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| 8/25/2012 12:00:00 AM

América

Las cifras subieron y bajaron, los dirigentes llegaron y se fueron. América, sin embargo, en 30 años viró hacia el progreso.

El nuevo orden
Por Miguel Ángel Bastenier / Columnista y editorialista del diario español El País.
 
El balance de las últimas tres décadas es positivo para América Latina, aunque tiene claroscuros. El número de pobres ha caído por debajo del 50 por ciento de la población. Pero la violencia ha aumentado, sin que quepa vincular el problema con la pobreza porque Venezuela superaba en 2011 los 40 homicidios por 100.000 habitantes al año, pese a que la indigencia se había reducido. Con 500 millones de habitantes, América Latina tiene el 9 por ciento de la población mundial, pero acredita una cuarta parte de las muertes violentas del planeta.

A finales de los ochenta, Cuba había dejado de ser la retaguardia de la guerrilla. Pero la implosión de la Unión Soviética en 1991 fue el golpe de gracia que llevó a los insurrectos de El Salvador y Guatemala a firmar una paz que mal disimulaba la derrota. Y otro tanto ocurría con la ‘contra’ antisandinista en Nicaragua, que Estados Unidos ya no necesitaba por la desaparición del enemigo soviético. Hoy solo resiste la obstinación narcótica de las Farc.

La mayor transformación del continente se debe a la ascensión del chavismo (1999) junto al presunto encuentro del gigante brasileño con su futuro. Con Washington encenagado en Irak y Afganistán, América Latina se estrena como actor en el juego internacional, aunque lo haga dividida en bloques: el bolivariano que dirige el presidente Chávez, con sus socios Ecuador, Nicaragua y Bolivia, y con Cuba, allá en la ruina caribeña, patriarca pro tempore; y una agrupación de democracias liberales de las que Brasil pretende ser líder socialdemócrata. El ‘socialismo del siglo XXI’ se vanagloria de su revolución pero el único auténtico revolucionario es Evo Morales, con su tentativa de ‘deshispanizar’ a Bolivia.

El simbolismo con mayor carga de futuro para esta América puede ser la reciente firma de la Alianza del Pacífico por los presidentes de México, Colombia, Perú y Chile, que espeta a Europa y Estados Unidos, que ya no son la medida de todas las cosas.
 
VENEZUELA

El pantano de la revolución
Por Michael Reid / Editor para América Latina del semanario The Economist
 
El populismo latinoamericano parecía un fenómeno del pasado cuando apareció Hugo Chávez, seguido por Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y los Kirchner en Argentina. Hay diferencias, pero todos son nacionalistas que se jactan de representar al ‘pueblo’ contra la ‘oligarquía’ desdeñando los equilibrios institucionales. Llamémoslos ‘bolivarianos’ aunque no tengan nada que ver con el pobre Simón Bolívar. Sus triunfos se debieron al desencanto popular con las reformas favorables al mercado. Grupos como el sector informal en Venezuela o los indígenas bolivianos se sentían excluidos. Su suerte fue que llegaron al poder justo cuando la industrialización china desató un super ciclo en los precios de los productos básicos. La nacionalización de los recursos naturales fue el combustible de las ‘revoluciones bolivarianas’. El probable ocaso de este ciclo revelará un pantano de corrupción e incompetencia. Más allá de uno u otro programa social y de un vago sentimiento de empoderamiento entre mestizos, indígenas y negros, su legado será, sobre todo, una gigantesca oportunidad perdida.
 
BRASIL

La fuerza de la agricultura
Por Simón Romero / Director de la redacción del New York Times en Brasil

Olvidemos los cañones que se forman entre los rascacielos de São Paulo. Olvidemos la vista que se tiene de la Bahía de Guanabara desde la casa matriz de Petrobrás en Rio de Janeiro. Para comprender el ascenso de Brasil hay que viajar a Piracicaba. La mayoría de los extranjeros nunca han puesto un pie acá. Hace una década era una más de las ciudades rodeadas por cultivos de caña de azúcar del estado de São Paulo. Hoy cobija a más de 400.000 habitantes y alberga las fábricas de Hyundai, Royal Dutch/Shell y Caterpillar. El secreto de la transformación de Piracicaba, y en cierta manera de Brasil, se encuentra en el campus de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (ESALQ). En 1982, Queiroz, un rico terrateniente, donó su finca al gobierno, que la convirtió en un instituto técnico. A Piracicaba todavía la rodean los campos de caña. Pero muchos jóvenes empresarios graduados de la ESALQ, empeñados en impulsar a Brasil en el campo de la agricultura tropical, le han inyectado su ímpetu a esta ciudad, que hoy, con la presencia de varias multinacionales, se ha convertido en un centro industrial. Recientemente di un paseo por la ESALQ y caí en cuenta de que la fuerza de Brasil poco tiene que ver con el Carnaval, con el fútbol o con las playas de Rio. Brasil debe su ascenso a sus recursos y al capital humano que posee.
 
CUBA

El hombre nuevo de siempre
Por Yoani Sánchez / Desde su blog Generación Y, critica al régimen cubano
 
La crisis, la estrechez, el lento revoleteo de la necesidad. Como si la ventura nacional estuviera permanentemente vinculada a la escasez, incluso en los ochenta, hoy tan idealizados. Una década en que el subsidio soviético nos permitió vivir por encima de nuestras posibilidades. Después, el Muro de Berlín cayó sin que se cumplieran las promesas de la leche rodando por las calles, de fábricas de tecnología y un ‘hombre nuevo’ exento de ambición e individualismo. Los noventa nos encontraron hambrientos, deseosos de huir y cambiar la utopía por una realidad imperfecta pero posible. Atravesábamos en bicicleta calles por las que antes circulaban carros, pasábamos la noche en la penumbra de los cortes eléctricos y, en 1994, ya nos lanzábamos al mar, más escapando de nuestro país que buscando uno ajeno. La apertura económica nos dio un respiro. Pero pronto volvió el centralismo estatal. El trono presidencial fue transferido por vía sanguínea. Hoy vivimos bajo el ‘hermano menor’ y nos encontramos en un momento difícil. Otra vez más la crisis, como un buitre que sobrevuela el archipiélago. La URSS es pasado, las vacas nunca inundaron las calles y el ‘hombre nuevo’ sigue soñando con escapar.
 
DICTADURAS

En lugar de la venganza
Por Sebastian Schoepp / Editor para América Latina del Süddeutsche Zeitung
 
Cuando la dictadura militar argentina se vino abajo en 1982, el mundo abrió los ojos. Una comisión, dirigida por Ernesto Sábato, debía llevar a los generales a las cortes por crímenes de lesa humanidad. Y si bien al principio hubo reveses, la llegada de Néstor Kirchner al poder en 2003 permitió a los argentinos juzgar a sus viejos verdugos. Hoy los tiranos y los torturadores están en la cárcel, entre ellos el general Jorge Videla. La sociedad discute sobre los crímenes de la dictadura, lo cual es una condición de cualquier democracia. También Uruguay, Chile y Perú han sorprendido por la coherencia con que han procesado a los victimarios de aquellos años en que América Latina era conocida como un refugio de la tortura y el asesinato político. Lo admirable de la confrontación con el pasado en esta región es que ha tenido lugar en casi todas partes sin mediación internacional y sin cascos azules de la ONU, pero siguiendo reglas democráticas. Esto a veces les facilita a los exdictadores librarse de un proceso valiéndose de trucos jurídicos, como fue el caso del chileno Augusto Pinochet, pero exonera a los juristas y los políticos del continente de la acusación de haber llevado a cabo una venganza.
 
FUJIMORI

El otoño del samurái
Por Gustavo Gorriti / Periodista, director de IDL-Reporteros

Fue el primer presidente japonés de América, como lo confirmó cuando se lanzó como ‘último samurái’ a la Cámara de Diputados de Japón. Alberto Fujimori había emergido de la nada. El Perú de los noventa era un país herido. Sendero Luminoso crecía entre fanatismo y destrucción. Y lo que no era destrozado incineraba su valor en la hoguera de la hiperinflación. Mario Vargas Llosa se había lanzado a la Presidencia y prometía ajustes que fueron contemplados con angustia. Fujimori se presentó como un acupunturista capaz de curar el dolor popular. Ayudado por el servicio de inteligencia, ganó las elecciones. Paró la hiperinflación, pero asediado por escándalos de corrupción en 1992 dio un golpe de Estado. Capturó al senderista Abimael Guzmán y, mediante el control de los medios y el espionaje del infame Vladimiro Montesinos, mantuvo una fachada de democracia bajo una realidad de dictadura. Aunque en 1997 se llevó un triunfo al rescatar a los rehenes de la residencia diplomática japonesa, su corrupción fragmentó su popularidad. Con el cambio de siglo vino el colapso. Huyó a Japón donde se identificó con la ultraderecha, pero intentó un retorno al Perú vía Chile. Como resultado obtuvo su apresamiento, su extradición y un juicio cuya sentencia lo confinó a la jardinería penitenciaria.
 
LEWINSKY

Desliz de estado
Por Juan Carlos Iragorri / Corresponsal de SEMANA en Estados Unidos
 
El escándalo sexual con mayores implicaciones políticas de los últimos 30 años fue el protagonizado en 1998 por el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, y por una practicante de la Casa Blanca de 21 años, llamada Monica Lewinsky. La mecha se prendió el 17 de enero. Y se encendió de tal modo que nueve días después Clinton, parado junto a su esposa Hillary, pronunció una frase antológica: “No tuve relaciones sexuales con esa mujer”. Pero un traje azul guardado por la practicante con manchas del semen presidencial lo forzó a admitir que había tenido una relación “impropia” con ella, y lo convirtió en el segundo gobernante estadounidense acusado por la Cámara. El Senado lo absolvió. Pero Clinton, víctima del puritanismo norteamericano, puso en jaque a su gobierno. Y aunque hoy sea considerado un estadista, fue un hazmerreír mundial. ¿Conclusión? La dijo el escritor Philip Roth: “El caso Lewinsky explica mejor lo que son los Estados Unidos que las novelas de John Dos Passos”. Cierto: desde entonces, muchos otros políticos de ese país han seguido haciendo lo mismo.
 
MÉXICO

La guerra más inútil
Por Juan Villoro / Escritor mexicano
 
Como tras la lucha entre dos dioses aztecas, en 2006 México se dividió. Felipe Calderón llegó a la presidencia criticado por el Tribunal Electoral. Para sanar heridas, podía incorporar a otros partidos a la sociedad civil. Encontró otro remedio: la ‘guerra contra el narco’. El problema debía ser enfrentado. Lo cuestionable es que lo hiciera sin consenso. Sin preparación táctica movilizó al ejército. Para saber si había pólvora, encendió un cerillo. Así supo que el arsenal era mayor de lo previsto. Con las cejas chamuscadas, insistió en su estrategia. En seis años murieron más de 60.000 mexicanos.

Toda guerra se mide por sus resultados y ésta ha sido infructuosa. Se ha detenido a numerosos capos, pero los carteles aumentan. El tráfico de drogas y armas no ha disminuido. Los obstáculos han encarecido el producto. El narcotráfico es un monstruo con muchos rostros que no puede reducirse a la variable militar. Se ha avanzado poco en el control del lavado de dinero, la investigación de políticos corruptos, la despenalización de ciertas drogas, el trabajo bilateral con Estados Unidos y la recuperación del tejido social.

En México hay siete millones de ‘ninis’: jóvenes que ni estudian ni trabajan y que son el caldo del cultivo para el narcotráfico. En vez de construir alternativas, se destina dinero al ejército. Transformar a una sociedad a través de la educación es un proceso lento y costoso, pero es la única solución duradera y moralmente válida. Esta guerra inútil confirma lo que Colombia entendió antes que nosotros: toda bala es una bala perdida.
 
LAS MALVINAS

Peluches y petróleo
Por Daniel Santoro / Editor del diario argentino Clarín

La guerra de las Malvinas de 1982 aceleró la caída de la dictadura más sangrienta del Cono Sur. Pero, además de acabar con la vida de 649 argentinos, favoreció los intereses británicos sobre el Atlántico. Mientras que en Argentina la ocupación refleja la incapacidad de implementar una política para las islas, Gran Bretaña se mantiene allí supuestamente respetando el ‘deseo’ de 2.200 malvinenses. La verdad es otra: Londres necesita fuentes de petróleo. En 2014, los isleños votarán si quieren seguir siendo británicos… y el resultado será obvio. Argentina quiso seducirlos cuando Carlos Menem les mandó un peluche como un gesto de amistad, pero los Kirchner los han hostigado. Cristina Fernández impide que los barcos malvinenses atraquen en puertos sudamericanos, mientras compite con Londres. No tiene buenas perspectivas. Argentina ni siquiera ha llamado a una licitación para buscar petróleo en las aguas colindantes. En cambio, en 2016 la petrolera Rockhopper invertirá 2.000 millones de dólares. Vale la pena parafrasear a Bill Clinton: ¡El conflicto con Gran Bretaña es por el petróleo, estúpido!
 
ESTADOS UNIDOS

El péndulo del Tío Sam
Por Alfonso Cuéllar / Ex editor jefe de SEMANA
 
Según la teoría del péndulo, las sociedades fluctúan entre la derecha y la izquierda. En los últimos 30 años, Estados Unidos osciló entre el miedo y la esperanza. Entre el pavor de perder la Guerra Fría contra la Unión Soviética y la ilusión de que la caída del Muro de Berlín era el triunfo del estilo de vida americano. Entre el pánico que generó la invasión iraquí a Kuwait, la euforia que produjo la derrota de Sadam Husein y la creencia en el nuevo orden mundial promulgado por George Bush padre. Entre la algarabía económica y las burbujas bursátiles de Bill Clinton y el terror del 11 de septiembre de 2001, visto en vivo y en directo desde todos los rincones del planeta. Entre la euforia de unos talibanes derrocados en Afganistán (y de un Sadam sometido a la angustia de dos guerras sin fin) y la peor crisis económica en 80 años durante el mandato de George Bush hijo. Entre la promesa de cambio de Barack Obama y el recelo de un ultraconservador Tea Party que sospecha que todo pasado fue mejor.
 
CENTROAMÉRICA

Vuelve el infierno
Por Sergio Ramírez / Escritor. Exvicepresidente de Nicaragua
 
Centroamérica nunca fue la “garganta pastoril” de América como la llamó Neruda. Vivimos en el siglo XIX aunque el paisaje se adorne de antenas parabólicas y los pobres tengan cada uno su celular. El fenómeno de hoy en esta Arcadia perdida no son las dictaduras y las guerrillas, sino las pandillas y los carteles, endémicos en El Salvador, Guatemala y Honduras. Estas son organizaciones manejadas desde las cárceles, una mezcolanza en la que entran los Zetas mexicanos y los carteles de la droga que operan en el área entre Panamá y Guatemala: el puente natural para la cocaína en viaje a Estados Unidos, con su compra de diputados, magistrados, fiscales y policías. Es un negocio de millones de dólares que florece en medio de la miseria y la desigualdad social (porque hay pocas regiones tan injustas como Centroamérica respecto a la repartición de la riqueza). Como una multinacional, el narcotráfico extiende sus tentáculos a la prostitución de mujeres y de niños, a la trata de indocumentados, al secuestro de emigrantes y al blanqueo de dinero. Cada vez son más los secuestrados y decapitados. Otra vez son altas las llamas del infierno tan temido. Y la democracia se convierte en la presa de los carteles, dedicados a minar la frágil institucionalidad tan recientemente ganada.
 
‘EL CORRALITO'

¡Que se vayan todos!
Por Martín Caparrós / Escritor y periodista argentino
 
Miles y miles de honestos ciudadanos, de esos que no rompen nunca un plato, ululaban por las calles argentinas, diciembre 2001. Estaban hartos de sus políticos; argüían muchas razones pero una se imponía: con el ‘corralito’, les habían retenido y devaluado su dinero. Mis compatriotas suelen decir “con la vieja no te metás” cuando deberían decir, en realidad, “con la guita no te metás”. El país temblaba. Un grito sintetizó esos días: “Que se vayan todos” y era una forma de decir que no queríamos que siguieran decidiendo por nosotros. Los dirigentes no podían ni salir a la calle. Pero no se fueron; se hicieron chiquititos, esperaron. Empezaron a volver de a poco. Un año después, los argentinos supusieron que ciertos políticos ya no eran tan tan malos y que tener un papá que te dice qué hacer les gustaba más de lo que habían imaginado en sus noches de rabia y que, de todos modos, no se les ocurrían otras maneras. Pocos años después todos estaban de vuelta, y todo era, casi, igual que antes.
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