Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1992/04/06 00:00

Volando sin instrumentos

Todas las variables macroeconómicas indican que es inevitable una revaluación.

Volando sin instrumentos

UNA DE LAS CONSECUENCIAS DE LA APERtura económica es que los gobiernos pierden el control sobre las principales variables macroeconómicas. Una economía abierta no garantiza ni el flujo de capitales hacia adentro o hacia afuera, ni el valor de la tasa de cambio. Ello significa que se pierde el control sobre los medios de pago, sobre la tasa de interés, sobre la tasa de devaluación y sobre la paridad real de la moneda. La apertura es necesaria e inevitable. Pero la consecuencia, a la que todavía, con nuestra mentalidad de 30 años de control de cambios no se resignan los colombianos, es que en economías abiertas, los gobiernos pierden instrumentos de intervención, la evolución de los instrumentos macroeconómicos es incierta y el déficit fiscal se convierte, prácticamente, en la única variable que puede manejar el Gobierno.
La avalancha de dólares que entró el año pasado al país -más de 2.000 millones de dólares de aumento en reservas internacionales, cuando el promedio de los tres años anteriores fue 350 millones de dólares-, le creó a las autoridades monetarias serios problemas de control sobre los medios de pago, lo que llevó a levantar parcialmente el control de cambios.
El excesivo intervencionismo tradicional del Estado colombiano, y la inercia de la mentalidad controladora, hicieron creer por un momento a las autoridades monetarias, que en una economia abierta podrían continuar manejando el feudo. Lo que pasó el año pasado es una lección histórica. Para controlar la inflación se recogió dinero del mercado, tal como lo ordena la ortodoxia monetaria. La consecuencia es que se restringió el crédito al sector productivo. Obviamente subieron las tasas de interés. El sector productivo colombiano repatrió sus capitales del exterior para continuar trabajando. Comenzó el chorro de dólares. Se tuvo que recoger más dinero. Subió más la tasa de interés. Entraron más dólares, ahora no sólo de colombianos sino de todo el mundo, blancos y negros, aprovechando el alto rendimiento de los papeles colombianos.
Se trasladó la compra y venta de divisas del Banco de la República al sector financiero, y se introdujeron los certificados de cambio, esperando no tener que monetizar inmediatamente sino en un plazo de 90 días. Esto en la práctica significó revaluar la moneda. Inmediatamente después la autoridad monetaria aceleró la devaluación nominal, esperando que con ello bajara el descuento de los certificados de cambio (o sea, se reversara la revaluación efectuada un día antes) y disminuyera la tasa de interés interna. Como la economía continuaba ilíquida, las tasas de interés siguieron altas, y continuaron entrando capitales. Y el país sigue montado en ese carrusel con una revaluación mayor, con el plazo de los certificados de cambio ampliado a 360 días, con aumento en reservas internacionales y con los medios de pago creciendo a más del 30 por ciento anual.
El resultado final es que no se ha podido frenar la entrada de divisas. Los activos colombianos son muy rentables a nivel internacional. La calificación de Colombia como tercer mercado emergente (en el buen sentido de la palabra) en Latinoamérica anuncia una entrada similar de divisas este año a la de 1991. Ello significa que nuevamente se revaluará el peso. Y decimos se revaluará, porque el peso se revalúa solo. Se critica al Gobierno por su "política revaluacionista", pero resulta que el Gobierno ha perdido el control sobre la tasa de cambio y la paridad real del peso.
El Gobierno no puede controlar en una economía abierta el flujo de capitales. Como las inversiones en Colombia son más rentables que las del exterior, todo el mundo, tanto nacionales como extranjeros, está invirtiendo en el país. Independientemente de que disminuya el diferencial en las tasas de interés internas y externas, siguen entrando divisas. El resultado es una sobreoferta de dólares, donde necesariamente tiene que caer el precio de la divisa.
En este momento hay tres tasas de cambio en Colombia: la oficial, que no sirve para nada, y que está por encima de 725 pesos por dólar. La indicativa de mercado, que refleja el poder monopólico del sector financiero sobre los exportadores e importadores (además no puede ser inferior en más de un 12 por ciento a la oficial), que está en 637 pesos por dólar; y la tasa libre, que es la que mejor representa la verdad del mercado, y se sitúa en estos momentos en 590 pesos por dólar. Mientras la tasa libre esté por debajo de la indicativa de mercado, hay que esperar una mayor revaluación y el Gobierno no puede hacer nada al respecto.
Un sistema de cambios diferenciales como el actual es insostenible, porque con el dólar a 590 pesos, resulta más rentable importar bienes a ese precio, lo que, en otras palabras, significa incentivar el contrabando.
En estos momentos no parece posible controlar la cantidad de dinero en la economía, porque continúa siendo obligatorio que las divisas de exportaciones de bienes entren al país. Es indispensable que el Gobierno elimine definitivamente el control de cambios, permitiendo que los exportadores de bienes y servicios decidan libremente qué destino le dan a sus divisas. Es imperativo liberar los controles a las inversiones de colombianos en el exterior y a las extranjeras en el país. Al permitir el libre flujo de capitales en uno u otro sentido, la cantidad de dinero en la economía se regula sola. Por ahora, el Gobierno se ha dado cuenta de que no puede controlar los medios de pago, pero se ha cruzado de brazos.
Como no se puede, ni se debe controlar la oferta de divisas, tampoco se puede controlar el nivel de la tasa de cambio, que obedece simplemente al libre juego de oferta y demanda. Como no se puede controlar el crecimiento de los medios de pago, tampoco se puede controlar la tasa de interés, porque ella es simplemente el precio del dinero, resultado de la oferta y demanda de fondos.
El Gobierno colombiano quiere controlar demasiadas variables al mismo tiempo: los medios de pago, la devaluación y la tasa de interés. Pero resulta que si controla la cantidad de dinero, no puede controlar la tasa de interés. Si controla la devaluación, no puede controlar la cantidad de dinero, y por la ley de la transitividad, si controla la tasa de interés, no puede controlar la devaluación. En consecuencia, el Gobierno tiene que escoger cuál de las tres variables quiere controlar. Y si no intentara controlar ninguna de las tres, sería mucho mejor. Lo que pasa es que ahora, aunque quiera, no puede controlar ninguna.-

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