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| 6/14/1982 12:00:00 AM

¿Y EL SALDO ROJO?

Una espada de Damocles cuelga sobre la cabeza del próximo presidente: un déficit de 50.000 millones de pesos. ¿Cómo se llegó a esta situación?

Todos a una, como en "Fuenteovejuna", políticos, técnicos y funcionarios gubernamentales han reconocido en los últimos días que el déficit fiscal es uno de los más graves problemas que enfrenta en estos momentos la economía del país. En términos generales, existe el convencimiento de que la magnitud alcanzada por el déficit lo ha tornado en un condicionante de cualquier clase de política económica que se piense adoptar en el futuro. De allí que el problema se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de los actuales candidatos a la presidencia de la República. Para López "una estructura fiscal de tales características constituye una severa restricción para una política económica que se oriente a conciliar los propósitos de una rápida expansión de la producción con una inflación moderna". Y para Betancur, "un programa de desarrollo no podrá emprenderse mientras no se pongan las finanzas públicas en orden".
Un reciente informe de la Sociedad Económica de Amigos del País, titulado "La bancarrota fiscal", sostiene que en los últimos años se ha configurado en Colombia un déficit superior a los 50 mil millones de pesos, resultado del rápido incremento en los gastos del gobierno (especialmente en los de funcionamiento) frente a un comportamiento poco dinámico de los ingresos tributarios del Estado.

DEBILITAMIENTO DE LOS INGRESOS
Estudios realizados en la década pasada mostraban a Colombia como uno de los países con menor esfuerzo fiscal (definido como la relación entre recaudos del gobierno y producto nacional bruto) en la comunidad de países con características socioeconómicas semejantes. En un informe del año 1976 (Alan, Wilfrid y Eischengreen: "International comparisons of taxation for selected developing countries"), que incluía una muestra de 47 países en desarrollo, Colombia figuraba en el puesto 37 en cuanto a su esfuerzo fiscal, con índices muy inferiores al promedio de los países considerados.
Y todo parece indicar que la situación ha empeorado a partir de dicho año. La llamada "elasticidad ingreso" de los impuestos directos, que es la relación entre el crecimiento de los recaudos efectivos y el incremento del Producto Interno Bruto, ha sido desde tal año (con excepción del 78) inferior a la unidad. O sea, el crecimiento del recaudo ha sido inferior al del producto, lo cual parece deberse, especialmente, a la práctica generalizada de la evasión fiscal.

RECURSOS INTERIORES
Esta situación ha sido compensada por un aumento significativo en los impuestos indirectos. Lo cual, aparte de introducir un carácter regresivo a la estructura fiscal (en la medida en que estos impuestos afectan por igual a las personas de todos los estratos económicos), ha sustentado la política de gastos del gobierno sobre una base movediza, pues una parte de los ingresos indirectos provienen de una fuente provisional, que es la llamada Cuenta Especial de Cambios. Esta última, que se alimenta de los intereses obtenidos por la colocación de parte de las divisas en los mercados internacionales y de los excedentes logrados en la compreventa de las mismas (resultantes de la devaluación) tendrá que descender a medida que lo haga el monto total de reservas del país, lo cual no sólo es previsible sino que ya se está dando.
Los ingresos de la Cuenta especial de cambios han pasado de 5.819 millones de pesos en 1979 a 55.000 millones en 1981. Con el agravante de que dicha suma constituye una gran fuente de presión inflacionaria en la medida en que para utilizarla el gobierno ha recurrido a una serie de empréstitos externos con grupos de bancos privados internacionales con el fin de cubrir buena parte de su presupuesto. Estos préstamos han superado los mil millones de dólares en los dos últimos años, y han agravado también el problema inflacionario, puesto que para hacer uso de ellos ha sido necesario convertirlos en pesos.
En opinión de varios expertos, estos dos últimos factores han sido responsables del bajo crecimiento en la actividad económica nacional, ya que para evitar un incremento desorbitado de los medios de pago, el gobierno ha tenido que limitar los créditos para la actividad privada. De allí, también, el conflicto entre crecimiento e inflación mencionado por López, resultante de la actual estructura tributaria.

FORTALECIMIENTO DE LOS GASTOS
Y si por el lado de los ingresos la situación no es nada buena, por el lado de los gastos no es más halagueña. Estos han venido aumentando en los últimos años a tasas muy superiores a la inflación. Particularmente acelerado ha sido el crecimiento de los gastos de funcionamiento, los cuales se incrementaron en un 40 por ciento en 1979, en un 37 por ciento en 1980 y en un 38 por ciento en 1981. Tan grave se ha tornado este problema, que el año pasado los gastos de inversión tuvieron que ser disminuidos en un 4.5 por ciento, con lo cual, en la práctica, el gobierno tuvo que entrar a congelar el Plan de Integración Nacional, medida que algunos expertos proponían para solucionar el problema del déficit fiscal.
Fue precisamente la preocupación por el aumento de los gastos lo que llevó a la conformación de la misión Wiesner-Bird. Con base en sus recomendaciones, el gobierno presentó varios proyectos al Congreso de la República, los cuales fueron finalmente desechados. En un reportaje reciente el ministro de hacienda se refería a tal hecho afirmando que "a corto y mediano plazo el problema fiscal es el más grave de todos pues de él se podrían derivar eventualmente serias dificultades monetarias y cambiarias. En verdad fue lamentable que el Congreso no hubiera aprobado el conjunto de iniciativas que le propuso el ejecutivo". En el mismo reportaje sostuvo el ministro que el problema no es tanto la insuficiencia de recursos como la ineficiente asignación de los mismos.
Sin embargo, el problema de los ingresos sigue preocupando a técnicos y políticos. Para la mayoría de ellos no es necesario crear nuevos impuestos (en lo que han estado de acuerdo los candidatos), pero sí buscar la forma de reducir la evasión fiscal que se presenta en el país.

EVASION GENERALIZADA
Este es un fenómeno que a pesar de lo inasible (por sus mismas características de actividad ilegal) ha sido detectado desde tiempo atrás. Se han realizado, inclusive, algunos intentos por cuantificarlo (ANIF acaba de publicar un trabajo al respecto, de Aida Díaz y Rodrigo Pardo).
Entre los indicadores globales que permiten inferir el rápido deterioro del sistema impositivo colombiano, está el de la reducción en el número de declarantes efectivos con relación a los potenciales. Mientras en 1974, de cada cien personas abligadas a declarar lo hicieron 79, en 1978 el número se había reducido a 53.
ANIF hizo el año pasado, en uno de sus periódicos sondeos de opinión, una encuesta en torno a los motivos que tiene la gente para evadir impuestos. Según dicha encuesta, las causas principales son las siguientes: 1 las altas tasas; 2 La ineficiencia del gasto; 3 La injusticia de los impuestos; 4 La falta de control administrativo.
Con respecto al primero, se ha generalizado la opinión de que la inflación ha aumentado enormemente las cargas tributarias, lo que ha acentuado la evasión en todos los niveles, exceptuando el de los asalariados a quienes el impuesto les es cobrado de antemano (por retención). La reforma tributaria de 1974 incorporó correcciones por inflación a las tarifas nominales, pero las limitó a un 8 por ciento anual. Posteriormente se aumentó la corrección, pero el efecto acumulado condujo efectivamente a una elevación de las tarifas reales.
En cuanto a la ineficiencia del gasto y la injusticia de los impuestos, estos son problemas percibidos por la población y que tienen una base real si se piensa en el vuelco que ha dado la estructura tributaria colombiana donde los impuestos indirectos han pasado a representar cerca del 70 por ciento de los ingresos del Estado. Ya mencionamos cómo estos impuestos gravan por igual a toda la población.
Finalamente, el problema de la falta de control es tal vez el más grave de todos. De cerca de dos millones de declaraciones que recibe anualmente la dirección de impuestos nacionales sólo se investiga un promedio de cien mil (en 1979, sin embargo, sólo se revisaron 38 mil). Para la mayoría de los contribuyentes potenciales el riesgo de evadir es casi nulo, lo cual los induce a realizar toda clase de trucos para no pagar impuestos. Según el estudio de ANIF, en el año 1976 (último para el que disponían de datos desagregados), las personas naturales dejaron de pagar al Estado colombiano una suma superior a los 33.000 millones de pesos, casi tres veces el valor efectivamente pagado, que fue de 13.000 millones.
El problema es, pues, de gastos y de ingresos. Y constituye un verdadero reto para el próximo gobierno.
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