Lunes, 23 de enero de 2017

| 1985/07/22 00:00

VIAJE SIN RETORNO

Alfonsín se la juega toda con su plan para curar a la economía argentina

VIAJE SIN RETORNO

Una semana después de anunciado, el plan seguía siendo mirado con escepticismo por la opinión pública. La desconfianza de la gente de Buenos Aires empezó desde el mismo día en que, a través de las cámaras de la televisión, el presidente argentino Raúl Alfonsín expusiera, preocupado y nervioso, su nuevo plan económico de "shock antiinflacionario", jugándose así, la carta política más definitiva en lo que va de su gestión de gobierno. Pese a que ciertos técnicos le reconocen bondades a la iniciativa, la preocupación es latente en todos los sectores.
"Lo peligroso del plan de Alfonsín es que nos embarca a todos en un viaje sin retorno", dijo un dirigente peronista a SEMANA. "Si es un éxito, la Argentina saldrá adelante, si fracasa, es el fin del gobierno y el comienzo de la disolución nacional".
Sin embargo, el gobierno confía en su suerte. Poniendo énfasis en la párticipación y el apoyo que se requiere de la población para que el plan sea efectivo, Alfonsín explicó que este se basa "en un tripode: reforma monetaria, congelación de precios y salarios, financiación genuina del gasto público y del crédito".
Tal como lo anunció la prensa en en oportunidad, el devaluado peso argentino será sustituido paulatinamente por una nueva moneda, el austra cuya paridad frente al dólar se mantendrá constante. Según las nuevas medidas, un austral equivale a mil pesos argentinos actuales, o diez millones de los pesos que circularon hasta 1983. "A diferencia de los anteriores cambios de moneda, que sólo buscaban facilitar las cuentas en un contexto de muy alta inflación, en esta oportunidad vamos a crear un nuevo signo monetario que no pierda valor", dijo el ministro de Economía, Juan V. Sourrouille. "El gobierno está decidido a mantener la solidez de la nueva moneda", añadió.
Ante una inflación galopante --que sólo en el mes de junio se calculaba alcanzaría el 50%-- se dispuso la congelación total de precios, tarifas y salarios. "Es una medida transitoria pero necesaria para frenar bruscamente la inercia de la inflación", dijo Alfonsín
Con todo, hay que ver qué resultados produce. De acuerdo con las experiencias anteriores de congetamientos de precios, es posible que se produzca un desabastecimiento de bienes y un surgimiento del mercado negro donde se compre a cualquier precio generandose así una inflación subterránea. De ahí que sea tan crucial la participación del público. "Esta batalla, esta reforma, fundamental se debe nutrir de pasión nacional", sostuvo el Presidente argentino en su alocución del 14 de junio.
También la reforma que pretende eliminar el déficit fiscal y la emisión primaria de moneda, constituye un elemento nuevo con respecto a otras políticas antiinflacionarias implementadas anteriormente.
Según lo dicho, el gobierno se compromete a no emitir más moneda ni para financiar el gasto público ni el crédito. Este paso es quizás el más difícil de toda la reforma, ya que hasta cerca del 70% del gasto público provenía de la emisión de moneda.
Para los especialistas, lo que se está atacando en realidad es una de las causas primordiales de la inflación argentina: el déficit fiscal; el cual, a su vez, se origina en una característica estructural de la sociedad política que conforma el país. El empate permanente entre los distintos sectores de poder --sindicatos, burocracia empresarios, terratenientes y militares--, todos con igual capacidad de demanda sobre un Estado que no puede satisfacer las peticiones con recursos genuinos, exige grandes desembolsos de dinero. En un principio se recurrió al financiamiento externo y cuando esta posibilidad se agoto se llegó, en los últimos años, a la emisión de billetes.
Es debido a esa razón que la decisión adoptada por Alfonsín tiene un costo político que tal vez sea incapaz de resistir por mucho tiempo. Esa impresión se ve reforzada si se tiene en cuenta que ya han transcurrido casi dos años de gobierno y ante una persistente crisis económica --con caídas en el salario real y el empleo--, el mandatario ya no goza ni de la popularidad ni de la credibilidad que tenía cuando asumió el poder el 10 de diciembre de 1983.
En su intento de hacer un ajuste económico gradual para ponerle coto a la inflación y hacer frente a las obligaciones de una deuda externa de casi 50 mil millones de dólares, intentando pagar el mínimo costo social y político, el gobierno de Alfonsín ha llevado a cabo una política económica bastante confusa, llena de marchas y contramarchas.
Semejante precedente hizo que el nuevo plan generara una gran desconfianza por parte de la población. "Lo que pasa es que los trabajadores somos un tanto escépticos", dijo el dirigente sindical Armando Cavalieri. "Yo que he sido testigo de la concertación y he escuchado varios planes antiinflacionarios durante la gestión de Alfonsín, creo que habría que esperar los resultados de éste".
El gobierno, por su parte, afirma que para que el plan resulte hay que creer en él. De hecho, es posible que la Casa Rosada se esté enfrentando a su última oportunidad de cambio porque, como dijera Alfonsín: "la convivencia pacífica, democrática y civilizada de los argentinos tal vez no tendría demasiadas esperanzas si la cuestión económica no fuera definitivamente resuelta". Incluso, se ha llegado a decir que para la Argentina democrática de Alfonsín, perder esta batalla equivaldría, guardadas las diferencias, a lo que significó para la Argentina dictatorial de Galtieri perder la guerra de las Malvinas.--
María Teresa Ronderos, corresponsal de SEMANA en Buenos Aires

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