Domingo, 22 de enero de 2017

| 2016/02/20 00:00

Venezuela rompió el tabú de la gasolina

Nicolás Maduro tomó una medida hasta ahora impensable: subió el precio de la gasolina. Pero a pesar de ser positiva, poco ayudará a aliviar la grave crisis económica.

El presidente Nicolás Maduro, en un discurso que duró cinco horas, anunció el nuevo paquete de medidas que para muchos fue más de lo mismo. Foto: Reuters

El presidente Nicolás Maduro finalmente anunció un incremento en el precio de la gasolina, el mayor tema tabú del chavismo, que lo asoció por mucho tiempo con el fantasma del paquete neoliberal que en 1989 provocó la tragedia del llamado Caracazo. Durante los últimos 20 años, la gasolina de 95 octanos (se asimila a la extra en Colombia) se mantuvo casi gratis. Ahora, con el reajuste, llenar un tanque de un carro de 60 litros pasó de menos de 6 bolívares a unos 360, poco más que un refresco. El alza lleva esta gasolina al costo de producción.

Ni hablar de la de 91 octanos (la corriente), cuyo precio pasó a 1 bolívar por litro, lo que no llega a 1 centavo de dólar. El venezolano Orlando Ochoa, doctor en Economía de la Universidad de Oxford, cuestiona el diferencial de precios entre los dos tipos de combustibles, debido a que “la demanda sobre la gasolina de 91 octanos aumentará a costa del contrabando y otros desequilibrios macroeconómicos”. Además, seguirá dando pérdidas a Petróleos de Venezuela (Pdvsa), durante años la gallina de los huevos de oro.

“El nuevo sistema nos permite ahorrar 800 millones de dólares que serán para alimentos y salud”, dijo el presidente Maduro precisamente en tiempos en que las farmacias y supermercados muestran anaqueles vacíos.

Se trata de uno de los varios anuncios que hizo el miércoles pasado, en un discurso que duró cinco horas. Durante las primeras cuatro no terminaba de formalizar lo que había venido sugiriendo desde 2014: un aumento de la gasolina acompañado con una devaluación de la moneda.

Maduro anunció esta vez la cuarta devaluación del bolívar, desde diciembre de 2012 cuando asumió el gobierno para suceder al expresidente Hugo Chávez. Lejos de desmontar el control de las divisas, que permanece regulado desde hace 13 años, sus nuevos anuncios intervienen más la forma que el fondo.

El gobierno venezolano pasó esta semana de tres a dos tipos de cambio: uno a través de un “sistema complementario flotante”, con un precio que comienza en 203 bolívares por dólar, y otra tarifa 20 veces más barata, para productos básicos como medicinas y alimentos, cuya tasa pasa de 6,30 bolívares a 10. Una devaluación de 37 por ciento.

El problema es que buena parte del mercado se transa a espaldas de los controles oficiales hasta por cinco veces el valor de la mayor tasa oficial de cambio. Y lo hace precisamente en Cúcuta, a partir de las transacciones que se negocian en la frontera en las casas de cambio de la capital de Norte de Santander.

Inflación, escasez y… saqueos

Salvo el aumento de la gasolina, no hay nada nuevo en la política económica venezolana. Es un poco más de lo mismo, advierte en Caracas el economista Henkel García, director de la consultora Econométrica. “Estas medidas no generan divisas, tampoco eficiencia y mantienen intacto un modelo que facilita la corrupción”.

Es verdad que los nuevos anuncios van acompañados de un aumento de 20 por ciento en el salario y otros beneficios laborales, pero los subsidios a las importaciones y la caída de los precios petroleros limitarán más la producción y la oferta de bienes. “Esto podría complicar aún más la escasez y la inflación”, agrega García. “No estamos en hiperinflación pero si la economía sigue de esta forma, está allanado el camino en esa dirección”.

De eso dan fe las colas por comida que desde hace un par de años forman parte del paisaje de Caracas. “¿Para qué aumentan el salario si igualito se va a evaporar?”, preguntaba Mariana de Pérez la mañana siguiente de los anuncios de Maduro, a las puertas de uno de los supermercados Unicasa de la urbanización Colinas de Bello Monte, donde la novedad era que había mayonesa y jabón de baño. “El venezolano está sosteniéndose a base de harinas”, agregaba Lana Pulis en medio de una espera en la que comentaba que, frente a la inflación, ha dejado de consumir enlatados como atún, guisantes y maíz.

No en vano, los alimentos aumentaron más de tres veces su valor solo el año pasado. El Banco Central de Venezuela publicó esta misma semana que 2015 cerró con una inflación de 180,9 por ciento, pero la inflación de alimentos fue aún mayor: 315 por ciento.

Todavía más elocuente es el índice de escasez, cuya cifra desapareció de los informes del Banco Central; se trata de un secreto de Estado. Esta vez, de cualquier modo, el organismo reconoce que “la situación de desabastecimiento de productos es percibida por la población como uno de los principales problemas que aquejan al país, junto a la especulación y el acaparamiento”.

La escasez y la inflación son un coctel peligroso. El informe más reciente del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social revela que el año pasado se registraron 1.064 protestas y 122 saqueos por la escasez. Ya desde 2013 vienen advirtiendo sobre un fenómeno de violencia alrededor de las colas por comida y medicinas. “Se registró un número preocupante de actos vandálicos en contra de abastos, supermercados, farmacias, transportes, almacenes y galpones, producto de la escasez, el desabastecimiento y la impunidad”, señala esa organización no gubernamental.

Se comieron los ahorros

La verdad es que Venezuela no hizo la tarea en los tiempos de las vacas gordas y la economía ahora está retando la paciencia de la gente. La balanza de pagos del Banco Central registró ingresos por 746.000 millones de dólares entre 2004 y 2014, pero muy poco de toda esa vianda terminó en el Fondo de Estabilización Macroeconómica, una suerte de alcancía que apenas registra 3 millones de dólares en este momento.

El propio Chávez habló al principio de su gobierno de “sembrar el petróleo” en el Fondo de Estabilización Macroeconómica. “Cada vez que aquí se incrementaba, en años anteriores el precio del barril de petróleo, bueno, que siga la fiesta, siga la música, siga todo el mundo en este relajo, gasto y gasto y más gasto sin ton ni son, sin ningún plan preconcebido y sobre todo sin ahorrar para el futuro, para prever dificultades futuras”, criticó el 28 de septiembre de 1999, cuando aún no tenía un mes al frente del Palacio de Miraflores.

Prometía no sucumbir a la riqueza súbita de los commodities, pero ese propósito se diluyó en un largo trecho que llevó al barril de crudo venezolano de menos de 10 dólares a pasar el umbral de los 100.

Hoy el crudo venezolano se ubica en 22,83 dólares por barril y aún la situación es complicada con algunas proyecciones que pronostican un aumento de los precios internacionales. En un informe emitido la primera semana de enero, Barclays apunta que el precio del petróleo Brent podría cotizarse en un promedio de 40 dólares el barril en 2016, lo que ubicaría los ingresos de Venezuela por exportaciones petroleras en más de 20.000 millones de dólares. Es decir, 8.000 millones menos con respecto al año pasado, sin descontar las deudas pendientes.

El economista Henkel García sugiere desmontar el control cambiario y vender algún activo o endeudarse, pero no para gastárselo en comida, sino para diseñar un plan que estimule la industria petrolera y el resto de la producción nacional.

En la misma onda, su colega Orlando Ochoa añade que Pdvsa debe recuperar los 400.000 barriles diarios que ha dejado de producir, para volver a exportar 2,9 millones de barriles diarios. En síntesis, las medidas adoptadas por el presidente Maduro nuevamente se quedaron cortas. Muchos analistas dicen que 2016 puede llegar a ser mucho más complicado que lo vivido en 2015, y eso ya es mucho decir.

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