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| 2/17/2016 12:00:00 PM

El ‘profe’ Camilo Torres

Camilo Torres fue mucho más que el guerrillero que todos recuerdan. Semana Educación hace un recorrido por el legado académico del polémico sacerdote.

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Semana Educación

El pasado 15 de febrero se conmemoraron los 50 años de la muerte de Camilo Torres. Para muchos, el evento significó recordar la lucha armada de los grupos guerrilleros que en alguna época infundieron terror en el país. La imagen de Torres carga consigo el epíteto de ‘cura guerrillero’, pero lo cierto es que solo estuvo tras las filas del ELN cuatro meses y murió en su primer combate. Ser un líder político y creer en los grupos de presión, pero no en las elecciones democráticas, fue lo que opacó su labor como académico y sacerdote.

Torres nació en el seno de una familia acomodada de la burguesía liberal típica de la década de los treinta. Cuando apenas cumplió dos años, lo llevaron a vivir a Europa y regresó a Bogotá para comenzar sus estudios. Terminó su bachillerato en el Liceo de Cervantes y fue expulsado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario por sus críticas hacia los profesores. Sólo estudió un semestre de Derecho en la Universidad Nacional, pero ese tiempo bastó para que las ideas sociales permearan en su pensamiento, gracias al contacto que tuvo con dos sacerdotes franceses dominicos.

La idea de convertirse en sacerdote lo persiguió tanto que tuvo que retirarse por un buen tiempo para meditarlo. Finalmente, ingresó en el Seminario Conciliar de Bogotá y después de siete años se ordenó sacerdote. Este recorrido lo llevó a interesarse más por los problemas sociales del país.

Interesado por analizar la desigualdad en Colombia, viajó en 1955 a Bélgica para especializarse en Sociología en la Universidad Católica de Lovaina, y tres años después publicó su tesis doctoral, llamada Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá’. El documento adquirió gran relevancia y fue pionero en el tema de la sociología urbana de Latinoamérica. Por tal motivo, en 1987 fue publicado con el título de ‘La proletarización de Bogotá’.

Al mismo tiempo, Torres entró en contacto con la Democracia Cristiana, el movimiento sindical cristiano, y los grupos de resistencia argelina en París. Estas influencias llevaron a que el sacerdote se interesara más por las clases trabajadoras y los más pobres. “Al principio él pensaba que el problema de Colombia era la falta de técnicos y de economistas que diseñaran otro modelo social. Poco a poco se convenció de que el problema era de clases. Por eso, su gran búsqueda fue la unidad popular”, dijo el sacerdote jesuita Javier Giraldo en una reciente entrevista ofrecida a la Revista Semana.

Al regresar a Colombia en 1959, Camilo Torres fue nombrado capellán auxiliar de la Universidad Nacional y allí se vinculó al departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas como profesor. Junto con otros colegas y estudiantes realizó programas de acción comunal en algunos barrios populares de la capital. Fue tan importante la labor que hizo en Tunjuelito que obtuvo el Premio Nacional de Beneficencia Alejandro Angel Escobar con un plan piloto para ese sector. Su trabajo, además, lo llevó a fundar la primera Facultad de Sociología de América Latina en la Nacional. “Él fundó la sociología en Colombia, cuando junto a Orlando Fals Borda creó esa facultad. Él tenía una visión muy interesante porque combinaba la sociología europea con la americana. Su otro gran aporte fue ir a la realidad y eso creó una ciencia muy aterrizada”, dice Giraldo.

Con la llegada del Frente Nacional, la vida académica del cura terminó y creó el Frente Unido del Pueblo en 1964: un movimiento que logró unir a diferentes partidos y creencias de oposición, con el objetivo de crear una coalición abstencionista con respecto a los liberales y conservadores. Sin embargo, varios partidos se retiraron de la agrupación porque Torres no estaba de acuerdo con participar electoralmente, y el movimiento se disolvió.

Ante este fracaso y la influencia de la Revolución cubana, abandonó la Universidad Nacional, y, por medio de células de simpatizantes, entró a formar parte de las filas del ELN. “Yo voy al combate, porque tengo las mismas huevas que ustedes”, decía. Las pocas personas que lo vieron en el monte dicen que no era muy bueno con las armas. Cuatro meses después de su ingreso, murió en su primer combate en Patio Cemento el 15 de febrero de 1966.

En vistas de un posible inicio de los diálogos entre el gobierno y el ELN, el legado de Camilo Torres en Colombia vuelve a replantearse. Lo cierto es que además de sus aportes a la sociología, su trabajo pastoral es el núcleo que inspiró la teología de la liberación. Para nadie es un secreto que llegó a ser capellán en la Nacional con la idea de convertir a muchos ateos y ponerlos de cara a la realidad de las comunidades más vulnerables del país. Pero para Giraldo, Torres era consciente que, quienes apoyaban su labor social, eran más los ateos, que quienes iban a misa. Eso le llevó a preguntarse: “¿qué es el verdadero cristianismo?”.

PARA EL DEBATE

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