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| 8/19/1996 12:00:00 AM

VIENTOS DE GUERRA

La imposición de una salvaguardia al triplex ecuatoriano podría ser el principio del fin del romance que Colombia ha mantenido con este país en los últimos años.

Por estos días muchos recuerdan la célebre ley de Murphy -toda situación por mala que sea es susceptible de empeorar- como terapia para sobrellevar el próximo golpe que puede sufrir la economía. Y es que prepararse sicológicamente para un nuevo tropiezo parece ser lo más indicado, ahora que a la caída de la demanda y a la parálisis de la inversión podría sumársele el cierre del mercado ecuatoriano. Y es que la vecina República es el socio más dinámico que tiene Colombia: las exportaciones crecieron de 153 millones de dólares en 1993 a 419 millones en 1995 (ver gráfico). La posibilidad de que la luna de miel comercial termine obedece a que hace tres semanas el gobierno colombiano tomó la decisión de imponer una salvaguardia a la importación de maderas contrachapadas -triplex- ecuatorianas. El Instituto Colombiano de Comercio Exterior -Incomex-, por solicitud de los industriales, abrió una investigación y encontró que el precio del triplex ecuatoriano era un 30 por ciento inferior al del colombiano; que las importaciones habían crecido de forma excesiva (en 1992 su participación en el mercado era del 22 por ciento, mientras que en 1995 fue del 57 por ciento); y que el año pasado la producción nacional cayó 35 por ciento, en tanto que los inventarios aumentaron en un 20 por ciento. Por estos motivos el gobierno tomó la determinación de imponer un arancel temporal del 15 por ciento y esperar la decisión final que debe emitir la Junta del Acuerdo de Cartagena antes de dos meses. Pero si en el país la medida causó alivio entre los productores de triplex, en Ecuador ésta fue casi una declaración de guerra. Mientras funcionarios del gobierno consideran que Colombia no ha seguido todos los principios establecidos por el Acuerdo de Cartagena, hay un inmenso descontento entre los empresarios ecuatorianos que consideran que sus descargos no fueron tenidos en cuenta. La inconformidad empresarial había estado precedida de demandas concretas. Actualmente está en estudio la aplicación de salvaguardias a tres productos colombianos: tapas para botellas de cerveza, papel higiénico y azúcar. El caso de las tapas está en manos de un comité técnico que deberá decidir si cabe o no la aplicación del mecanismo; las otras dos investigaciones aún están en etapa de estudio, pero el gobierno aspira a terminarlas antes de finalizar este mes. Sin embargo la lista de los productos por sancionar podría ser más larga. Los industriales del vecino país se sienten lesionados por la importación de productos petroquímicos, vidrios planos, botellas, alimentos procesados, empaques y cajas de cartón. Sobre esta amenaza, el presidente de la Cámara de Comercio Colombo-Ecuatoriana en Bogotá, Guillermo Gómez Téllez, advierte que "de seguir así, podríamos caer en una situación similar a la que vivíamos antes de la apertura: a la imposición de una salvaguardia en Colombia, el gobierno ecuatoriano hacía lo mismo, y así sucesivamente". La actitud gubernamental es menos beligerante. En diálogo con SEMANA el viceministro de Industria y Comercio de Ecuador, José Modesto Apolo, insistió en que "nosotros no queremos una guerra comercial" . Aseguró que el mecanismo ideal es el entendimiento,"nuestros industriales están dispuestos a dialogar a fin de que se eviten las salvaguardias" , y citó como ejemplo las conversaciones que los empresarios han adelantado en el caso de los sacos de polipropileno, a los cuales Colombia volvería a imponer salvaguardias. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Comercio Exterior de Colombia aseguraron que sobre este caso aún no se ha tomado una decisión. Pero si en Ecuador están convencidos de las bondades del diálogo, en Colombia algunos ponen en duda su efectividad. Un directivo de una compañía maderera le dijo a SEMANA: "hay irregularidades estructurales en los países que no se pueden superar hablando". Además, según funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior las conversaciones son un mecanismo difícil de manejar, mientras que la aplicación de salvaguardias está prevista en el Acuerdo de Cartagena como una forma de equilibrar los efectos perturbadores de las importaciones. De cualquier manera si continúa la andanada proteccionista de lado y lado, los casos quedarían en manos de la Junta del Acuerdo de Cartagena. En ese momento, el organismo deberá usar guantes de seda para abordar el asunto pues no sólo entrará a definir la suerte del comercio entre los países, sino buena parte del futuro del Grupo Andino. Con Bolivia en la órbita del Mercosur y Venezuela siguiéndole los pasos, una pelea entre Colombia y Ecuador lo acabaría de desmembrar. Por ahora, lo único que queda es esperar que, antes de dar su próximo paso, las partes recuerden aquel refrán que reza: "siempre es mejor un mal acuerdo, que un buen pleito".
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