uno, lo que convierte el proyecto de reforestación de la cuenca del río Chinchiná en una de las más prometedoras inversiones ambientales que se hayan realizado en el país.

Francisco Ocampo, director de Procuenca, el proyecto creado por Infimanizales y FAO para este propósito, está seguro de que al finalizar 2007 los propietarios de tierras vinculados al programa venderán los primeros certificados y una interesante historia de negocios ambientalmente amigables se empezará a escribir.

Procuenca se constituyó con fondos provenientes de la venta de la participación del municipio de Manizales en la telefónica local, y ha realizado inversiones superiores a 10.000 millones de pesos en programas de protección ambiental en la región. Además de ser un buen negocio, es también un interesante modelo para conciliar biodiversidad y reforestación, dos conceptos que no se llevan bien en las discusiones de los expertos ambientalistas. Los defensores de la biodiversidad acusaron tradicionalmente a los programas de reforestación porque suelen reducir la diversidad de árboles y fauna para hacer de la tala un negocio. Procuenca está demostrando que se puede hacer reforestación diferente, dado que en la cuenca del río Chinchiná se utilizan modelos de siembra combinados con pastoreo y en densidades menores a las usuales -árboles más distanciados unos de otros-, lo que favorece el crecimiento de la diversidad de la fauna y la flora locales, una aspiración ambiental que está de moda por estos días.

Ángela Arango, vocera de los propietarios de tierra que venderán certificados, recuerda que "nos decían locos por meternos en un proyecto a 20 años" y ahora, cuando la venta de certificados se aproxima, la percepción ha cambiado. Ella está convencida de que este proyecto transformará para siempre la historia ambiental de la región.
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