Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2015/11/18 07:00

La banderita de la desinformación

Los atentados del ISIS en París polarizaron las opiniones sobre cómo demostrar solidaridad en las redes sociales y si es pertinente hacerlo. Desde Semana Educación emitimos una opinión sobre la necesidad de estar bien informado.

La banderita de la desinformación Foto: Semana

Vivimos en un mundo globalizado. Con una agenda internacional dictada por intereses. Con medios de comunicación masivos y redes sociales orquestadas por esa misma agenda global que pocas veces se salen del guion. Medios y plataformas que dictan lo que es actualidad, lo que no lo es y lo que merece una gran movilización por parte de la sociedad en términos de consternación grupal.

Lo de la matanza en París entra dentro de ese paradigma de la agenda setting, como se denomina en el lenguaje técnico. Resulta lógico que un ciudadano de un país occidental se identifique con estos ataque terroristas: Francia fue la cuna donde se gestaron las más bellas ideas de libertad, igualdad, democracia, que posteriormente el resto de países replicaron. Es por ello que, en parte, se justifica ese fervor solidario por los cientos de asesinados que perdieron la vida por el ataque indiscriminado del Estado Islámico el 13 de noviembre. Es una cuestión de identidad cultural e ideológica.

El problema de este fervor momentáneo fundado en la solidaridad que demuestran muchas personas es eso mismo: que es momentáneo y desinformado. Es inevitable sentirse consternado por la barbarie, pero la pregunta es la siguiente: ¿cuántos de los que se pusieron la bandera gala en su foto principal de Facebook han realizado un análisis exhaustivo de lo ocurrido, de sus protagonistas y de las reacciones bélicas que se han suscitado a raíz de los ataques?

Lo de París fue sólo el último golpe de la sangrienta trayectoria del ISIS en su cruzada antioccidental y desestabilizadora de la zona. Antes de eso, la matanza de manifestantes kurdos en Ankara (Turquía), el avión ruso derribado en pleno vuelo o el ataque a la mezquita chií de Beirut (Líbano).

Y no, esto es un alegato para que con cada masacre terrorista demostremos nuestro repudio enalteciendo insignias de cada estado resquebrajado (allá cada cual). No es una cuestión de divagar sobre si hay vidas más importantes que otras, ciudadanos de primera y de segunda (que los hay, pero eso es otro tema), o de cómo se debe medir la adhesión a unos valores concretos u otros.

El debate va más allá, y se centra en cómo los ciudadanos consumen información en la actualidad, cómo los medios de comunicación y las redes sociales influyen en su toma de decisiones (también políticas) y cómo estos se posicionan a raíz de la información que les llega.

Reacciones como endosarse un distintivo en la carta de presentación que supone Facebook tras un acto abominable como el perpetrado por el Estado Islámico en París, deben ir acompañadas de una responsabilidad: la de estar informado, la de hacer seguimiento a la noticia, la de analizar los porqués y lo que de ellos se traduce. De otro modo, no sólo se incurre en la banalización. Se corre el riesgo de ser vocero de unos intereses políticos que juegan con la solidaridad humana.

La emocionalidad en estos casos es un arma de doble filo: incapacita al ser humano para ser reflexivo.

Cabría preguntarse cuántos de los que se pusieron la bandera han estado atentos a las posteriores informaciones sobre los bombardeos franceses en Raqqa, Siria. Cuántos han seguido las noticias sobre las últimas disposiciones del Gobierno francés en el tema del control fronterizo. Cuántos se han parado a hacer análisis de cómo afectará lo sucedido a los cientos, miles, de refugiados sirios que cada día tratan de cruzar a territorio europeo huyendo de la guerra. Cuántos se han preguntado por qué muchos medios han subrayado con insistencia que uno de los terroristas era un refugiado sirio, pero no han tomado la misma posición a la hora de informar que la mayoría eran franceses, nacidos y criados en el país de las luces y la Ilustración.

Se requiere de ciudadanos que entiendan la importancia de una información pertinente y de calidad, y que se responsabilicen con su consumo. Que se cuestionen por qué se posiciona una noticia y no otra en el muro de Facebook. Por qué unos muertos valen más que otros.

Lo ideal sería que este tipo de reflexiones sirvieran para construir un pensamiento crítico. Pero como los ideales son, en muchos casos, quimeras, lo deseable sería que la persona pudiera responder de forma coherente a la pregunta de "¿y usted por qué se puso la banderita?".

*Periodista Semana Educación
@JuliaAlegre1

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