Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1989/12/25 00:00

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Catorce años después de la colombianización de la banca, vuelve a permitirse la inversión extranjera en el sector financiero.

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Fue otro signo más de que las cosas están cambiando. El miércoles pasado en la sesión plenaria del Senado, cuando más de un congresista charlaba con el vecino,el proyecto sobre inversión extranjera en el sector financiero quedó a un paso de convertirse en ley de la República. Mientras que hace apenas unos años una iniciativa semejante habría sido el centro de enconadas polémicas, en esta oportunidad no sucedió nada extraordinario: En cuestión de minutos se decidió que dentro de pocos meses el capital foráneo con destino al sector financiero será de nuevo bienvenido en Colombia.
La aprobación del proyecto cierra de alguna manera un debate que se había prolongado durante años. Desde 1975, cuando se decidió la llamada "colombianización" de la banca, el tema había sido ampliamente discutido. Como se recordará, en esa época se reglamentó que no más del 49% del capital de una entidad financiera colombiana podía ser propiedad de inversionistas de otros países. Sin embargo, con el correr de los años los vientos de la perestroika llegaron al país.
Con ese precepto en mente la administración Betancur trató de convencer al Congreso en 1985 de que había que cambiar las leyes.Entre otras cosas, se buscaba un marco legal que explicara las operaciones de salvamento de un par de bancos cuyo capital pasó a ser de mayoría extranjera cuando se vieron en peligro de quiebra. No obstante ese antecedente, el Congreso no estuvo de acuerdo. Ni la iniciativa de 1985 ni dos intentos más en 1986 y 1987 lograron sobrevivir.
Fue sólo hasta 1988 que se empezaron a ver los resultados. Un proyecto de ley presentado por el gobierno sobre el tema fue aprobado por la Cámara de Representantes y quedó en tránsito para la actual legislatura. El texto de esta iniciativa acabó siendo suscrito, con algunos cambios, la semana pasada por el Senado. Aunque por razones de procedimiento es necesario que el proyecto regrese a la Cámara, las que saben dónde ponen las garzas dicen que la aprobación a la inversión extranjera se puede dar como un hecho.
Esta autorización, a pesar de lo que se pudiera pensar, no es total ni indiscriminada. Por una parte, la inversión sólo podrá hacerse en ciertas entidades financieras, de las cuales se excluyen las corporaciones de ahorro y vivienda. Además, no todos los extranjeros podrán adquirir acciones en bancos, corporaciones financieras o compañías de seguros, para citar los casos más representativos. El proyecto de ley establece que esta"sólo podrá admitirse cuando los inversionistas sean instituciones financieras del exterior, de primer orden, con un mínimo de funcionamiento de 5 años y sometidas a la vigilancia del respectivo Estado". Como si lo anterior fuera poco, se deja en claro que en ningún momento la inversión extranjera podrá ser mayor que el 40% del capital de las diferentes clases de entidades. En otras palabras, aunque las acciones de ciertos bancos pueden cambiar de manos, en todo momento los inversionistas colombianos deben controlar por lo menos el 60% de las que estén en circulación.
Los puntos anteriores dejan en claro que, en materia de inversión extranjera, el proyecto acabó yéndose por la línea media. Los partidarios de la colombianización lamentaron que, en su opinión, se diera un paso atrás. El senador liberal Víctor Renán Barco se limitó a decir que "esto prueba que en Colombia continuamos a la penúltima moda". En contraste, los partidarios de la inversión extranjera anotaron que lo hecho es insuficiente, que los trámites son complicados y que, como consecuencia, ninguna entidad financiera va a venir a invertir en el país.
Para los especialistas lo que queda en claro es que el proyecto de ley de inversión extranjera, aunque no asegura nada, al menos levanta una de las trabas existentes.Si el país desea enrutarse en serio por el camino de la apertura, un sector financiero grande y eficiente es indispensable, y los conocedores piensan que el que tiene ahora Colombia no cumple con esas condiciones. Con esa premisa, incluso muchos partidarios del capital nacional han tenido que hacer de tripas corazón y reconocer que durante los 14 años de la colombianización en el sector financiero hubo más problemas que soluciones. Ahora se quiere ensayar otro esquema, con todos los riesgos que eso implica.

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