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| 10/4/2008 12:00:00 AM

¿Quién pagará los platos rotos?

La crisis ya tocó a Colombia. La quiebra de Lehman Brothers afectó a los afiliados a los fondos de pensiones y hasta al Banco de la República. Vienen nuevas consecuencias.

Si hace unos meses alguien creía sentirse a salvo de los efectos de la crisis financiera originada en Estados Unidos, a estas alturas ya habrá cambiado de parecer. Hoy están tan nerviosos los inversionistas de Wall Street como los ciudadanos comunes y corrientes en cualquier parte del mundo.

En Colombia, la crisis ya cobró las primeras víctimas. Se trata de los afiliados a los fondos de pensiones obligatorias que perdieron 55.000 millones de pesos que estaban invertidos en el banco Lehman Brothers que quebró. Aunque se trata de una cifra pequeña, pues sólo representa el 0,1 por ciento del total de los ahorros que tienen los trabajadores en los fondos, suma que asciende a 56,5 billones de pesos, pérdida es pérdida.

Habrá que esperar a la liquidación de Lehman Brothers para saber cuánto de este dinero se salva. El presidente de Asofondos, Santiago Montenegro, llamó a la cordura y dijo que se pueden esperar tasas de recuperación de entre el 20 y el 30 por ciento, una vez se dé la liquidación de la entidad.

Lo más increíble de todo es que hasta el Banco de la República, la institución más ortodoxa y rigurosa en el manejo de las reservas internacionales del país, terminó afectado por la quiebra de Lehman Brothers. El Emisor tenía un título de este banco de inversión por 2,7 millones de dólares. Aunque es mínimo frente al total de la reservas del país, pues sólo representa el 0,012 por ciento del portafolio, en el fondo demuestra que quienes veían los toros desde la barrera pueden terminar en el ruedo. El Banco de la República informó que viene adelantando gestiones para la recuperación de estos recursos.

Pero ahí no pararán las secuelas de la debacle de Wall Street. Para el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo, a quien le tocó manejar la crisis financiera de finales de los 90, lo que sigue ahora es una fuerte restricción crediticia. De hecho, los bancos internacionales ya comenzaron a reducir las líneas de préstamos. Según una encuesta de la Reserva Federal de Estados Unidos (banco central), el 60 por ciento de los bancos comerciales de ese país ya recortó el otorgamiento de créditos.

Al cerrarse el grifo de la liquidez el impacto no tardará en sentirse en todas partes. La semana pasada no les fue fácil a los bancos colombianos conseguir recursos en moneda extranjera para financiarles a los clientes operaciones internacionales. El problema en que cayó el banco Wachovia terminó afectando instituciones colombianas que acudían a sus líneas de créditos.

De paso, un endurecimiento del crédito en los mercados de capitales afectará al gobierno en lo que tiene que buscar financiamiento externo. Aunque el gobierno ya tiene los recursos que necesita para este año, en 2009 planea conseguir fondos en el mercado de capitales (vía bonos) por 1.000 millones de dólares. Acceder a este monto no sólo será difícil, sino mucho más costoso. El ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, parece salirle al paso a esta dificultad y anuncia que en caso de cerrarse por completo el chorro en el mercado de capitales, acudirán a la banca multilateral para cubrir así todas las necesidades del próximo año. Ya con estos organismos (Banco Mundial, BID y CAF) el gobierno contratará en 2009, 1.400 millones de dólares.

Pero tal vez lo peor para Colombia es que los capitales ya no llegarán tan alegremente al país como lo venían haciendo. El economista Daniel Castellanos, de la Universidad de los Andes, afirma que el apetito por invertir en Colombia que nos tenía a todos tan contentos seguramente se enfriará. "La gente quiere activos mucho más seguros y curiosamente sigue mirando hacia Estados Unidos a los bonos del Tesoro".

Como quien dice, se desvanece la esperanza de que la inversión extranjera siga impulsando la economía colombiana, como lo venía haciendo. El pronóstico no es alentador y, además, hay que agregarle que muchas economías del mundo entrarán en recesión. Si la economía global cae, las exportaciones de todos los países, incluidas las colombianas, se afectarán.

La consecuencia lógica de entrar en una menor dinámica económica es la pérdida de empleo. El Dane acaba de informar que el desempleo en agosto se situó en el 11,2 por ciento, superior al mismo mes del año pasado, cuando fue del 10,7 por ciento. Ya van dos meses en que aumenta la desocupación en Colombia.

El Ministro de Hacienda puede tener razón cuando dice que el impacto sobre la economía colombiana será más leve que en otras latitudes, pero cuando se toca el bolsillo de las familias, no hay comparación que valga.
 
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