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| 8/25/2012 12:00:00 AM

Europa

Otros eventos que cambiaron el rumbo del continente europeo.

PROTESTA

¡Indignaos!
Por José Luis Sampedro / Escritor español
 
Yo también nací en 1917. También estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura. Al igual que a Stéphane Hessel (autor de ¡Indignaos!), me escandaliza e indigna la situación de Palestina y la bárbara invasión de Irak. Podría aportar más detalles, pero la edad y la época bastan para mostrar que nuestras vivencias han sucedido en el mismo mundo. (…) ¡Indignaos! Un grito, un toque de clarín que interrumpe el tráfico callejero y obliga a levantar la vista a los reunidos en la plaza. Como la sirena que anunciaba la cercanía de aquellos bombarderos: una alerta para no bajar la guardia. Al principio sorprende. ¿Qué pasa? ¿De qué nos alertan? El mundo gira como cada día. Vivimos en democracia, en el Estado de bienestar de nuestra maravillosa civilización occidental. Aquí no hay guerra, no hay ocupación. Esto es Europa, cuna de culturas. Sí, ese es el escenario y su decorado. Pero ¿De verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo? (…) ¡Indignaos!, les dice Hessel a los jóvenes, porque de la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia.
Tomado del prólogo de ¡Indignaos! Barcelona, Ediciones Destino.
 
FIN DE LA GUERRA FRÍA

La nueva vieja Rusia
Por Álvaro Sierra / Editor Jefe de SEMANA

Si la disolución de la Unión Soviética (URSS) fue la gran sorpresa del siglo XX, pues nadie la esperaba o la previó, su resultado produjo desconcierto. Llegó el capitalismo, pero no la democracia. La democracia febril de la URSS de Mijaíl Gorbachov y de la nueva Rusia de Boris Yeltsin duró poco. Tras una década, el mando terminó en manos del verdadero poder tras el trono comunista: el célebre KGB. Su sucesor, el Servicio Federal de Seguridad, produjo al hombre que desde 2000 controla los destinos de Rusia: Vladimir Putin. Como presidente o primer ministro, lleva 12 años al frente del país. Su partido controla el Parlamento, pone y quita gobernadores, censura a los medios y promulga, al mejor estilo soviético, leyes como la que se aprobó para castigar la protesta popular. Pero la nueva Rusia no es igual a la vieja. El país no pasa de ser una economía exportadora de una materia prima (petróleo), con una industria de punta en algunos campos, pero obsoleta. Una generación que respiró el aire fresco de la democracia y se hizo adulta con el acceso al mundo le está pasando la cuenta al Kremlin. Putin hoy es cuestionado por manifestaciones multitudinarias. Todo indica que 22 años después del hecho que marcó el fin del siglo XX la última palabra aún no ha sido dicha.

ESPAÑA

Isidoro, el soberano
Por Víctor Diusabá / Director de Semana.com

Felipe González es el hombre clave de la transición de la dictadura a la democracia en España. Modernizó al país y lo preparó para un nuevo siglo en el primer mundo. González nació en medio de la pobreza y las restricciones de Franco. Eso sí, nada faltaba en la mesa ni tampoco en la educación. En 1965 la Universidad de Sevilla lo aceptó. Después de transitar una obligada formación de derecha optó por la democracia cristiana; luego halló hueco en el Partido Socialista Obrero Español. Con el alias de Isidoro comenzó una carrera que lo puso en la jefatura de gobierno (1982 y 1986). Sus decisiones lo llevaron, igual, al pedestal y a los tribunales. Saboreó la miel de una reconversión industrial, del cierre de la brecha entre ricos y desposeídos, y del ingreso de España a la Comunidad Económica Europea. A la vez, probó el vinagre de los recortes, del desempleo, de su conversión al liberalismo y de la acusación de haber usado los recursos estatales para ejercer violencia paramilitar en la guerra contra ETA. Se marchó en 1996 con una derrota que abrió la puerta al Partido Popular y a su más enconado adversario, José María Aznar. Felipe González, sin embargo, no abandona la primera fila. Allí sigue, sin protagonismos ni nostalgia del poder. Sordo incluso a los cantos de sirena que han procurado su regreso. Eso sí, no se calla.

COMUNISMO

El traidor y el salvador
Por Mauricio Sáenz / Jefe de redacción de SEMANA
 
El 15 de mayo de 1989 tuvo lugar una reunión histórica en Beijing. El secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (URSS), Mijaíl Gorbachov, visitaba a Deng Xiaoping, jefe del Politburó del Partido Comunista Chino (PCC). Ambos querían dejar atrás su herencia estalinista. Deng había despertado al dragón imperial del estancamiento y Gorbachov aspiraba a convertir al ‘oso ruso’ en un país más abierto. Pero este no fue el único episodio de ese día. Mientras los dirigentes conversaban, miles de manifestantes protestaban en la plaza Tiananmen por más democracia y contra la inflación. Poco después, los tanques chinos restablecieron el orden a sangre y fuego. Gorbachov regresó a Moscú seguro de que su perestroika (restructuración) y glasnost (transparencia) vacunarían a la URSS contra esas escenas. Y estaba en lo cierto. Pero mientras China es hoy una potencia mundial, la Unión Soviética se disolvió en 1991, y lo que queda de ella, la Federación Rusa, no es sino una sombra de su pasado. ¿Qué pasó?
Deng abrió la economía al mercado, pero no aflojó el poder del PCC. La dirigencia no podía dejar de mezclar el marxismo con el confucionismo. Gorbachov, en cambio, reformó la política y minó así las bases de su sistema, sin ofrecerles a cambio una prosperidad económica a los soviéticos. Está también el factor étnico: la población china es en su mayoría han; en Rusia quienes se declaran de otra etnia superan el 50 por ciento. Y están, en fin, los dirigentes chinos que tenían claro que su destino estaba unido a una historia milenaria. Hoy Deng es reverenciado como el salvador de China. Gorbachov pasó a la posteridad como alguien que nunca entendió la dimensión de su papel. Para sus compatriotas, es el traidor que desintegró su país. Solo el tiempo dirá quién tenía razón.
 
MAFIA

La herida del mundo
Por Roberto Saviano / Escritor italiano, autor del best-seller Gomorra
 
En las últimas dos décadas Italia fue gobernada, a excepción de breves paréntesis, por Silvio Berlusconi. Negaba la crisis mientras que sus políticas no resolvían los problemas de la nación, pero sí los suyos. Fue el motor del empeoramiento de las condiciones de nuestro país. Con su gobierno, además, la lucha contra el crimen también fue una operación de fachada. Por ello, mi obsesión ha sido estudiar el crimen organizado. Lo cual significa mirar el mundo a través de una herida: sus pilares están inmersos en la economía criminal. Las organizaciones criminales tienen reglas que dictan cómo hay que ser y que, aun cuando son feroces, indemnizan el error. Las mafias tienen tribunales percibidos como justos. Los Estados nacionales, en cambio, no dan certezas. Vivimos una paradoja. Las finanzas legales alimentan una riqueza descontrolada. El narcotráfico, mientras tanto, conserva sus reglas y produce riqueza. Entender estas reglas es fundamental: la economía legal actual estira la legalidad como si fuera un elástico. Hoy es imposible triunfar en el terreno económico actuando correctamente. Siempre gana quien logra estirar las reglas. Observadores internacionales denuncian que algunos colosos bancarios sobrevivieron a la crisis de 2008 por el dinero del narcotráfico. ¿Qué significa esto? Que sin el narcotráfico, el mundo, y quizás también Italia, habría perdido a sus principales protagonistas.

EUROCRISIS

La voluntad es más grande

Por Stuart Kirk / Editor global de ‘Lex’, columna del Financial Times

Hace 30 años la Europa moderna estaba en su adolescencia. Con la inserción de Grecia, la lista de miembros de la Unión Europea (UE) apenas alcanzaba los dos dígitos. España y Portugal estaban a cinco años de ser incluidos. Pero 1982 fue un año prometedor pues marcó el aniversario número 25 del Tratado de Roma, el acta de nacimiento de este proyecto. Hoy, los jóvenes no titubean al migrar o pasar vacaciones en alguna de las 27 naciones de la UE. Pero el entusiasmo se ha ido menguando desde que estalló la crisis: el crecimiento está detenido, gobiernos y compañías han debido ser rescatados y varias instituciones no pueden hacer frente a la crisis. Muchas cosas han cambiado, y sin embargo, hay razones para el optimismo. La región posee la potencia para resolver sus problemas, siempre que las naciones acreedoras estén dispuestas a ayudar. Los europeos conocen su historia y saben a qué deberán atenerse si abandonan sus metas. Nadie quiere retroceder 30 años, ni qué decir 60 años. Las fuerzas económicas y financieras son feroces. Pero así también es la voluntad política para resistirlas.

BERLUSCONI

Retratos de un caballero
Por Antonello Zappadu / Fotógrafo italiano

Yo saqué las fotos de Silvio Berlusconi en Villa Certosa, en Cerdeña. Fue una experiencia trágica y cómica a la vez, porque involucró a mi familia y porque desenmascaró a un Berlusconi mentiroso, vinculado con la prostitución. Gracias a él Italia vive una crisis social, política y económica. Lo han acusado de todas las vilezas posibles; la más reciente se llama instigación a la prostitución de menores. Cuando El País publicó seis de las 7.000 fotos de Berlusconi que poseo, para gran parte de los italianos la noticia no fue más que un chisme. En realidad, fue un homenaje a la libertad.

YUGOESLAVIA

Pecado por omisión
Por Ulrich Ladurner / Editor internacional del semanario Die Zeit
 
“Nunca más una guerra”. Esta fue una de la lecciones que los europeos sacaron de la Segunda Guerra Mundial. Pero debió rezar: “¡Nunca más una guerra en suelo europeo!”. Porque después de 1945 siguieron librando batallas. Varias generaciones crecieron creyendo que en Europa no volvería a tener lugar una guerra, y esta creencia se convirtió en una parte de la identidad. Sin embargo, en 1991 Yugoslavia comenzó a caer y pronto nos llegó una noticia estremecedora: la guerra en Europa era posible; grandes masacres en el corazón de Europa eran posibles. En 1995 milicias serbias asesinaron a casi 8.000 hombres bosnios. ¿Se habría podido evitar esto? No lo sabemos, pero sí sabemos que Europa no hizo el intento. Mientras que Sarajevo estuvo cercado durante tres años y medio, los europeos desplegaron una cínica danza diplomática. Había explicaciones para la parálisis de los políticos, pero estos se consideraban inmaculados y eso fue decisivo. “¡Hemos aprendido nuestra lección! ¡No necesitamos más guerras!”. Esto fue un cómodo autoengaño. Fue arrogancia. Y el precio lo pagaron los yugoslavos.
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