Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/06/16 00:00

Qué tan preocupante es el deterioro fiscal

El gobierno dice que echará mano del endeudamiento para no recortar el gasto social y la inversión. Las arcas del Estado pasan por un difícil momento.

Óscar Iván Zuluaga, ministro de Hacienda. Foto: Foto: Alejandro Acosta

Destacados analistas ya lo habían advertido. Las finanzas públicas entraron en un período delicado, y de ahora en adelante habrá que cuidar hasta el último peso antes de gastarlo, así se trate de Familias el Acción, el programa preferido del presidente Uribe.

El Ministerio de Hacienda anunció que el próximo año el déficit fiscal del sector público consolidado (gobierno central y sector descentralizado) se elevará a 18,3 billones de pesos, producto de los menores ingresos que recibirá la Nación, principalmente por impuestos, y los gastos que tendrá que seguir cubriendo. La cifra que suena enorme, es enorme. Equivale a 3,4 por ciento del PIB y supera el déficit que se presentará este año de 2,4 por ciento y echa por tierra los avances que se habían conseguido en los últimos años en esta materia.

El ministro Oscar Iván Zuluaga ha tratado de suavizar la noticia, diciendo que este nivel de déficit no puede sorprender en las actuales condiciones del ciclo económico del mundo y de Colombia. Aunque eso puede ser cierto, pues por recomendación de la banca multilateral, todos los países han aumentado sus déficits, como una medida contra-cíclica para enfrentar la crisis, el problema es que en Colombia la situación fiscal sigue sin resolverse y vienen años muy complicados como para pensar en mejorar los ingresos de la Nación.
 
Ya no hay crecimientos de más del 5 por ciento como en el 2006 y el 2007, el gobierno estima que entre el 2009 y el 2014 la economía crecerá en promedio 3,3 por ciento. Es decir volvimos a los niveles mediocres del pasado.

El gobierno considera que la actual situación fiscal es transitoria y no obedece a desbalances internos y sino a la crisis de la economía mundial, que ha afectado las exportaciones, la llegada de inversión extranjera y por supuesto por la menor dinámica económica con lo cual se han afectado los recaudos de tributarios.
 
Sin embargo, algunos analistas creen que sí hay factores internos. Uno de ellos es que el gobierno no logró crear un colchón de ahorro, que le permitiera mantener el ritmo del gasto público en tiempos de crisis, como los actuales. Colombia no ahorró cuando la época de las vacas gordas, como si lo hicieron otros países, como Chile.
 
Lo peor de todo, como dice el decano de Economía de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, es que el gobierno de manera irresponsable promovió la firma de pactos de estabilidad tributaria que exime a muchas empresas del pago de impuestos por un tiempo largo. Ahora hay empresas blindadas y el gobierno se verá limitado para hacer una reforma tributaria que le permita conseguir más recursos cuando sean necesarios algo que no se ve lejano.

De hecho, el Ministro de Hacienda afirmó que el gasto asociado con la política de seguridad democrática se convierte en recurrente. Para mantener el pie de fuerza y asegurar el mantenimiento de equipos se requiere de un billón de pesos y el impuesto al patrimonio vence en el año 2010. Por lo tanto, el gobierno desde ya sabe que tiene que ambientar una reforma que le permita compensar este mayor gasto. Como quien dice, el próximo año el país tendrá que enfrentar el tema una nueva reforma tributaria, en la que todo puede pasar.

Pese a las críticas el Ministro de Hacienda cree que el gobierno está en capacidad de afrontar los choques externos sin afectar la inversión mayoritariamente pública y el gasto social. Sin embargo, en el tema de Familias en Acción habrá el primer escollo. Por ahora solo hay plata para mantener el programa en 2.600.000 familias. Para elevarlo a tres millones como quiere el presidente Uribe habrá que hacer maromas, pasar recursos de un lado para otro, pero algún programa se vería afectado.

El ministro Zuluaga cree que esta desmejora fiscal será transitoria y está confiado en que así lo lean los mercados y los inversionistas, aunque estos no suelen ser tan optimistas como los gobiernos.


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