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| 11/1/2014 10:00:00 PM

Vivienda, el motor de diez billones

El gobierno se la está jugando a fondo por el sector de la vivienda, no solo como política social, sino como motor de crecimiento económico.

La vivienda, por su efecto multiplicador, es un sector fundamental para la economía. El presidente Santos la definió, desde su primera administración, como la segunda locomotora que jalonaría el crecimiento, después de la minero-energética.

Aunque el sector ha mantenido una dinámica importante en los últimos años, en especial durante 2013 -cuando creció 11,3 por ciento- en el primer semestre de 2014 bajó el ritmo hasta un 4,4 por ciento. Además, la cobertura de vivienda del país aún está por debajo de las necesidades de toda la población.

Teniendo en cuenta estos dos hechos, el gobierno acaba de lanzar un paquete de cinco herramientas que busca que 400.000 familias tengan casa propia en los próximos cuatro años. La estrategia abarca diferentes estratos sociales, desde aquellos que viven en situación de extrema pobreza hasta las familias de clase media.

El plan incluye: 1) La entrega de 100.000 nuevas viviendas gratis, con prelación a ciudades intermedias, que no se hayan beneficiado del programa anterior. 2) Apoyo para que 100.000 familias que ganen entre dos y cuatro salarios mínimos compren su primera vivienda. Estas recibirán hasta 20 millones de pesos en subsidios: 12 millones para la cuota inicial y el resto representado en el pago de los intereses del crédito hipotecario con el subsidio a la tasa de interés. 3) Leasing habitacional, con el cual las familias podrán pagar su arriendo y en algún momento optar por adquirir la vivienda que habitan. 4) Paquete de 130.000 nuevos subsidios a la tasa de interés, que les permitirá bajar el valor de las cuotas mensuales del crédito hipotecario a un grupo igual de familias. Y 5) para los hogares que ganan hasta dos salarios mínimos, se subsidiará la adquisición de 86.000 unidades habitacionales, a través del programa de vivienda para ahorradores, Vipa.

Cabe anotar que hasta el momento, la política de vivienda se había enfocado en dos estrategias: la entrega de 100.000 viviendas gratis, programa que se lanzó en 2012 con un costo fiscal de 4,4 billones de pesos (0.7 por ciento del PIB) y el subsidio a la tasa de interés para créditos hipotecarios de clase media que se presentó en 2013, dentro del llamado plan Pipe para impulsar la productividad y el empleo. Ese último representó un costo de 430.000 millones de pesos.

La vivienda gratis ha sido polémica por ser una política asistencialista –modelo económico que tiene contradictores– y porque muchos la vieron como una carta populista que sirvió a la campaña de reelección. Otros sectores –por el contrario– consideran que es una estrategia no solo válida, sino clave para que una capa de la población tenga acceso a un techo. Para Anif si bien está de por medio un efecto de bienestar para la población más pobre, en este caso “el sacrificio fiscal” supera su impacto sobre la aceleración del PIB. En cambio, sostiene que el subsidio a la tasa -con un menor costo fiscal- logró apalancar ventas de vivienda por un valor de 4,1 billones de pesos. Es decir, un factor multiplicador mucho mayor.

Ahora, la nueva política combina varias estrategias y segmenta la demanda, lo que podría dar mejores resultados. Para la presidenta de Camacol, Sandra Forero, no solo dará un impulso al sector para que continúe siendo motor de la economía, sino que se trata de una avanzada estratégica para reducir al máximo el déficit habitacional en los segmentos de la población más vulnerable.

Hay que recordar que el programa del gobierno Santos II contempla construir 1 millón de viviendas en el cuatrienio. El paquete de las 400.000 unidades, que vale 10 billones de pesos distribuidos entre 2014-2018, hace parte de dicha meta. Pero, como dice el ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, por el efecto multiplicador que tiene la construcción de vivienda, toda la estrategia para el sector podría movilizar hasta 50 billones de pesos en toda la economía. Se espera que el sector pase de generar 1.200.000 puestos de trabajo a 1.700.000 y que el PIB de la construcción crezca entre 10 y 12 por ciento.

Ahora que los vientos externos comienzan a soplar fuerte, se espera que los motores internos impulsen el barco de la economía. Sin duda que la vivienda podría convertirse en esa máquina, con la ventaja de que al mismo tiempo tendría un efecto social muy importante para el país.
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