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| 8/25/2012 12:00:00 AM

El caso Turra

Aún perdura el misterio sobre la muerte de Giacomo Turra en Cartagena hace 17 años.

Eran las 12 y 45 minutos de la noche del 3 de septiembre de 1995 cuando cinco agentes de Policía llegaron al hospital de Bocagrande con el cuerpo sin vida de Giacomo Turra, arqueólogo y poeta italiano. Tenía múltiples golpes y heridas abiertas.

Según la versión oficial, cuatro horas antes de su muerte, Turra, de 24 años –quien estaba de vacaciones en Cartagena–, salió del edificio Los Delfines a cenar. En el baño del restaurante chino Mee Wah empezó a golpearse contra las paredes. El dueño del lugar llamó a la Policía. Los agentes lo llevaron al hospital de Bocagrande, donde le aplicaron un sedante. Después lo trasladaron a la estación y el comandante lo devolvió al hospital, pues consideró que seguía muy mal. Allí llegó sin signos vitales.

Como eran tantos los golpes que tenía, resultaba difícil creer que él mismo se los había propinado y su familia consideró que se trataba de un homicidio. Los primeros sospechosos fueron los policías. Durante la investigación, según Daira Galvis, la abogada que representó a la familia de Turra, varios testigos cambiaron su versión, la cadena de custodia de las pruebas biológicas se rompió, los conceptos médicos se contradijeron y el juicio estuvo a cargo de un tribunal militar.

Uno de los aspectos más problemáticos del caso fue que por petición del padre, el cuerpo de Turra fue cremado. Un riñón fue lo único que se conservó y que fue manipulado por muchos médicos. Siempre hubo dudas de si era del italiano.

El actual fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, formaba parte del Ministerio Público y fue él quien defendió a los agentes. En 1998 absolvieron a los policías bajo el argumento de que ellos no tenían motivos para matarlo. Su defensa también alegó que el italiano había muerto por golpes autoinfligidos, y que esa noche había consumido alcohol y cocaína.

El hecho generó fascinación entre el público y se convirtió en el tema favorito de los medios durante semanas, una situación comparable a la del caso de Luis Andrés Colmenares en la actualidad.

Finalmente, en 2001 la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), le presentó el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para que lo reabriera porque, en su concepto, el Estado colombiano había violado artículos de la Convención de Derechos Humanos. Además, busca que se reconozca que Turra murió por las lesiones propinadas por los agentes y la falta de atención médica oportuna, lo cual, según la comisión, constituye una ‘ejecución arbitraria’.
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