Lunes, 16 de enero de 2017

| 1997/10/20 00:00

¿Y DE LOS DOLARES QUE?

La monetización de los dólares de la capitalización de la EEB impone un nuevo reto a la política económica.

¿Y DE LOS DOLARES QUE?

Hace apenas dos semanas los exportadores y el gobierno estaban felices con un aumento en la devaluación que parecía señalar un viraje en las tendencias del mercado. El lunes pasado, sin embargo, como en el cuento de la lechera, las ilusiones de los exportadores volvieron a derrumbarse. No por una nueva caída en la tasa de cambio sino porque la noticia sobre la exitosa capitalización de la Empresa de Energía de Bogotá -EEB- tenía un pero: ¿qué hacer con las divisas generadas por el negocio?
Hasta el día en que se conocieron las ofertas los analistas estimaban que la negociación no superaría los 1.200 millones de dólares. Y en ese caso la situación sería manejable. La EEB tenía compromisos financieros prepagables en dólares del orden de los 840 millones de dólares y una deuda adicional con la FEN -prepagable en pesos- que acercaba la suma a los 1.200 millones de dólares. Lo acordado era que esos prepagos se harían con los recursos de la capitalización y había ya un mecanismo previsto para 'reciclar' rápidamente esos dólares.
Al final, sin embargo, las cifras del negocio superaron en casi 1.000 millones de dólares los estimativos iniciales. Y esa, que fue una sorpresa para los propios negociadores de la empresa, lo fue también -y en mayor medida- para las autoridades monetarias. De acuerdo con las normas contenidas en el estatuto cambiario las operaciones entre residentes en el país -Luz de Bogotá, Energía Capital y la EEB en este caso- deben hacerse en pesos. Eso quiere decir que en el momento de hacerse la operación habría que monetizar los 2.178 millones de dólares con que se capitalizará la EEB, y eso podría producir un gran desequilibrio cambiario. De allí que se estén analizando múltiples opciones para manejar la situación.
La más fácil sería, por supuesto, que el dinero involucrado en la operación se mantuviera por fuera del país. Esto es, que una vez cerrado el negocio se hicieran los prepagos contemplados desde el comienzo y que el resto de los dólares se dejara en el exterior. En tal caso el mercado cambiario ofrecería alternativas -vía, por ejemplo, los contratos de futuros- para que la capitalización se pudiera realizar en pesos, con una recompra inmediata de los dólares traídos al país para la operación. Con el riesgo, por supuesto, de que se presentara una gran volatilidad de la tasa de cambio el día de la compra.
Otra opción es hacer algo similar a lo que se efectuó en 1993 cuando se otorgaron las licencias de la telefonía celular. En ese caso se estableció una excepción a la norma contemplada en el estatuto cambiario para que la operación se pudiera realizar directamente en dólares. La actual Junta Directiva del Banco de la República se ha mostrado, sin embargo, muy reacia a cambiar las reglas de juego del mercado con el fin de mantener la credibilidad en la política cambiaria.
Pero aun al conceder la excepción sólo se estaría garantizando, como en el caso anterior, la no monetización de los recursos correspondientes a los prepagos. El Banco no podría obligar a los socios de la EEB a mantener el resto de los recursos por fuera del país si éstos no quisieran. De ser así, el Banco podría llegar al extremo de poner un encaje a las operaciones de privatización o capitalización de empresas nacionales. Pero esa es una medida que claramente no encaja dentro de las intenciones de la autoridad monetaria y del gobierno nacional de incentivar la inversión extranjera en el país.
Finalmente, el Banco podría -si fuere necesario- comprar un monto de divisas similar al que traigan al país las empresas que van a capitalizar la EBB. A finales de 1996, cuando entraron los recursos de Chivor y Betania, el Banco compró, en menos de ocho días, casi 1.500 millones de dólares. Pero esa intervención no solo tendría un alto costo monetario -como lo tuvo la del año pasado, cuando hubo que compensar la monetización de los dólares con una agresiva política de operaciones de mercado abierto- sino que produciría una fuerte caída de la tasa de cambio ya que, por principio, el Emisor sólo interviene cuando la tasa se acerca al piso de la banda cambiaria (y en este momento está cerca del centro).
Lo anterior quiere decir que los miembros de la Junta tendrán que hacer gala de imaginación para resolver el problema. Y contar con la ayuda del mercado. Aunque esta es la más grande, no es la única 'privatización' que se haya hecho en el sector, y hasta ahora el país ha logrado sortear su impacto sin problemas porque a nadie le interesa un remezón cambiario. Lo que sí parece claro es que, independientemente de cualquier traumatismo, la capitalización de la EEB le pone un nuevo piso a las posibilidades de una mayor devaluación en los meses por venir.

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