Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/03/06 00:00

¿Vuelo peligroso?

La euforia que atraviesa el mercado colombiano de acciones comienza a preocupar. Se impone la prudencia.

¿Vuelo peligroso?

¿Viste la noticia? Creo que va a subir", le dice un inversionista, entre emocionado y confundido, a su corredor de bolsa. Éste confirma el buen olfato de su cliente, quien remata la conversación con una orden: "Mete 500 millones de pesos en esa acción". Así, en cuestión de minutos, muchos han decidido entrar a la fiesta que se armó en el mercado accionario colombiano. En medio de una inusual cadena de noticias y rumores, en febrero pasado se transaron acciones por más de un billón de pesos, el volumen más alto en toda la historia de la bolsa, equivalente a lo que facturaron, por ejemplo, los hipermercados de Carrefour en 2003. Los precios de títulos como el de Bancolombia, Corfinsura, Bavaria o Argos también alcanzaron máximos históricos e hicieron que el Índice General de la Bolsa de Colombia registrara un aumento de 21 por ciento en los dos primeros meses de 2005.

Por todas partes se respira euforia. Hay plata en abundancia en la economía y pocas opciones rentables para invertir. Con las tasas de interés por el piso y ante el desprestigio del dólar, los inversionistas parecen haber encontrado en las acciones colombianas la 'gallina de los huevos de oro'. Nadie quiere quedarse por fuera de un negocio que ha triplicado la fortuna de quienes hace dos años invirtieron en él. "Algunos incluso se han endeudado para comprar acciones y así unirse al rebaño", dice Juan Pablo Galán, gerente de inversiones de Porvenir.

La pregunta que está en el aire es si los inversionistas no se habrán entusiasmado demasiado. Es cierto que las acciones colombianas llegaron a cotizarse a precios mínimos tras el desplome de la bolsa en 1998. También lo es que, desde inicios de 2003, la economía se ha recuperado a buen ritmo, lo cual se ha reflejado en los balances de las empresas. Pero ya hay indicios de que algunas acciones han alcanzado niveles muy altos, y no se sabe qué pueda sustentar semejante optimismo. Lo que preocupa no es la salud de las compañías que cotizan en bolsa, la mayoría de ellas líderes en sus respectivos sectores, sino el precio al que se están cotizando sus acciones.

Plata en mano

Las ganancias de la inversión en acciones llegan por dos caminos: la valorización del papel y los dividendos. Que el negocio sea rentable depende del precio de compra, es decir, de si la acción está cara o barata al momento de adquirirla. Para saberlo, los expertos suelen utilizar unos indicadores. Uno de ellos es el tiempo que tardaría una persona en recuperar el precio que pagó por la acción con las ganancias que en ese momento genera la compañía divididas por el número de acciones. En teoría mientras más largo sea el tiempo, más cara está la acción en relación con las utilidades.

A comienzos de 2003, según cálculos de Suvalor, para las siete acciones más transadas en la bolsa, recuperarla inversión demoraba nueve años. Hoy tarda 25 años, a menos que las utilidades futuras de la compañía sean mucho más altas que las actuales, que es justamente a lo que le estarían apostando los inversionistas.

Sin embargo, no es buena idea basarse solamente en este criterio para saber si una acción está cara o barata. El hecho de que una compañía muestre grandes utilidades en un año (que en teoría permitirían recuperar la inversión más rápidamente) no significa que pueda repartirlas entre sus accionistas ni que se vayan a repetir en el futuro. Muchas veces las ganancias son 'de papel', pues, por ejemplo, corresponden a la valorización de las acciones que tiene una firma en otras compañías de la bolsa. Bavaria, por ejemplo, arrojó pérdidas el año pasado por 57.000 millones de pesos como consecuencia de la revaluación del peso, pero tuvo un Ebitda (utilidades antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) de 2,1 billones de pesos, 10 por ciento más que en 2003. La utilidad no es plata en efectivo sino, simplemente, una partida en la contabilidad.

La tarea de saber cuál debería ser el precio de una acción y así determinar si está cara o barata es entonces compleja. En últimas depende de la capacidad que tiene una compañía de generar excedentes de caja en el futuro con su negocio, es decir, a punta de vender, por ejemplo, cerveza,cemento o acero. Esto a su vez depende de muchos factores: desde el crecimiento de la economía hasta la participación que tenga una empresa en el mercado, el reconocimiento de sus marcas o el grado de presencia internacional. A largo plazo esa es la única forma de que una acción se valorice y es justamente ahí donde algunos analistas ven que, en ciertos casos, los precios no cuadran.

A escoger con lupa

Por eso, cuando el mercado comienza a moverse más por especulaciones que por hechos reales, el mejor consejo es tener cautela y analizar con cuidado cada acción.

El negocio que más ha agitado la bolsa en los últimos cinco meses es la fusión de Bancolombia, Corfinsura y Conavi. Desde que ésta se anunció, el 14 de septiembre de 2004, el precio de las acciones de las dos primeras compañías, junto con la de Suramericana de Inversiones, su dueño mayoritario, se ha disparado. El papel de Corfinsura, por ejemplo, pasó de 5.780 pesos a 11.500 pesos por acción.

"Bancolombia en sí mismo tiene grandes oportunidades de crecimiento y ahorro en costos, pero al fusionarse con Corfinsura y Conavi se magnifica este potencial", afirma un analista de Merril Lynch. La operación convertiría a Bancolombia en uno de los 15 bancos más grandes de Latinoamérica, con todo lo que eso significa en términos de respaldo patrimonial y eficiencia. Aunque los comisionistas locales consultados por SEMANA comparten esta opinión, algunos advierten que en una fusión no siempre uno más uno es igual a dos. A largo plazo, la integración traerá beneficios, pero, a corto plazo implica costos adicionales, por ejemplo, indemnizaciones en el recorte de personal, y un difícil cruce de culturas corporativas.

El otro protagonista indiscutible de la bonanza bursátil ha sido Bavaria, cuya acción pasó de 27.200 pesos el primero de enero de 2005 a 44.200 pesos el 28 de febrero. La familia Santo Domingo está buscando el mejor postor. Según la prensa internacional, tres cervecerías extranjeras estarían dispuestas a pagar entre 6.000 y 8.000 millones de dólares por tomar el control de Bavaria, quedarse así con los mercados que ésta domina en Colombia, Panamá, Ecuador y Perú y cerrarles la puerta a otros competidores. Los cálculos, un poco alegres, del mercado indican que, de llevarse a cabo la operación, el comprador pagaría entre 55.000 y 70.000 pesos por acción. Pero el negocio aún no se ha cerrado y quienes decidan invertir en Bavaria deben ser conscientes del riesgo que esto implica.

Las agitadas jornadas en el mercado accionario también han corrido por cuenta de Argos, la holding que reúne las compañías de cemento del Grupo Empresarial Antioqueño. Su acción subió 10 por ciento en los dos primeros meses de este año y 84 por ciento desde inicios de 2004. "Ni las ventas ni las utilidades por el negocio del cemento se han multiplicado, el precio de la acción sí", dice Emilio de Brigard, analista de Correval. Aunque hay expectativas de una posible integración de las cementeras e interrogantes sobre cómo invertirá Argos los 110 millones de dólares que recibió por la venta de una mina de carbón a finales de 2004, los expertos consultados por SEMANA ven desfases entre el precio de la acción y las perspectivas futuras de la empresa.

Interpretar el efecto que tiene una fusión, una adquisición o una noticia es trabajo de los profesionales. Por eso les pagan. Hacerlo técnicamente y no a punta de rumores -o de intuición- es vital cuando sube la fiebre del mercado. Hoy la probabilidad de ganar dinero invirtiendo en acciones es más baja que en los últimos dos años. El riesgo de perder, en cambio, es más alto. Por eso es mejor hoy más que nunca actuar con prudencia.

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