Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/11/21 00:00

VUELVE Y JUEGA

El negocio inmobiliario residencial más grande del país, el de las Sierras del Chicó, busca de nuevo una fórmula de compromiso.

VUELVE Y JUEGA

EL NEGOCIO INMOBILIARIO residencial más grande de Colombia está intentando de nuevo renacer de sus cenizas. Después de peleas judiciales, intereses financieros, declaraciones públicas y campañas populares, el destino de las Sierras del Chico podría estar cercano a su desenlace.
Este espacio de 30 hectáreas, situado en el exclusivo sector de la carrera séptima entre calles 94 y 100 en el norte de Bogotá es, según las actuales normas, urbanizaba En julio de 1991, sus propietarios presentaron una solicitud de licencia de construcción que recibió un trámite particularmente lento. En diciembre de 1993, cuando parecía inminente su aprobación, esa posibilidad suscitó tal revuelo, que diferentes sectores de la opinión pública consideraron que construir allí ponía en grave peligro el patrimonio ecológico de la ciudad.
El 25 de enero finalmente el alcalde Jaime Castro anunció que las Sierras del Chico serían una reserva forestal del Distrito. La licencia de construcción del proyecto presentado fue negada mediante resolución 218 del 11 de febrero.
Parecía darse así por terminada una larga polémica. Sin embargo, por su enorme valor financiero, los lotes siguen en un limbo jurídico, político y económico. Por un lado, a pesar de la declaratoria del Alcalde de cuidar esas zonas, las negociaciones para su compra no se han iniciado. Los propietarios se declararon oficialmente dispuestos a vender, siempre y cuando se avalúe a su valor comercial. El costo de tal transacción ha sido estimado en 25.000 millones de pesos. Frente a esa suma, son muchas las personas que opinan que la ciudad tiene otras prioridades, incluso en materia ambiental, más importantes que comprar las Sierras del Chico para hacer una reserva forestal. Por otro lado, los propietarios quisieron presentar un nuevo proyecto de construcción dado que las motivaciones de la resolución 218 no implican su inconstructibilidad.
Pero hoy, una solución podría estar cerca. Los constructores han propuesto a la Alcaldía ceder a una entidad designada por el Distrito, 25 de las 29.5 hectáreas del predio para crear un parque y asumir sus costos de mantenimiento. Esto a cambio de que la administración apruebe un proyecto de construcción sobre las cuatro hectáreas restantes, en el sitio del predio que mejor convenga a la preservación ambiental, siempre y cuando se mantenga la posibilidad de disponer para la venta de 100.000 metros cuadrados de vivienda. Lo que, en plata blanca, significaría 150.000 millones de pesos en ventas de apartamentos de lujo.
Aunque el Distrito no se ha pronunciado oficialmente, Jaime Castro señaló la semana pasada que dicha posibilidad se estaba estudiando. Fuentes de la Alcaldía dijeron que el proyecto se consideraría viable si construye sólo 50.000 metros cuadrados, teniendo en cuenta que la zona tiene un límite de cinco pisos de altura por construcción. Señalaron también que si el proyecto no se ciñe a estos parámetros, el Alcalde declararía el lote reserva forestal, y entraría a negociar ese predio por su valor como zona preservada y no urbanizable.
Ambas partes parecen tener razón. Si bien es cierto que es legítimo defender el derecho al medio ambiente de los bogotanos, también lo es que si se van a expropiar terrenos hasta hoy urbanizables, es lógico que los propietarios sean indemnizados rápida y justamente. Aparentemente, es más conveniente para los bogotanos y para las finanzas del Distrito contar con un parque gratis de 25 hectáreas, dotado y mantenido sin costos para el erario público, que disponer de una reserva de 29 hectáreas, con los costo financieros que ello implica. Además, ese parque, sin recursos ni responsables de su cuidado, podría terminar invadido y polucionado como ha sucedido con tantas otras zonas verdes de la capital. Pero muchos opinan que, como funcionan las cosas en Colombia, si se da una autorización inicial, se terminaría destruyendo la totalidad del bosque.
A medida que se acercan las elecciones, todos esperan una resolución definitiva del tema, incluyendo a los posibles sucesores de Castro, que preferirían no tener que recoger esa papa caliente al inicio de su mandato.-

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