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| 8/25/2012 12:00:00 AM

Más triunfos que derrotas

En las últimas tres décadas el deporte colombiano supo qué era ganar. La participación en Londres 2012 puede ser un punto de quiebre hacia nuevas glorias.

El deporte, como se constató en el siglo XX, juega un papel importante como referente de identidad nacional. Y en cada sociedad ese papel se cumple de distinta forma. En Colombia, en los últimos 30 años, ese papel se potenció a través de deportes, equipos y figuras que se convirtieron en íconos de lo que no podíamos lograr por otras vías. Pero esos íconos, pese a destacarse, se parecían mucho a nosotros. Además, respecto de ellos, los colombianos expresaban la pasión que se escogió como imagen del país: para sentir, en el triunfo, que Dios es colombiano; y para expresar, en la derrota, que somos los peores y nos merecemos nuestra suerte.

Hasta la década de los ochenta, el deporte colombiano se destacaba por logros esporádicos, efímeros y por figuras que, con pocas excepciones, no tuvieron repercusión mundial. Aún más, algunos buenos desempeños se transformaban en triunfos que servían para calmar esa búsqueda de reconocimiento que todavía hoy nos caracteriza. Esa rara manía nacional de someter la valía de ser colombiano a una aprobación externa. Rasgo que, por cierto, sigue presente en el siglo XXI, aunque con menor intensidad.

De esos hechos esporádicos se puede nombrar uno por década: la selección de béisbol en los años cuarenta, el Millonarios de El Dorado en los años cincuenta, el empate contra la Unión Soviética en el mundial de Chile en 1962. En los años setenta las cosas empezaron a cambiar. La creación de Coldeportes y la realización de los Juegos Panamericanos en Cali fueron un abrebocas. Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez, Pambelé y Rocky Valdés, Helmut Bellingrodt, Álvaro Mejía, Víctor Mora y Domingo Tibaduiza nos permitieron sentirnos triunfadores y tener alguna figuración en el mundo (a veces ganadores sin ganar). Se puede agregar, de esa década, los subtítulos de fútbol en la Copa América de 1975 y en la Copa Libertadores con el Deportivo Cali en 1978. Y hubo un solo futbolista, Ernesto Díaz, que jugó en Europa.

En los años ochenta la lista de deportes y deportistas creció sin parar. Hubo frustraciones, como la renuncia a la sede del Mundial de Fútbol en 1986. Pero poco a poco aparecieron nombres que supieron representarnos: el Happy Lora y Eliécer Julio en boxeo, y Roberto José Guerrero en automovilismo, sirvieron para el tránsito a una nueva etapa.

El ciclismo de ruta fue el primer deporte con un aporte de largo aliento. La ‘conquista’ de Europa nos dio la sensación de una revolución a punta de panela y bocadillos, y de figuras como Lucho Herrera, Fabio Parra, Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez. Una Vuelta a España y esas épicas etapas de montaña en el Tour de Francia nos hicieron sentir que el mundo del ciclismo era nuestro. Paradójicamente, ello significó la desaparición, como fenómeno nacional, de la Vuelta a Colombia.

En el fútbol, 1985 puede señalarse como la antesala de un proceso que nos llevó al cielo y nos devolvió al infierno. Con la clasificación de una selección juvenil a un mundial en la categoría, los niños querían ser como los futbolistas de aquel equipo, igual que luego imitaron a Higuita, Valderrama, Asprilla, Leonel. Y con la llegada de América de Cali a la final de la Copa Libertadores tres años consecutivos aprendimos a modular el sentido de la derrota.

A partir de 1987 la selección de fútbol de mayores generó logros y frustraciones: asistió a tres mundiales y ganó una Copa América; a partir de ahí, dos equipos colombianos ganaron la Copa Libertadores, y varias figuras empezaron a ser reconocidas mundialmente. Los triunfos y una forma de jugar nos dieron un grato momento. Pero ello no se dio solo. En el marco de la pasión tuvimos muertos en las celebraciones, el más recordado, sin duda, Andrés Escobar. También heridos, como Luis Fernando Montoya. Nuestra violenta realidad dejó su huella: los colombianos nos reconocimos, también, en la derrota y en cierto ‘canibalismo’ patrio.

Otros deportes nos hicieron sentir el fervor de participar en competencias mundiales. Como en la música, pasamos de figuras locales a ídolos mundiales. Hubo sorpresas, como el patinaje, que nos ha llenado de medallas desde Luz Mery Tristán hasta hoy. En el atletismo, Ximena Restrepo nos conmovió con su medalla olímpica en 1992. En tenis, Fabiola Zuluaga nos permitió seguirla en el circuito mundial. Y, para finales de la última década del siglo XX, otros deportistas nos hicieron gozar: Edgar Rentería y Orlando Cabrera en el béisbol profesional americano; Juan Pablo Montoya en el automovilismo; Rigoberto Urán y Santiago Botero, entre otros, extendieron en el ciclismo la conquista de Europa; y la más colombiana, María Isabel Urrutia, que nos dio el primer oro olímpico en las pesas.

En el nuevo siglo el listado ha seguido creciendo. En los deportes de conjunto hay equipos de microfútbol, de fútbol femenino y masculino en distintas categorías, de tenis, de bolos, que han participado en mundiales y nos han acostumbrado a estar ahí. Sin la pasión de aquellas primeras veces, pero con un proceso para aprender a reconocernos. Y, cómo no, también hemos sido exitosos organizadores de eventos: los mundiales de patinaje, los de ciclismo, los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los suramericanos y, finalmente, el Mundial Juvenil en 2011.

En los últimos años se han dado triunfos en deportes de élite, como es el caso de Camilo Villegas en golf. Pero también ha renacido la capacidad de trabajo, competencia y triunfos en el conjunto de deportes del ciclo olímpico. La primera medalla de oro germinó en más medallas, más participantes y mejores desempeños. Varios deportes nos han permitido emociones y satisfacciones. Eso sí, sin destacarnos en deportes de conjunto en esa competencia. Y bueno, nuestros futbolistas han llegado a ser figuras en sus equipos fuera de Colombia. Somos, curiosamente, el quinto país en número de futbolistas exportados.

En conclusión, hoy se habla de Colombia porque hay deportes y deportistas que siguen una ruta virtuosa. Allí nos reconocemos como un mejor país. Algo que se prefiguraba antes de los años ochenta y que no está, aún, exento de contradicciones. Al final, puede afirmarse que, gracias al deporte, los colombianos hemos aprendido a encontrarnos algo más asiduamente, algo menos abruptamente, con un reflejo de lo que queremos como nación.
 
Una nación a pesar de sí misma

Desde un comienzo la meta de estar en Londres 2012 tuvo algo de experiencia novedosa. Antes de empezar se cumplió un primer objetivo: llevar más de 100 deportistas. Y se escucharon voces extrañamente sensatas: no aspiramos a más de cinco medallas, ojalá alguna de oro. Y aunque el debut en el fútbol femenino no fue muy promisorio, un día después de la inauguración empezamos a celebrar con la medalla de plata de Rigoberto Urán en la prueba de ruta del ciclismo.

Ese triunfo inicial inesperado, sin la parafernalia del optimismo desenfrenado y también sin la amargura común en muchos de nuestros comunicadores del deporte, fue un verdadero abrebocas. Al final tuvimos una medalla casi cada tercer día y cerramos con ese viernes 10 de agosto pleno de satisfacción, orgullo, alegría, cuando “Dios salvó a la reina” (Mariana Pajón), en las palabras de un curtido locutor que logró, así, inmortalizar este triunfo.

Lo sucedido es un premio a un trabajo planificado, de largo plazo y que esperamos que se mantenga y mejore. Pero debemos saber que es distinto a lo que como país, como nación, estamos acostumbrados a vivir. En efecto, ganamos medallas de dos maneras, principalmente: silenciosa y trabajosamente, para no atraer los diablillos de la excesiva confianza y una presión que no logramos manejar; concienzuda y tranquilamente, como si también pudiésemos dejar a un lado los temores y responder al favoritismo y la confianza. De allí que los distintos responsables del éxito deban prepararse para confirmar y potenciar lo alcanzado. Ojalá sin politiquería, ojalá sin interferencias indeseables, ojalá cuidando con cariño y esmero eso que esos 104 grandes deportistas nos enseñaron a querer y a lograr.
 
Colombia anfitriona
 
Uno de los pilares del desarrollo deportivo consiste en tener la infraestructura necesaria para ser sede de juegos, mundiales y campeonatos. En los últimos 30 años el país ha organizado diez eventos competitivos cada vez de mayor envergadura.
 
ANTES DEL 82
 
•1938: I Juegos Bolivarianos (Bogotá)
•1946: V Juegos Centroamericanos y del Caribe (Barranquilla)
•1961: Juegos Bolivarianos (Barranquilla)
•1971: VI Juegos Panamericanos (Cali)
•1973: Campeonato Sudamericano de Voleibol Femenino (Bucaramanga)
•1975: Campeonato Mundial de Waterpolo (Cali)
•1978: XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe (Medellín)
 
VINO LO MEJOR
 
•1982: Campeonato Mundial de Baloncesto (Cali, Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Cúcuta)
•1995: Campeonato Mundial de Ciclismo (Bogotá)
•1999: Campeonato Sudamericano de Atletismo (Bogotá)
•2001: Copa América (Barranquilla, Cali, Medellín, Pereira, Armenia, Manizales, Bogotá)
•2005: Juegos Bolivarianos (Eje cafetero, Bogotá y Cartagena)
•2006: XX Juegos Centroamericanos y del Caribe (Cartagena y Barranquilla)
•2009: Campeonato Sudamericano Masculino de Voleibol (Bogotá)
•2010: Torneo Sudamericano de Basquetbol (Neiva)
•2010: IX Juegos Sudamericanos (Medellín)
•2011: Mundial de fútbol Sub-20 (Armenia, Barranquilla, Bogotá, Cali, Cartagena, Manizales, Medellín, Pereira)
 

 
* Profesor y consultor de la Universidad Javeriana

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